Expertos concluyen restauración de templo jesuita de Ónavas, Sonora

Uno de los templos más antiguos de Sonora, dedicado a San Ignacio de Loyola en Ónavas, fue entregado recientemente, luego de una serie de trabajos de restauración para reparar los daños originados por el huracán "Hernán".

La recuperación del lugar, que data del siglo XVII se basó en la recuperación de técnicas y materiales propios de la región, como son adobe de tierra y entablerado de caña de pitahaya, informó en un comunicado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Durante la entrega oficial del inmueble que se realizó el 21 de febrero, se reintegraron las esculturas de San Francisco Javier y Cristo Rey, así como una cómoda de madera del siglo XIX, las cuales también sufrieron daños durante el desastre natural que se suscitó el 31 de julio de 2008.

La arquitecta Martha Robles Baldenegro, encargada de las labores de restauración, explicó que se llevó a cabo un análisis para elaborar un proyecto de intervención, con el apoyo de pasantes de arquitectura de la Universidad de Sonora.

Detalló que el muro de adobe del templo se desplomó y la fuerza atrajo también la cubierta de la capilla hecha con vigas de madera y un entablerado de caña de pitahaya, por lo cual quedó seccionada en dos.

Los pobladores de Ónavas, afectados por los daños a su lugar de culto, se inscribieron en el Programa de Empleo Temporal (PET), que mantiene el INAH y la Secretaría de Desarrollo Social, para colaborar en el rescate de su patrimonio.

El proceso se basó en la recuperación de técnicas y materiales con los que fue edificado originalmente el templo, la misma tierra del muro y del techo que se vinieron abajo fue usada para hacer los adobes con que se reintegró la pared norte.

Los habitantes ayudaron a cortar la pitahaya que se necesitaba para restituir el entablerado y la madera restante se llevó de un municipio próximo, mientras que para las fachadas se utilizó pintura a la cal con baba de nopal, que permite mayor adherencia en la superficie.

Las mujeres del lugar, motivadas por la restauración, retomaron estas técnicas para aplicarlas en sus propias casas, por lo que de algún modo la recuperación de la capilla replicará en la localidad.

Por otro lado, durante las labores, se encontró un ara de mármol blanco que hace referencia, de acuerdo con una inscripción en latín, a la consagración del altar principal el 24 de noviembre de 1900 por parte del entonces obispo Herculano López de la Mora, personaje reconocido por su labor pastoral en Sonora.

Es así que a través de trabajos arqueológicos, también se ha recuperado información de los antecedentes arquitectónicos de la misión jesuita y aspectos de su historia como la citada piedra consagrada.

La relevancia histórica de la Misión de San Ignacio de Loyola radica en que es uno de los conjuntos misionales construidos en el siglo XVII por el jesuita Diego de Vandersipe, con bloques de adobe de tierra, tabique, viguería y piedra cantera.

En la ceremonia de entrega, se realizaron un par de talleres, uno infantil y otro de conservación de bienes muebles del patrimonio cultural en recintos religiosos y se montó una exposición que refleja el desarrollo de la intervención del templo.