Museo de Máscaras, espacio que refuerza identidad cultural

La colección de máscaras que el estadounidense Bill Levasseur inició hace 23 años como un "hobbie" hoy suma más de 500 piezas que son expuestas en el Museo de Máscaras que abrió hace ya casi cinco años en el turístico San Miguel de Allende, Guanajuato.

En el número 32 de Cuesta de San José, una colorida casa colonial ofrece una pequeña gran muestra del talento de los artesanos mexicanos y del folclor de diversas culturas indígenas del país, de donde proceden estas máscaras.

Sin embargo, lograr reunir estas piezas no ha sido tarea sencilla, explicó a Notimex Bill Levasseur, el propietario de la colección, quien recuerda que entre las complicaciones que ha tenido para dar conformar su acervo está la reticencia de algunos locales.

Para algunos danzantes, su máscara tiene especial significado, ya sea porque son herencia familiar o por el status que les da al bailar.

Otras de las piezas, dijo, son consideras sagradas, "son propiedad de la comunidad, no tienen dueño, lo cual es equivalente a tratar de comprar la estatua de San José dentro de una iglesia".

Respecto a las cantidades que ha pagado para adquirir estas obras de artesanos mexicanos, mencionó que en los años que lleva de coleccionista he comprado máscaras "desde 100 pesos hasta de dos mil dólares".

La más costosa, señaló, es una pieza en forma de centurión perteneciente a una comunidad del Estado de México, cuya antigüedad se estima en 200 años y que destaca por su rareza.

Con honestidad, Levasseur reconoció que al ser "gringo" desconoce el significado que puedan tener estas obras, no obstante, para él son, indudablemente, muestra de riqueza cultural.

El espacio, recordó, es visitado principalmente por estadounidenses y, al menos una vez por semana, por un grupo de niños de escuelas primarias de la zona.

"Yo no pienso en que estoy protegiendo la cultural o guardándola, no es mi objetivo, si bien ese es el resultado, está bien, pero yo no lo pienso así", expresó el coleccionista para quien su trabajo ha sido producto únicamente de su pasión por las máscaras.

De hecho, en tono bromista, Levasseur aseguró que esa pasión ya se le ha convertido en obsesión que requiere atención médica.

Y eso lo dice porque reunir estas piezas ha requerido de grandes cantidades de dinero.

Durante el recorrido por este espacio, el visitante puede apreciar máscaras de barro, cuero, madera, papel maché y fibra de vidrio, que se complementan con textos y videos sobre las danzas; materiales que realiza el coleccionista desde hace 15 años.

"Veo las danzas, hago entrevistas con danzantes y con mascareros, buscó a las personas más ancianas porque ellas saben de las danzas, los jóvenes muchas veces bailan pero no saben por qué", apuntó.

Entre su amplia y diversa colección, destacó, se encuentra la máscara que porta aquel que interpreta al señor Santiago Apóstol en la danzas de los Moros y Cristianos, la cual tiene forma de caballito y se cuelga con tirantes.

"Esta máscara la tiene por un año un ciudadano en un pueblo y es un honor, si alguien es Señor Santiago tiene que guardar en un altar con una vela siempre prendida, con flores, y le dan comida diario al animal, es como una estatua que tiene el espíritu del santo", explicó.

Otra de las piezas es un espejo, que bajo la leyenda "Mi máscara favorita" invita al visitante a reflejarse y reirse ante su propia imagen.

Esta broma es una manera de expresar que para el coleccionista no existe una pieza predilecta, "para mi es antropología, mi máscara favorita es la que voy a conseguir la semana que entra, hasta la otra semana y es que en serio no tengo predilecta".

Michoacán, aseguró, es el estado del que más piezas ha adquirido, lo que responde a la cercanía que tiene con el lugar y a la riqueza cultural de esta región, así como la de Oaxaca y Veracruz.

El visitante, a través de estas piezas, dijo, puede ver la transformación que han sufrido algunas máscaras a lo largo del tiempo, ejemplo de ello son las de Tenosique, Tabasco, dedicadas al dios Tláloc.

"Los mascareros agregan su toque y año con año, década con década cambian, pero no completamente pues respetan la escénica. En estas las más antiguos tienen cachetas y otras más actuales ya no", detalló.

En un futuro, Levasseur piensa donar su colección a un museo o una universidad; "he hablado con mis hijos y les dije que si no estoy aquí quiero que las donen y ellos quieren que quede junta".

El museo además incluye una tienda con cerca de 300 piezas a la venta, cuyos precios oscilan entre los 75 y dos mil dólares, y que en su mayoría son adquiridas por estadounidenses.