México 86: Los hombres de oro de Brasil

A cierto sector del periodismo de Brasil no le gustan las biografías de los futbolistas que han dado fama y gloria a los colores de la patria verde amarela a lo largo de casi un siglo, al considerarlas falsas narraciones, inventarios frívolos y minucias irrelevantes de lo que esos personajes hacen o han hecho con sus vidas.

Según los críticos del gobierno que preside Dilma Rousseff, en la nación amazónica hay temas mucho más serios y preocupantes, desigualdad social y estancamiento económico, deforestación y contaminación ambiental, corrupción política y crisis carcelarias recurrentes.

Hay marginalismo, violencia y pobreza extremas en las favelas y en los barrios periféricos de las grandes ciudades y por encima de las buenas cifras económicas del pasado inmediato -"the Brazil moment"-, también se enfatiza sobre la inseguridad rural en territorios indómitos y enormes que no acaban de ser conquistados en el norte y occidente del país.

En ese prontuario figuran las protestas callejeras por el alza en los precios del transporte y los productos básicos y por supuesto, el gasto creciente y desmedido que el gobierno ha hecho en la construcción y remodelación de doce estadios mundialistas y los gastos de infraestructura carretera y aeroportuaria de incierta recuperación.

Por el contrario, hay publicaciones -es el caso, por ejemplo, de la revista "Placar" de Sao Paulo, la Biblia deportiva semanal de millones de aficionados en Brasil- que sí se ocupan de la alegría que provocan el futbol y sus ejecutantes de élite, al considerar importantes y trascendentes todas y cada una de sus actividades dentro y fuera de las canchas.

A ello obedece que, con motivo del XX Campeonato Mundial de Futbol de 2014, se exalte hasta el delirio la obra balompédica, los milagros y hasta las herejías de quienes trabajan para hacer inmensamente felices a esas multitudes rugientes.

Por lo pronto y de manera compulsiva, obsesivamente, ya se cruzan apuestas sobre los nombres de quienes serán los integrantes definitivos del equipo nacional que verá acción en junio y julio de este año.

Se revisan las características de los jugadores, sus antecedentes deportivos, familiares y hasta amorosos, sin perder de vista los aspectos económicos de esos multimillonarios emigrados que, por supuesto, mediante transacciones escandalosas, son considerados productos de exportación a latitudes tan exóticas y lejanas como Turquía y Rusia, Arabia Saudita y Qatar, China y Japón.

Entre ellos están Julio César, Neymar Santos, Dani Alves, David Luiz, Thiago Silva, Óscar, Dante Costa, "Hulk" Viera y otras figuras de la actual generación de jugadores que, de manera preliminar, ya han sido probados y tomados en cuenta por "Felipao" Scolari.

No importan ni las clases sociales, ni los credos religiosos, pues en este país sorprendente y único, el futbol y sus protagonistas son patrimonio de la nación, de todos los brasileños, con el torneo mundialista, su entorno y sus escenarios convertidos en ejes vitales de sus existencias.

A propósito de una guerra deportiva multidimensional de ese porte en este 2014, habría que recordar la simpatía que la escuadra encabezada por Edson Arantes do Nascimento "Pelé" despertó en México al ganar el Copa Jules Rimet de 1970, cuando el contagio de los sudamericanos llegó hasta el país anfitrión.

Ese apoyo se refrendó en el verano de 1986, meses antes de la realización del XIII Campeonato Mundial de Futbol, algunas publicaciones deportivas mexicanas encargaron a sus corresponsales en Río de Janeiro, Sao Paulo y Brasilia, describir los perfiles de quienes entonces llamaron "Los hombres de oro de Brasil", es decir, los portentosos ídolos de aquella época en sus mejores momentos.

Las reseñas rescataban el pasado glorioso de Telé Santana como delantero goleador del Fluminense y su sabiduría como director técnico de la selección nacional para ese evento, responsable de pulir y explotar las enormes cualidades de Emerson Leao, Alemao, Branco, "Careca", Eder, "Edinho", Elzo, Muller, Silas, "Zico", Sócrates, Walter Casagrande y Paulo Roberto Falcao.

Sin embargo, lo ocurrido el 21 de junio de 1986 en el estadio Jalisco de Guadalajara con la eliminación de Brasil ante Francia por 4-3, formó parte de la sequía padecida por los tricampeones sudamericanos durante dos décadas, mostrando en cierta medida que los héroes estaban fatigados.

Brasil tuvo la ventaja de jugar todos sus partidos en la capital jalisciense, derrotó a España (1-0), Argelia (1-0), Irlanda del Norte (3-0) y Polonia (4-0), pero empató 1-1, en tiempo regular ante los franceses de Michel Platini, bajo la estrategia inteligente ordenada por Henri Michel, que obligó a que el juego se decidiera en tiros penales.

Esto ocurrió, no obstante que Brasil contaba con futbolistas prodigiosos, cuyos sucesores tuvieron que trabajar en demasía y esperar con desilusiones, hastío y paciencia en 1974, 1978, 1982, 1986 y 1990, hasta llegar a la obtención del cuarto título en la XV Copa del Mundo de 1994, en Estados Unidos.

Arrastrando los pies, el grupo de Santana dejó el segundo Mundial realizado en México al caer en la serie de penales, con disparos fallados por el gran doctor Sócrates y Júlio César da Silva y acertar con anotaciones de Alemao, "Zico" y Branco, insuficientes para llegar a finalista.

Las justificaciones y pretextos de siempre de nada sirvieron y los directivos de la Confederación Brasileña de Futbol (CBF), explicaron que lesiones previas de "Zico", Falcao y Sócrates, estrellas y ejes del equipo, los habían hecho llegar al torneo fuera de forma.

Convirtiéndose así en lastres aparentes, ingredientes de un debate intenso y como cada cuatro años, en sufrida preocupación nacional.