España 82: con ritmo y armonía, Brasil fue como los Beatles

La selección nacional de Brasil, dirigida por Telé Santana en el XII Campeonato Mundial de Futbol de 1982 en España, formaba con Waldir Péres, Leandro de Souza, Óscar Bernardi, Luizinho, Junior, Paulo Roberto Falcao, Sócrates, "Zico", Éder y José Dirceu Guimaraes.

Entre los suplentes, tenía jugadorazos que podían ser titulares absolutos en cualquier equipo: Carlos Gallo, Joao Batista da Silva, "Toninho" Cerezo, Paulo Isidoro, "Edinho" Nazareth, "Serginho" y Roberto "Dinamita".

Era una maravilla de escuadra que, debido a su estilo rítmico y armónico -además de cadencioso-, un importante periódico paulista la comparó en su equivalente musical con los Beatles, el cuarteto de Liverpool, pero, el 5 de julio de ese año, algo pasó en la orquesta de Telé Santana y fue eliminada por Italia 3-2, en el estadio de Sarriá de Barcelona ante 45 mil espectadores.

En los partidos iniciales derrotó a la Unión Soviética (2-1), Escocia (4-1), Nueva Zelanda (4-0) y Argentina (3-1) con todo y Diego Armando Maradona a dos meses de cumplir 22 años -el árbitro mexicano Mario Rubio lo expulsó a los 40 minutos del segundo tiempo del juego contra Brasil, por agredir a Joao Batista-, para finalmente ser victimada con un triplete asesino (hoy le llaman "hat trick") de Paolo Rossi.

La expectativa del cuarto título mundial aumentó después de que la escuadra "Canarinha" anotó goles y más goles en los partidos amistosos de preparación antes del viaje a España: 32 juegos, 24 victorias -sobre Inglaterra, Francia y Alemania incluidas-, seis empates, únicamente un par de derrotas -ante la Unión Soviética y Uruguay-, 84 dianas a favor y veinte en contra.

El seleccionador Santana no podía pedir más y con exhibiciones de gala y momentos de belleza única en todos sus triunfos, Éder "Exocet" Aleixo acertó sus misiles a los soviéticos, escoceses y neozelandeses.

Mientras, Sócrates, Falcao, "Zico", "Serginho", Junior y Óscar también colocaban su cuota de morterazos explosivos en los arcos rivales, pero los sabios del semanario deportivo "Placar" concluyeron en Brasil, con una frase demoledora después del Waterloo de Sarriá: "La mejor selección nacional después de la que existió en 1970, no ganó nada".

"El scratch marcó una época con un futbol vertiginoso con figuras incomparables", escribió un cronista anónimo, "un año antes de la Copa de España -añadía-, Brasil ya había exhibido toda su fuerza y categoría en una gira por Europa, pero el disgusto fue mayor al perder con Italia, un adversario valiente con un futbol bastante inferior que acabó siendo el campeón del mundo".

Con un fatalismo que algunos viejos aficionados brasileños parecen llevar como carga genética, éstos suelen decir que, cuando se disputa una final o semifinal mundialista como las de 1950 o 1982, siempre existe el riesgo de encontrarse con la fatalidad, con trampas puestas a sus dioses tan venerados.

Eso ocurrió aquel infausto 5 de julio en Sarriá contra Italia, sin que faltara quien considerase exagerado "culpar a la fatalidad" por la eliminación, al tiempo que otros, más realistas, opinaron que la victoria contra los argentinos provocó una exceso de confianza que contagió a la comisión técnica, al equipo nacional, a los medios y finalmente, al país entero.

Tanta fe se tenían los astros sureños, que se creyeron los elogios y superlativos vertidos no sólo por la prensa internacional, sino hasta por el director técnico de Italia, Enzo Bearzot, quien antes de enfrentarlos dijo con gesto preocupado.

"Los brasileños son perfectos. La estrategia aplicada contra sus cuatro anteriores rivales ha sido impecable y siempre ocuparon toda la cancha con un magnífico juego individual y de conjunto. Estoy encantado de enfrentarlos, pero también tengo ciertos temores".

Y los brasileños se creyeron las alabanzas, dejando que Rossi aprovechara los amplios espacios que la zaga brasileña generosamente concedía, hubo desatenciones colectivas, no obstante que Falcao empató 2-2 el marcador, suficiente para la clasificación, pero la táctica de Telé Santana de cerrar el medio campo no resultó.

En un rebote a un tiro de esquina, el destino llevó por tercera vez el balón hasta los pies de Paolo Rossi, que sentenció la inesperada derrota brasileña: 3-2 y despedida del cuadro que ofreció las mejores actuaciones y el mejor futbol de la Copa del Mundo de 1982, cuando Brasil jugó por nota, como los Beatles al tocar en sus conciertos.

El editorial de la sección deportiva de "O Estado" de Sao Paulo, el diario más influyente y serio de Brasil, lo decía todo: "A diferencia de los Beatles, los nuestros solamente desafinaron al leer mal la última línea de la partitura".

NTX/LAG/GED/MUNDIAL14