Destacan personalidad y talento del director de cine Luis Buñuel

Como un personaje sencillo, siempre preocupado porque a su familia no la faltara nada, un hombre carismático, de enorme talento para el séptimo arte, bromista y enamorado de México, recordó anoche el padre Fray Julián Pablo Fernández al cineasta español Luis Buñuel (1900-1983).

Durante una charla en la sede de la Cámara Española de Comercio, en Polanco, Fernández, amigo personal del autor de la cinta "Los olvidados", elogió a más no poder a quien es considerado uno de los más importantes y originales directores de la historia del cine.

Ante poco más de 50 personas, el también artista plástico expuso cómo fue su amistad de más de 20 años con Buñuel, mostrando el lado íntimo del cineasta español y su enorme capacidad para hacer cine.

Él, dijo, fue un parteaguas en mi vida, toda vez que hay un antes y después de Buñuel; "era un hombre que admire como director de cine y como persona", acotó.

Fernández, quien ha sido profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la Universidad Iberoamericana, donde impartió "Guionismo cinematográfico", lo recordó como un hombre que nunca buscó la fortuna y ni la fama.

"Él decía que quería el dinero para su familia y amigos, y eso fue, pues alguna vez comentó que no quería que nunca la faltara ni cantina ni bar para recibir a sus amigos. Además, quería que nunca le faltara nada a su esposa e hijos, esa era su única obsesión.

"La rectitud que tenía como persona iba mucho más allá de su propio cine, era el fundamento de la extraordinaria capacidad que tenía para hacer cine", expresó.

Buñuel, sostuvo, fue el gran poeta del cine, sin él, no existirían los grandes cineastas.

Dijo que tras llegar a México en 1963 conoció al cineasta en la cantina El Mirador, en Chapultepec; "desde un principio nos caímos bien, por ese entonces ya lo admiraba como uno de los más grandes directores del mundo", apuntó.

"La amistad creció con el tiempo y nos veíamos una vez al mes. Fue una amistad sin ninguna intención, nunca me pasó por la cabeza convertir a Buñuel en nada.

"Nunca nos faltamos al respeto, nunca pretendió cambiarme y ni yo a él, nos respetábamos mutuamente. Conozco toda su vida como nadie más la pudo conocer", expuso.

Asimismo, lo evocó como un hombre austero, un personaje a quien no le gustaban los lujos y que se preparaba su café solo, además de que era muy disciplinado en sus horarios, pues se acostaba y levantaba temprano.

"Su habitación era la celda de un monje: una cama, un buro, un par de cortinas, ningún cuadro y una pistola; no había nada más en su habitación. Se acostaba a las ocho de la noche, se levantaba a las seis de la mañana, él hacia su café solo, hacia ejercicio por las mañanas", detalló.

En la ponencia "Mi amistad con Luis Buñuel: Una memoria dichosa", el padre también se refirió al día en el que el entonces presidente Miguel de la Madrid acudió a comer a casa de Buñuel.

"Durante la estancia del mandatario, el cineasta no solo le obsequio una licorera, sino además le presumió el excelente abdomen que tenía a su 80 años", comentó.

"Era un hombre que le gustaba la ambigüedad, el secreto, la broma, era un caballero con todos y un personaje de grandes amigos; era maravilloso con todos. No se puede entender a Buñuel sin México y su cine sin México no existe", concluyó.