Reflexiona libro sobre el patrimonio musical en México

Textos de diversos especialistas en música mexicana fueron reunidos en el libro "La música en los siglos XIX y XX", que fue editado por la Dirección General de Publicaciones (DGP), y que es el cuarto tomo de la colección "El Patrimonio Histórico y Cultural de México (1810-2010)", que coordina el historiador mexicano Enrique Florescano (1937).

Presentado el fin de semana pasado, el material analiza diferentes aspectos como la producción, la composición, la creación y las colecciones que han dado vida a la música popular mexicana.

"La música en los siglos XIX y XX", bajo la coordinación del compositor peruano Aurelio Tello y del musicólogo Ricardo Miranda, reune textos de la música mexicana que estudian lo sucedido en el ámbito musical en el siglo XIX, a partir del grito de Independencia y en el siglo XX, a partir de la Revolución Mexicana.

De acuerdo con declaraciones de Aurelio Tello al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el libro reflexiona sobre el patrimonio musical en México: "¿Qué actores importantes ha habido, qué lo caracteriza y qué convergencia ha ocurrido en el país?, para que se revele la diversidad de expresiones consideradas patrimoniales".

El compositor dijo que este país no se entiende sin música popular. Si algo se conoce fuera de México son canciones como: "Cielito Lindo", "Las Mañanitas", compositores como José Alfredo Jiménez (1926-1973), "México lindo y querido", pues han dado la vuelta al mundo y son cartas de presentación de esta nación.

"El libro comienza con la pregunta que marcó al siglo XIX, "cuando ya éramos vasallos del rey, ya no éramos indianos, ¿Qué éramos?, ¿quiénes éramos? Estas preguntas permearon todas las expresiones como la cultural, la plástica, la arquitectura, la literatura y los músicos que no se quedaron atrás", expuso el investigador.

Aurelio Tello señaló que en la primera parte del libro hay una reflexión de Ricardo Miranda sobre identidad y cultura musical del siglo XIX, pues la canción mexicana dio la vuelta al mundo y cobró un perfil en ese siglo, que definió parte de la mexicanidad.

Aunque algunas canciones datan del siglo XVIII, se retomaron con otro perfil y adquirieron características de ciudadanía, pues la gente comenzó a cantarlas y a hacerlas suyas.

Como en esa época el teatro ya no dependía del virrey y la música de iglesia ya no dependía del clero, los músicos buscaron espacios para hacer arte, por lo que se crearon las sociedades filarmónicas y teatros.

Algunos de estos recintos escénicos y musicales aún están vigentes como el Teatro Juárez, el Ángela Peralta y el Teatro Principal de Puebla, y son el reflejo de la inquietud por abrir espacios públicos para la música.

Asimismo se fundaron conservatorios y se crearon himnos nacionales, lo cual fue, según Aurelio Tello, "un rasgo decimonónico en todos los países de la región, afirmar la identidad con una canción que representar a todos".

El investigador del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), especialista en música virreinal de América Latina, afirmó que en esa época se fundieron sonidos, melodías, poesías, y fue cuando se comenzaron a gestar ciertos rasgos de la canción mexicana, que recopiló Manuel M. Ponce (1882-1948), como "Un día en su vida", canción profundamente mexicana.

El coordinador del libro recalcó que en ese siglo, la música mexicana empezó a adquirir rasgos propios, pues se abandonaron los viejos modelos y las referencias al mundo hispano. Se adoptó el sistema tonal como sistema de composición.

De igual manera, destacó que los acordes esenciales de la guitarra se cantaron por todo el país, y que la entonación de la voz sirvió para dar rienda suelta a una expresión ligada al habla mexicana.

Sobre el tema explicó Tello: " Las canciones fueron reflejando el modo de vivir, de creer, de querer, de pensar, de sentir de nuestra gente, eso le fue dando una conformación regional a las canciones".

"En ciertos lugares se crearon tipologías sonoras como el mariachi en Jalisco, el trío huasteco en San Luis Potosí y el norte de Veracruz y los sones jarochos en la región de Alvarado y del Puerto de Veracruz", subrayó.

En Chiapas entraron las marimbas bajo la influencia de los europeos, y se adoptaron expresiones como la polca, el acordeón y la bandola.

El compositor aseguró que el patrimonio popular de México ha sido la decantación de una serie de elementos extranjeros, adoptados y adaptados por la sensibilidad de los mexicanos.

La llegada del piano introdujo la música a la vida doméstica, y con el auge de este instrumento, surgieron compositores pianistas como Aniceto Ortega (1825-1875), Tomás León (1826-1893), entre otros.

Al mismo tiempo, se fundaron las primeras orquestas y compañías de ópera que proporcionaron la composición de obras de este género.

Pese los avances musicales, fue hasta el siglo XX cuando surgió en el mundo la conciencia de lo que es un patrimonio.

Con el afán de mantener vivo el legado del pasado, en México se comenzaron a escribir historias de la música, bajo el proyecto nacionalista que buscaba construir la nación mexicana.

"En el siglo pasado, se fundaron instituciones como el INBA, el Conservatorio de Música, la Escuela Nacional de Música de la UNAM, las orquestas sinfónicas de ciudades como Jalapa y Guadalajara, y eso revela el nivel de desarrollo social, cultural que tenía México", recordó Tello.

El director y compositor Aurelio Tello nació en Perú en 1952 y realizó estudios de pedagogía musical, piano, composición y dirección coral.

Ha dirigido varios coros y agrupaciones vocales en Perú y ha sido director huésped, desde 1986, del Coro de Madrigalistas de Bellas Artes.

Como compositor ha participado en diferentes conciertos y festivales nacionales e internacionales y ha escrito música de cámara, así como obras vocales, corales, para piano, orquesta de cuerdas y sinfónica.

Es director de la Capilla Virreinal de la Nueva España en México y su actividad como investigador de la música colonial mexicana le ha valido ser invitado a congresos en América Latina, Europa y Estados Unidos.

Ente los premios que ha obtenido están: "Ciudad Ibagué" (1983), Premio de Investigación del INBA, Primera Mención Honorífica en el Premio "Robert Stevenson de musicología (2001), por mencionar sólo algunos.