"El Fluminense, regalo para la selección de Brasil"

En el país del futbol -especialmente en la ex capital, a "cidade maravilhosa, coraçao do meu Brasil"-, no hay nada más esperado que el gran clásico entre dos equipos que, desde que existen, estremecen a millones de aficionados que esperan de ellos las muestras más acabadas de un deporte convertido en religión.

Flamengo y Fluminense no sólo son amados por la calidad y prestancia que muestran de modo excepcional en cada una de sus actuaciones, sino también por las grandes aportaciones que han hecho a la selección nacional en más de una centuria.

Los cariocas, es decir, los oriundos de Río de Janeiro, tienen al clásico "Fla-Flu" como uno de sus grandes espectáculos deportivos, como quedó demostrado el pasado 7 de febrero en el renovado estadio Maracaná, escenario -el 13 de julio de 2014- de la final de la XX Copa Mundial de la FIFA.

En ese coliseo, referente de batallas épicas, ambos cuadros son anfitriones cuando menos dos veces por semana en los torneos locales, estatales y nacionales.

Trátese de partidos de copa o de liga, como el que se escenificó el 15 de diciembre de 1963, batiéndose una marca que no ha sido rota hasta ahora en un juego en Brasil y en el mundo: 194 mil 603 espectadores con boleto pagado.

El "Flu" ganó en su reciente versión con el habitual uniforme blanco, grana y verde, tomando la delantera de la tabla general en la séptima fecha del campeonato del estado de Río, liquidando al Flamengo por 3-0, con goles de Michael, Elivelton y el debutante Walter.

El club que actualmente entrena el ex internacional Renato "Gaúcho" Portaluppi sumó, así, su quinta victoria consecutiva en el certamen estatal; pero tuvo que esperar un año para ganar el clásico citadino, con una actuación relevante del mediocampista Conca, revelación de 2013.

Antes de iniciar el cotejo, los seguidores del "Flu" repartieron hojas que simulaban ser un reconocimiento a sus rivales históricos: "Diploma al Sufrimiento", decían las papeletas que significaron una burla a los enemigos rojinegros del célebre equipo tricolor, fundado el 21 de julio de 1902 por el inglés Óscar Cox.

Fluminense -de la raíz latina fluminis o río, gentilicio de los nacidos en Río de Janeiro- se estableció en el barrio aristocrático de Laranjeiras.

Fue integrado en su totalidad por los hijos de la élite, que habían tomado contacto con el futbol durante sus estudios en Europa; su primer partido oficial lo jugó contra el desaparecido Río F.C., arrasándolo con un memorable 8-0.

"Esa cifra -dice con arrogancia Rosinha Cortes, directora de finanzas del club- sirvió para pronosticar así el futuro luminoso que alcanzaríamos: el `Flu´ ganó su primer Campeonato carioca en 1906, estrenando la camiseta tricolor a rayas verticales que nos distingue por tradición".

El "Flu" -explica Rosinha, destacada socialité carioca- implantó el futbol en Río, se adhirió al profesionalismo antes que ningún otro en el país y posee el mayor número de títulos estatales.

"Laranjeiras fue su antiguo estadio; pero, al inaugurarse el Maracaná con motivo del IV Campeonato Mundial de Futbol de 1950, éste se convirtió en su casa, donde obtuvimos el Brasileirao de 1970, 1984, 2010 y 2012, además de la Copa Brasil de 2007, que arrebatamos al Flamengo".

Éste fue un club de remo fundado en 1895, que comenzó a competir en futbol hasta 1912, luego de que los mejores jugadores del "Flu" salieran de él por exigencias laborales incumplidas, integrándose deportiva y contradictoriamente al rival.

De esa manera inauguraron las más apasionantes confrontaciones futbolísticas del futbol brasileño: "En otras palabras, un desacuerdo entre directivos y jugadores del Flu dio lugar a la formación del Fla", precisa Rosinha Cortes.

Decano de los grandes equipos de Brasil, el Fluminense fue base de la selección nacional en su debut internacional en 1916 en la cancha de las Laranjeiras y también fue allí donde la "verde amarela" conquistó su primer título internacional en 1919, permaneciendo invicta en esa sede en 18 partidos seguidos.

Pese a la desastrosa fase deportiva y financiera que lo bajó de la "Serie A" y lo puso al borde de la desaparición en 1996, ostenta la condición, junto con el Flamengo, de ser el máximo ganador del torneo carioca con 31 títulos.

Además es -con cinco millones de socios, cuando en 1924 eran cuatro mil- el quinto club que más jugadores ha aportado al equipo nacional en Copas del Mundo, también con tres decenas de convocatorias.

Fluminense, presume Rosinha Cortés, "es un regalo de Dios para la selección de Brasil" y en su nómina gloriosa del pasado, de 1930 a 1950 -cuenta la ejecutiva del club- alineó con "Preguinho" Coelho, Fernando Giudicelli, Algisto Batatais, Hércules Miranda, Osvaldo Velloso, Artur Machado, Romeu Pelliciari y Tim de Pádua.

Después de 1950 se recuerda a Carlos Castilho, Joao Pinheiro, Waldir Pereira "Didí", Altair Figueiredo, Denilson Oliveira, Marco Antonio Feliciano y entre los monstruos de las Copas del Mundo de 1970 a 1986, a Félix Mielli, Roberto Rivelino, Carlos Alberto Torres, José Dirceu Guimaraes, "Edinho" Nazareth y Claudio Branco.

Carísima para ser sostenida con cracks de tales dimensiones, la fábrica de futbolistas decayó a fines del siglo anterior; pero, para regocijo de sus "torcedores", ha mostrado signos evidentes de recuperación.

Ahora pretende rescatar fama y fortuna, agradecidamente y en favor del futbol brasileño en 2014, el año de su gloria eterna, siempre y cuando alcance su hexacampeonato mundial.