Miguel Cabrera se afianza como el "bate de oro" de Venezuela

Con 30 años y lejos del fin de su carrera, Miguel Cabrera es ya considerado por muchos como el mejor beisbolista de la historia de Venezuela, sobre Luis Aparicio (Salón de la Fama) y el 11 veces Guante de Oro Omar Vizquel.

La explosión de Cabrera se produjo en la temporada 2012 al convertirse en el primero en alcanzar la triple corona (average, impulsadas y anotadas) en la Liga Americana desde Carl Yastrzemski en 1967, lo que le mereció el premio al Jugador Más Valioso (JMV).

Cabrera, "slugger" nativo de Maracay, capital del central estado Aragua, proyectaba para la recién concluida temporada 2013 superar los 50 cuadrangulares, pero una lesión en la ingle condicionó su acción y causó que se perdiera múltiples encuentros.

Sin embargo, ni siquiera ese contratiempo le impidió guiar a los Tigres de Detroit a la postemporada y alzarse con un nuevo premio como JMV de la Liga Americana de la temporada 2013, gracias a su bateo.

Los únicos lunares de la temporada de Cabrera fueron dejar de alcanzar la Serie Mundial con Detroit y el fracaso de la selección venezolana en el "Clásico Mundial de Béisbol", de la que fue eliminada en la primera ronda.

Cabrera debutó con escasos 20 años en las Grandes Ligas, edad un tanto prematura en el béisbol estadunidense, pero de inmediato se hizo sentir con los Marlins de Florida -hoy de Miami- al conectar 12 cuadrangulares pese a llegar a mediados de la campaña.

Esa misma "zafra" le tocó disputar la postemporada y sus números fueron destacables, al conectar cuatro cuadrangulares, incluyendo uno en la Serie Mundial ante el legendario "cohete" Roger Clemens, e impulsar 12 carreras, una marca para un novato.

En el béisbol venezolano, Cabrera ha tenido números igual de destacables y lideró a los otros Tigres -los de Aragua- a vivir su "década dorada" al ganar cinco títulos entre 2001 y 2010, gracias a su excelso bateo.

Sin embargo, el hecho de estar en la cima del béisbol profesional tampoco significa que Cabrera esté libre de desafíos por delante, el propio jugador es el primero en admitir que debe trabajar mucho para mejorar con el guante.

"Trabajaré para mejorar mi defensa", ha sido la confesión más repetida de "Miguelito", como todavía se le llama cariñosamente pese a su 1.93 de estatura.

Afirma que el reto será todavía mayor en la temporada 2014, ya que regresará desde la antesala a la primera almohadilla, que requiere de una acción continua durante las nueve entradas, aunque para él está lejos de ser una posición desconocida.