Reparador y productor de bicicletas espera mejoras en 2014

Para enero de 2014, José Manuel Vázquez, reparador y productor de bicicletas, espera que le vaya mejor, pues no ha logrado recuperarse de sus problemas de salud y las ventas siguen bajas.

En entrevista, señaló que desde los 6 años de edad, junto con su padre se dedica a la construcción de bicicletas. Las hace de todas formas y tamaños, a la venta están desde los 800 hasta los mil 500 pesos.

Trabaja todo el año, pero sólo salen nuevos productos cada seis u ocho meses, pues el material es difícil de conseguir, por eso a la par produce casas de perro o "perreras", como él les llama.

José Manuel, quien vive en la calle Felipe Villanueva, colonia Morelos Segunda sección, cuenta que desde niño recuerda a su papá reparando las llantas, los rayos o colocando nuevas partes a este tipo de transporte, que en la actualidad recobró importancia y está de moda.

"Me favorece eso de que todo el mundo quiere andar en bici, pero a la vez hay mucha gente que busca cosas novedosas como están en las tiendas caras y eso me dificulta la venta. Además hay partes, como los cuadros que no se consiguen tan fácil", comentó.

Comentó que está enfermo de los riñones y de la vesícula, lo que le impide poder abrir su local todos los días, además, debido a que fue víctima de la delincuencia, debe cerrar temprano, pues a partir de las 19:00 horas se convierte en un sitio inseguro, de modo que poco tiempo mantiene en exposición sus productos.

"La última vez me robaron una perrera en lo que entré y salí del negocio, ya se las habían llevado. A plena luz del día. Pero esta zona sí se volvió muy peligrosa y pues mejor para que me arriesgo", afirmó.

Aprendió a fabricar casas de madera hace algunos años, cuando requirió una para su mascota, y desde entonces compró herramienta de carpintería y a base de ensayo y error mejoró hasta lograr vender al menos tres casas a la semana que tienen costos de 400 a mil pesos según el tamaño.

"Éstas las vendo para complementar lo demás, porque bicicletas no siempre me compran, entonces pues me acompleto. Y para enero también hago caballitos de madera, que luego sí se acomodan, pero ya los estoy rematando en 200 pesos, porque no salieron a tiempo y es la única fecha en la que puedo vender esto", explicó.

Lastimado de la vista por la soldadura y casi en condiciones de salud graves, añadió que su oficio es uno de los más bonitos, porque le regala sonrisas a los niños, provoca emoción en los adultos y resuelve el problema de transporte de los ancianos.

"Por eso no quiero dejar de hacerlo, tal vez me quede ciego por esto, pero vale la pena y es lo único que sé hacer desde niño", dijo emocionado.