Hijo de Pedro Ramírez Vázquez analiza su legado

*Javier Ramírez habló sobre sus obras más destacadas, los daños que han sufrido algunas y el respeto al entorno

*Javier Ramírez habló sobre sus obras más destacadas, los daños que han sufrido algunas y el respeto al entorno

Por Cristóbal Torres

México, 4 de junio (Notimex).— Javier Ramírez Campuzano hizo un recorrido por algunas de las obras más destacadas de su padre, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, y resaltó su enfoque social, ya que “no sólo proyectaba a escala humana; no se trataba de ver el espacio en cuanto a metros sino a dignidad”.       Durante la charla organizada por la Federación del Colegio de Arquitectos de la República Mexicana, midió con esa premisa varias de las construcciones de Ramírez Vázquez, por ejemplo, el Museo Nacional de Antropología tenía que estar a la altura de la cultura del país. Diferenció dos tipos de espacios: aquel donde se está y aquel donde se es. “La obra se debe identificar con el usuario; debe tener un objetivo y la escala debe ser ese objetivo”.       Habló sobre el respeto al entorno cuando se realizó el Museo de la Cultura Teotihuacana; destacó que su presecia no interfiere con el entorno, es un complemento. Señaló el ventanal cuya intención es tener una visión de la Pirámide del Sol desde el interior, algo que sorprendió al arqueólogo Eduardo Matos, cuando Ramírez Váquez le dijo que iba meter la pirámide al museo.        Javier Ramírez mencionó que el arquitecto recibió condecoraciones y reconocimientos de 30 países y organismos oficiales; e hizo énfasis en que fue un profesional que llevó lo mexicano al exterior y lo ejemplificó con imágenes del Pabellón de México en Nueva York y el Museo del Comité Olímpico Internacional en Lausana, Suiza.       De esa última construcción, subrayó el respeto al entorno que mostraron los suizos, “la cantidad de restricciones era tremenda; pero hay solución para todo”. Recordó que aun los árboles muertos no fueron tirados; ya tenían sembrados nuevos para poderlos suplir y no interferir con el paisaje. “A un metro de la construcción crecían flores, era increíble cómo no hubo ninguna interferencia con el entorno”.       Asimsimo, denunció que algunas obras de su padre han sido maltratadas por gobiernos locales; señaló el caso del Complejo Cultural Siglo XXI. Originalmente tenía una fachada de talavera, que Ramírez Campuzano destacó como símbolo de la entidad. “El antiguo gobierno lo tiró para poner cristal; ahora cada lavada cuesta 200 mil pesos; la talavera dura para siempre, no hay que hacerle nada”.