La gente reacciona a la pandemia como en el siglo XVII

*Margo Glantz habló sobre cómo ha sido su vida durante el confinamiento

*Margo Glantz habló sobre cómo ha sido su vida durante el confinamiento

Por Cristóbal Torres

México, 29 de mayo (Notimex).— La escritora Margo Glantz (Ciudad de México, 1930) lleva 73 días encerrada y ya se encuentra harta, así lo aseguró en una charla con Pamela Cerdeira y Francisco Alanis “Sopitas”. Señaló que el virus cayó en una coyuntura en donde las mujeres habían tomado las calles. “Pareciera que el virus se echa contra ellas para que ahora se queden en casa con sus maridos”.       Lamentó la violencia doméstica que se ha desatado en estos días y la comparó con la violencia suscitada en Estados Unidos contra la gente de color. Expresó su esperanza de que la violencia guarde un fondo. “Que esa violencia demuestre algo más profundo, porque Estados Unidos lleva siglos sufriendo cosas gravísimas”.       Reconoció que las redes sociales ayudan mucho porque le permiten estar atenta a la violencia que ocurre en el mundo y pelear por causas como los derechos reproductivos de las mujeres. “Las redes permiten descubrir tantas cosas que, a veces, uno se pierde; es importante saber qué es lo que pasa en el mundo y en México”. Dijo estar leyendo Diario del año de la peste (1722), de Daniel Defoe y resaltó las similitudes de la gente a pesar de los siglos de distancia. “La gente se comporta todavía como en el siglo XVII, con violencia... haciendo negocio con la enfermedad e infundiendo mentiras”.       Lamentó que lo primero que han hecho las personas en países donde las medidas sanitarias se han levantado ha sido consumir, formarse en locales de comida rápida y almacenes de ropa de lujo. “En ese momento pienso que somos muy siniestros”.       Resaltó la importancia de las campañas que ayudan a la sobrevivencia de las editoriales independientes, porque son ellas las que se atreven a publicar libros que sellos más importantes no editan. Recordó que su primer libro fue editado a cuenta de autor porque nadie la quería publicar. Señaló especialmente a Editorial Joaquín Mortiz, quien la rechazó al considerar su libro “un jueguito” hasta que al final le publicó Síndrome de naufragios (1984).       Recordó que todo mundo la llamaba académica o profesora, pero nadie le decía escritora porque no escribía el tipo de ficción de sus demás contemporáneos. Se consideró una muy buena ensayista y se dijo afortunada de, poco a poco, abrirse camino al punto de ser publicada por varias editoriales. Finalmente sugirió aprovechar el tiempo de confinamiento para leer libros. “Es fundamental porque podemos entender mucho de lo que está pasando hoy en día, nos permite vivir miles de vidas”.