Pandemia de COVID-19 arrebata el público a el "Mil Amores"

Andrés Sotelo Urióstegui, el "Mil Amores", es un cantante urbano con 67 años que recorre el centro de Cuernavaca, en busca de una moneda que, durante la pandemia de COVID-19, es más difícil de lo...

Andrés Sotelo Urióstegui, el "Mil Amores", es un cantante urbano con 67 años que recorre el centro de Cuernavaca, en busca de una moneda que, durante la pandemia de COVID-19, es más difícil de lograr.

Originario de Acapulco, Guerrero, se define como artista callejero y cuenta a Notimex el daño a su economía que trajo la ausencia de peatones en la ciudad, los que cooperaban una o unas monedas en su sombrero.

Tras cantar "Congoja" de la Sonora Santanera, con un karaoke y micrófono, sobre la banqueta de la calle Hidalgo -el corredor turístico de la capital morelense- por el que circulaban, antes de la crisis sanitaria, turistas nacionales e internacionales, el "Mil Amores" asegura que no "saca" ni 100 pesos en un día, aunque las personas le dejan productos de la despensa.

El "Mil Amores" nunca tuvo hijos o "no que él sepa"; no se casó pese a que tuvo muchas mujeres, dice que le quitan "su libertad". Es tajante al afirmar que no le gusta discutir con ellas, "ninguna discusión, nos despedíamos como amigos, pero ya no las volvía a ver jamás".

Dice que tuvo "muchísimas" parejas, que ya hasta perdió la cuenta, incluso de distintas nacionalidades. A la fecha todavía "le caen un montón, yo ya ni quiero".

Él es feliz a su modo, cantando en la vía pública: convive con la gente y disfruta "cotorrear" a las parejas de jóvenes y con personas de todas las edades.

Andrés Sotelo tuvo una infancia difícil. Cuenta que tuvo salir a trabajar desde los cinco años de edad porque lo que ganaba su madre no alcanzaba para mantenerlo a él y sus cuatro hermanos.

"Llegaba con un montón de monedas y fue una emoción para mí porque con ese dinero mantuve a mis hermanos y a mi mamá", a pesar de que fue el más chico.

Su padre fue alcohólico y le pegaba a su madre, y se gastaba todo el dinero en las cantinas. Por eso su mamá decide dejarlo por miedo a que le fuera a golpear a sus hijos.

El "Mil Amores" no siempre fue cantante. Un tiempo hasta dió clases de inglés, que aprendió gratis en una escuela particular donde realizaba el mantenimiento.

"Yo lo aprendí nadamás por hablar con las americanas, nunca me gustó dar clases, me aburrían".

Al momento de la charla solo llevaba cinco pesos en su sombrero, y no sabe que pasará con sus deudas: debe la bocina y el micrófono.

Lamenta también que la pandemia le frustró un viaje que ya tenía programado a Estados Unidos con una banda de seis músicos, de la que iba a ser su vocalista y por el que "iba a ganar miles de pesos".

Radica en la colonia Antonio Barona, al oriente de la capital morelense, una de las de mayor densidad poblacional y actualmente la segunda con mayores casos de infectados del municipio, según las últimas cifras del ayuntamiento.

Pero no teme a ser contagiado, se pone cubrebocas cuando no canta y tiene gel antibacterial: "tengo más miedo a no comer, a morirme de hambre, que a la pandemia".

A pesar de la crisis sanitaria y económica, Andrés Sotelo no pierde la esperanza y cree que un día dejará de ser el "Mil Amores" y encontrará su media naranja.

"Yo quiero una relación seria, pero para casarme con ella, no pasatiempo, y no la he podido encontrar".