Abel Quezada dibujaba desde muy joven, relata hijo

*El artista plástico compartió en redes sociales algunos detalles del destacado caricaturista mexicano

*El artista plástico compartió en redes sociales algunos detalles del destacado caricaturista mexicano

Por Víctor Jesús González

México, 14 de mayo (Notimex).— En el marco del centenario del natalicio del caricaturista, pintor e historietista mexicano Abel Quezada, se realizó un conversatorio virtual con su hijo, el artista plástico Abel Quezada Rueda, quién compartió anécdotas y detalles de la trayectoria profesional de su padre.       “Mi papá empezó desde muy jovencito, a los 14 años de edad. En ese tiempo todavía vivía en la frontera norte del país, con mi abuelo. Dibujaba tiras cómicas y los personajes eran los compañeros de su escuela; mi padre me contaba que a todo mundo le gustaba lo que hacía”, comentó Quezada Rueda.       En la charla organizada en redes sociales por una casa de subastas se detalló que el destacado caricaturista del siglo XX empezó a mandar ilustraciones con diferentes temas y estilos a las revistas y periódicos de la Ciudad de México; como el resultado fue que le publicaban casi todo e incluso recibió el pago por muchos de estos trabajados, a los 16 años cumplidos se trasladó a la capital de México.       Quezada Rueda expresó que los personajes de su padre evolucionaron no sólo por la edad y el conocimiento que acumula el artista, también por las circunstancias políticas, sociales y económicas que le tocó vivir. De esta manera, fue como “El charro Matías”, “Gastón Billetes” o “El tapado” se consolidaron en su obra.       Este último "hacia la referencia al que —en esos momentos de la historia de México— indudablemente se iba a convertir en el próximo presidente de la República. Después de crear al personaje, una compañía publicitaria lo convenció para que con la ilustración se anunciara una marca de cigarros, la cual fue un éxito porque el candidato ganador sí fumaba”.       Para finalizar, relató que Abel Quezada dibujaba desde su casa-estudio, permanecía mucho tiempo en soledad, entregaba publicaciones simultáneas y ese rigor y disciplina lo convirtieron en un destacado artista mexicano que publicó en periódicos como Excélsior o Novedades, y obtuvo el privilegio de ser portada 12 veces en The New Yorker.