Confinamientos: Mariana Lorenzano, mientras siga saliendo el sol

[El día de hoy en la sección de Cultura de Notimex presentamos la primera de varias crónicas que publicaremos acerca de cómo ciertas personalidades del ámbito cultural y artístico viven la actu...

[El día de hoy en la sección de Cultura de Notimex presentamos la primera de varias crónicas que publicaremos acerca de cómo ciertas personalidades del ámbito cultural y artístico viven la actual situación de confinamiento. Para inaugurar este ejercicio periodístico, la bailarina Mariana Lorenzano platica desde Londres cómo ha experimentado el distanciamiento social...]

México, 11 de mayo (Notimex).— Han cambiado muchas cosas, pero también he descubierto nuevas actividades que antes no hacía. Me despierto temprano, a eso de las seis de la mañana, y medito; uso una aplicación que me permite hacer diez minutos al día de meditación. No creo que sea muy diferente mi día si no medito, pero me gusta pensar que sí; por lo menos hace que la mañana sea tranquila y calmada.       Me hago un café y después me voy a una clase de ejercicio. Soy bailarina, necesito mantenerme activa. Hago una clase de ejercicio a las siete y media de la mañana y en otras ocasiones tomo clases de yoga a las ocho. En realidad no ha sido difícil mantenerme en forma; estoy bastante acostumbrada a hacer ejercicio. El gimnasio al que iba está dando clases a distancia, entonces en las mañanas tomo clase con ellos. Sigo corriendo. Vivo en Londres, aquí todavía se puede salir a hacer ejercicio, entonces hay días que salgo a correr. Creo que hoy estoy en mejor forma que antes.       Después de la mañana, me preparo para dar clases a distancia. Doy una sesión a las diez de la mañana y otra a las once. Es la primera vez que doy clases en línea; trabajo con niños en general. Es muy complicado por un lado, porque no se les puede dar las correcciones de cómo hacer los pasos de manera correcta. También es muy difícil mantener su atención, porque son muy pequeños. Lo que hago es planear la sesión como si fuera una historia o una aventura cada día. En la mayoría de las clases los tengo en silencio y nada más ven cómo hago los movimientos mientras ellos los van copiando.       En algún momento de la clase les pregunto cosas; cada uno se acerca a la pantalla para responder. Si son muy pequeños, les pregunto, por ejemplo, de qué color es su mochila y me platican de sus colores, de lo que tienen adentro; ya, si son más grandes, pues les pregunto de otros temas como qué es lo que han hecho durante el día. Mis clases no suelen tener más de 15 alumnos porque llega un momento en el que las imágenes se ven muy pequeñas y me cuesta trabajo distinguirlos.       Todo lo que tenía planeado de presentaciones fue cancelado; solamente me quedé con las clases regulares que daba. Hago trabajo en escuelas y centros comunitarios, pero eso también se tuvo que parar. Después tengo un rato libre que uso para hacer un poco de experimentación creativa. Empecé un trabajo que es justamente un proyecto de confinamiento llamado: @thei.nbetween, con mi amiga, Kole Fulmine.       El proyecto se trata de escoger una palabra cada día. Mi amiga es escritora, ella escribe un texto al respecto y yo hago un video de unos dos minutos con movimiento; bailo la representación de esa palabra y lo subimos a redes sociales.       También me dedico a la lectura o cosas que tengo que hacer de la vida diaria; aprovecho para cocinar, limpiar la casa y ya, a las tres de la tarde, doy otra clase. No sé si consigo que un día no sea igual al anterior. Ha habido muchos músicos que están haciendo sesiones en vivo por redes sociales; hay que intentar hacer ese tipo de cosas que sabes que solamente pasarán una vez. A veces, hablo con amigos, intento mantener algo que en la vida normal sería como ir a un concierto o cenar con mis amistades, pero dentro del mismo confinamiento. Si no, pues hay otros días que tomo una botella de vino y veo un rato la televisión o alguna película.       Intento dormir temprano, aproximadamente a las once de la noche. He lidiado con el insomnio y con mucha ansiedad, pero lo sobrellevo con calma. Me ayuda mucho dormir temprano porque, cuando me da insomnio, me despierto como a las cinco de la mañana y luego ya no puedo dormir. Si me duermo desde las once, aunque me despierte a las cinco, por lo menos ya dormí varias horas.       Sobrellevo la cuarentena pensando un día a la vez, mientras siga saliendo el sol todos los días. He estado pendiente de cuántos casos nuevos hay en el área y en la ciudad. Empieza a haber un poco de luz al final del camino; el número de muertes es menor cada día.       Intento no pensar muy a futuro. Planeo mi semana desde el lunes, pero no me atrevo a ir más allá de esos siete días; no sabría qué voy a estar haciendo en dos semanas, aunque tal vez sea lo mismo, pero no quiero ver demasiado más allá.