LITORAL: Roque Dalton

Roque Dalton: las letras de la acción

Roque Dalton: las letras de la acción

El poeta salvadoreño Roque Dalton, quien nació hace 85 años, el 14 de mayo de 1935 en San Salvador, y murió hace 45, en un paraje del departamento de Quetzaltepeque, el 10 de mayo de 1975, fue propietario de una robusta voz lírica, que no dudó en utilizar con su compromiso por las causas sociales, la lucha política y la militancia de izquierda.      Su poesía es rica en formas modernas, como el verso libre o la prosa poética, sin dejar de lado las estructuras clásicas y en algunos casos también los discursos que hacen recordar propios de otros géneros y tipos de escrituras, como el teatro, las relaciones escritas por los conquistadores españoles e incluso los que se declaran y escriben en los casos judiciales, lo que no es difícil pensar dados los estudios de Derecho que realizó el también guerrillero.      Temáticamente, Dalton cuenta con un rico arsenal de poemas amorosos, sensuales y de vuelos intimistas o del encuentro pasional, y los resabios que deja. Es sobre todo en este tipo de poesía en el que son comunes las imágenes ocasionadas –eclosionadas– por los juegos de palabras, el choque o la conjugación de ellas, en lo que también ayuda las formas adoptadas por sus poemas, los saltos de una línea a otra, e incluso de dos de ellas, cortando ideas, o la puntuación. Tómense como ejemplo de esta vena lírica sus piezas “Mía junto a los pájaros”, “Poems in Law to Lisa”, “La memoria” y “Alta hora de la noche”.      Una parte de su poesía se puede leer dedicada a la vida diaria, común, o todavía más: en la que los hechos diarios y comunes son trasladados a un lenguaje o formas poéticas, en las que caben expresiones, palabras populares sin caer en extremismos. Por momentos, esta búsqueda de un nuevo lenguaje dentro de la poesía –que otros bardos de la región latinoamericana también se empeñaron en buscar– lo llevó a tener un sentido irónico, burlón y de denuncia.      Lo último es una preocupación importante de su obra, en la que demuestra el amor profundo que sentía por su país –conocido como “el pulgarcito de América”– y por el Latinoamérica en general, conocedor de su historia, preocupado por las condiciones de injusticia y pobreza que se vivían entonces, sus orígenes, razones y vislumbraba sus soluciones desde la posición política que asumió sin ocultar nunca: el marxismo. Este compromiso lo llevó a militar en el partido comunista de su país desde muy joven. Dentro de este tipo de poesía son ejemplos “El gran despecho”, “Estudio con algo de tedio” y la segunda parte de “Poems in Law to Lisa”.      Y esta es la otra veta fuerte de la poesía de Roque Dalton, la del compromiso social, político y de denuncia de las condiciones históricas de su país. Uno de los ejemplos más claros de esto es su poema “La guerra de guerrillas en El Salvador”, en el que da cuenta de cómo a esta práctica se recurrió desde los tiempos de la conquista española. Asimismo, “Buscándome líos”, en el que también es notorio el carácter irónico que imprimió a su poesía, o “Reflexión”, que es una acusación directa de las razones del retraso de nuestros países. Dos casos a resaltar son “Hechos, cosas y hombres de 1932”, en el que fija en ese año el origen de la situación reciente en su país y que cuenta con una estructura muy sui géneris, que es un caso similar a “El juez de Opico”, en el que evidencia la injusticia.

Sus huellas

Roque Dalton García nació el 14 de diciembre de 1935 en El Salvador y realizó sus primeros estudios en los colegios religiosos Santa Teresita del Niño Jesús y Externado de San José, jesuita, donde en 1953 obtuvo el grado de bachiller, para después entrar a la carrera de Derecho en la Universidad de El Salvador, donde fue uno de los fundadores del Círculo Literario Universitario. Entonces ya era clara su definición política de izquierda y por la literatura, obteniendo reconocimientos en este campo.      Hacía 1953 se trasladó a Chile para realizar estudios de Jurisprudencia, que no concluyó, y cuatro años después, estando de vuelta en su país, fue seleccionado para participar en el Sexto Festival de la Juventud y los Estudiantes por la Paz y la Amistad, en Moscú, visita que le dejaría honda huella en su posición política. En la capital de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas conoció al poeta argentino Juan Gelman y a Carlos Fonseca, años después fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), de Nicaragua.      De 1954 a 1959 también realizó estudios de Ciencias Sociales en su país y en 1961 de Etnología en México, los cuales tampoco concluyó. Su vena poética le proporcionó desde esos años reconocimientos, de tal manera que en 1956, 1958 y 1959 ganó el Premio Centroamericano de Poesía; en 1963 obtuvo mención honorífica del Premio Casa de las Américas, por El turno del ofendido, certamen que ganaría en 1969 con Taberna y otros lugares.      Su afiliación a los 22 años de edad al Partido Comunista Salvadoreño y su activismo social le convierten en un perseguido político en su país, teniendo que vivir en el exilio desde 1961, regresando a su país en algunas ocasiones, en las que incluso cayó preso y fue torturado. Dos veces fue condenado a muerte, de las que se salvaría gracias a situaciones únicas: el derrocamiento del dictador cuyo régimen lo había encarcelado (1960) y un terremoto que tiró las paredes de la prisión donde esperaba el cumplimiento de su sentencia (1965). Durante su exilio visitó países como Guatemala, México, Corea, Vietnam, Checoslovaquia y Cuba.      Fue en 1973 que regresó de manera clandestina a su país, para sumarse a las filas guerrilleras del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), tomando el pseudónimo de Julio Delfos Marín. En esta organización, en 1975 se le acusó de traición y trabajar para la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, por lo que fue condenado a ser fusilado, hecho que se llevó a cabo el 10 de mayo de 1975. Las versiones más creíbles señalan que el fatal suceso ocurrió en el Departamento de Quetzaltepeque y que su cuerpo fue tirado en un paraje conocido como El Playón. Existe otra versión que dice que la escena se llevó a cabo en una casa de un barrio de San Salvador.      Eduardo Galeano se refirió a él de este modo: "Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección, se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos.      "Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas, y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de numerosos maridos sedientos de venganza. Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana. No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo".