La vida durante el aislamiento por COVID-19

Hace tan solo unos meses atrás se podía sentir la alegría en las calles de la Ciudad de México, una de las más importantes no sólo del país sino del mundo, sin embargo, ahora el miedo se ha apo...

Hace tan solo unos meses atrás se podía sentir la alegría en las calles de la Ciudad de México, una de las más importantes no sólo del país sino del mundo, sin embargo, ahora el miedo se ha apoderado de millones de personas tras la llegada de una pandemia.

Las risas se han ido apagando poco a poco, así como las luces de los pequeños negocios que iluminaban la ciudad, ya no hay una cerveza fría tras un largo día laboral, ni fiestas de fin de semana, ni muestras de cariño.

Ahora nos enfrentamos a un “monstruo” que lleva por nombre COVID-19, el cual amenaza con cobrarse la vida de miles de personas en México si no hacemos caso al reiterado llamado de “Quédate en Casa”.

Sin embargo, el coronavirus no sólo ha demostrado que la humanidad no estaba lista para enfrentar una pandemia, sino que la población no está preparada emocionalmente para mantenerse aislada.

Tal es el caso de Raúl Martínez, de 26 años, quien sólo cinco meses antes de la llegada de la pandemia a Tierra Azteca fue diagnosticado con Trastorno de Ansiedad, el cual controla con medicamentos como clonazepam, sertralina y valproato de magnesio.

Cuando se dio a conocer que ya había casos de coronavirus en el país, el joven, quien vendía dulces para ganar alrededor de mil pesos semanales para apoyar a su familia, se encontraba en proceso de titulación y realizaba la tesis.

En entrevista con Notimex, Raúl confesó que el primer día de aislamiento sufrió un ataque de pánico que lo imposibilitó física y mentalmente por dos días.

El miedo al contagio del coronavirus y las consecuencias de la pandemia, han aumentado su ansiedad al grado de presentar síntomas parecidos a los del COVID-19, su mente y su cuerpo generan tanto estrés que ha tenido que llamar al menos tres veces a las autoridades por miedo a estar enfermo, pero le han dado la misma respuesta: no estás infectado.

"Desde marzo he llamado una vez por semana al teléfono del COVID-19. Tenía malestar en la garganta, falta de respiración, dolor de cabeza y cuerpo, pero no tenía tos ni fiebre. Igual ya debo de dejar de ver y leer tanto las redes sociales, porque conozco cómo está la situación en Ecuador y sé que eso me detona la ansiedad", explicó.

El aislamiento también ha ocasionado que se modifiquen los hábitos de Raúl, quien ahora duerme durante el día; su descanso comienza a alrededor de las cinco de la mañana y termina al mediodía, cuando se levanta a comer algo, ver la televisión, salir un poco al patio e ir al mandado.

“Me duermo a las cuatro o cinco de la mañana y me despierto aproximadamente las 11. A veces trato de bañarme o cambiarme de ropa, pero en ocasiones la riego (sic) porque veo mucho Facebook, entonces hay mucha información en mi cabeza y me da ansiedad.

“No he dormido bien desde que inició (la pandemia). A veces me paro de la cama como a las cuatro de la mañana porque me falta el aire. Hace algunos días unos vecinos tuvieron una carne asada y vinieron personas de otros lugares, eso me puso mal, me alteró mucho, porque por una inconsciencia podrían contagiar a mucha gente”, puntualizó Raúl.

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