LITORAL: Atrapasueños

Un nuevo acertijo se presenta a Damián Diosdado, personaje de Enrique Escalona

Un nuevo acertijo se presenta a Damián Diosdado, personaje de Enrique Escalona

El mercado del arte, con todos sus túneles, caminos cerrados, atajos para unos cuantos y todo aquello que no aparece ante los ojos de cualquiera se abre a la mirada curiosa y deductiva de Damián Diosdado, ese detective joven y nerd del escritor Enrique Escalona que en la recién aparecida novela La tercera Frida tiene su segunda aventura, después de que en 2018 hiciera su aparición en La moneda de la muerte.      La nueva obra del escritor nacido en la Ciudad de México aborda la desaparición de un cuadro que la pintora Frida Kahlo (1907-1954) realizó, titulado La mesa herida, es decir, que realmente existió, habría sido el más grande que ella llevó a cabo y que en 1955 desapareció sin que hasta ahora se tenga alguna noticia de él. Es por esta pintura que un coleccionista, a quien le han vendido una falsificación, encarga al joven y nerd buscador de tesoros Damián Diosdado dar con el paradero de quien lo timó.      En plática con Litoral, Escalona explica que es así como el personaje y la novela juvenil que el lector tiene en las manos se adentra en la historia del cuadro, de la pintora, del mercado del arte y de las circunstancias de dicha pérdida. Recuerda que se trata de un detective ya conocido por su obra anterior: un joven que tiene conocimientos de casi todo, mucha intuición, experiencia y sagacidad para dar con objetos valiosos perdidos. Proviene de una familia de detectives pues lo fueron antes su abuelo, Leopoldo, y su padre, Lázaro, y ellos fueron quienes lo incorporaron al oficio y le transmitieron todos sus conocimientos.      Al subrayar que se trata de una obra real y un caso de desaparición también e incluso en caso de aparecer la pintura podría romper todas las marcas de precios para una obra en venta, alrededor de 100 millones de dólares, pues Kahlo es una de los artistas plásticos más relevantes en el mundo, la pintora más conocida, acota que lo que cuenta es todo una ficción, por lo que todo el ambiente del mercado del arte, los coleccionistas, los vendedores de pinturas y demás no existen en la realidad, aunque por supuesto hizo una investigación profunda de ese ámbito para darle veracidad a du obra literaria.      Relata que la aventura de la novela juvenil transcurre una cuarta parte en la Ciudad de México, otro tanto en París —es la primera vez que Damián Diosdado “viaja” a Europa— y el resto en Lyon. Entre la trama central se entreteje cada cinco capítulos otra historia similar, el robo por parte de los nazis de un dibujo abstracto, titulado “Teotihuacán”, lo que lleva a adentrarse en el robo en el mercado del arte.      La novela es, pues, también un pretexto para hablar de este mundo, de piezas desaparecidas, robadas, vueltas a aparecer; de piezas famosas que han pasado por este proceso, así como para hacer una reflexión sobre el original y la copia, pero una muy bien hecha, de igual e incluso mejor calidad que la original.      Al detallar sobre esta segunda aparición de Damián Diosdado, recuerda que le antecedió La moneda de la muerte, en la que se le encarga buscar una moneda –que en realidad existió– que Pancho Villa mandó a acuñar con la leyenda “Muera Huerta”. La oficina de su agencia de detectives la tiene en la calle de Motolinía, en el Centro Histórico de la Ciudad de México; su madre es antropóloga y por ser nerd sabe de muchas cosas, como historia, de arte, arte, joyas, numismática, etcétera. Además, sabe apreciar los detalles, atar cabos y descubrir cuando alguien está mintiendo, premoniciones o unir hechos para sacar conclusiones a partir de cosas que a pocas personas se les escaparían.      Por ejemplo, en esta novela durante su investigación va descubriendo cosas a partir de los nombres de las calles, porque antes habían tenido una o dos más y eso le permite atar cabos.      La novela une dos mundos que son muy interesantes, de un lado el de Frida Kahlo, mujer mexicana que se ha convertido en icono mundial por una de sus más visibles características: como mujer nunca rendirse y luchar por lo que en verdad se desea; representa la posibilidad de lo que se puede lograr. Del otro, el del mundo del arte, en cuyo interior hay mucho, pero mucho más de lo que sale a la superficie. Se compran y se venden cosas inverosímiles con el único fin de adquirir status, prestigio o por razones de las más variadas.

La historia del cuadro

En lo personal, al cambiar su residencia a Francia el autor buscó referentes de su nacionalidad para no perder esas raíces y en las pláticas con personas de allá notó que lo primero que salía en la superficie era esta artista, una de las figuras mexicanas conocidas en prácticamente cualquier sitio del orbe, a lo que se sumó el caso de la pintura que da pie a la obra de ficción.      Resulta que la pieza se perdió en un traslado para la gira de una muestra sobre México en Europa y Asia. Años antes la pintora la había regalado a José Stalin como un símbolo de amistad, en un paquete que incluía a otras obras de diferentes pintores.      Sin embargos, el estilo y el “mensaje” de la pieza no gustó a los soviéticos, aunque no la devolvieron. La desaparición sucedió cuando para dicha gira se pidió la pieza prestada y los rusos la cedieron, pero ya en su traslado, estando en Alemania, cambiaron de opinión, solicitaron su regreso y en ese ir, echarse atrás en su aceptación y regresar fue donde finalmente no se supo más de ella, y hasta la fecha.      Escalona menciona que abona a la intrigante situación que el régimen socialista no tenía la mejor impresión de Frida y Diego Rivera, porque los veían como los promotores y facilitadores del exilio de León Trotsky en México.      Por último, Enrique Escalona adelanta que trabaja actualmente en una obra literaria juvenil y que en fecha reciente publicó un cuento sobre el personaje detectivesco de La tercera Frida, dándole un giro a esta faceta de su literatura.