Diálogo entre dos generaciones de ceramistas

*Don José García Antonio y Fernando Peguero García conversaron con relación al tema “Alfarero y barro, oficio y objeto milenario”

*Don José García Antonio y Fernando Peguero García conversaron con relación al tema “Alfarero y barro, oficio y objeto milenario”

Por Juan José Flores Nava

México, 12 de marzo (Notimex).— Dos escuelas, dos generaciones, dos formas de aproximarse al arte compartieron mesa en el Museo Nacional de Culturas Populares, como parte del ciclo “Huehue: diálogos a través del tiempo”, que cada mes reúne a un viejo sabio y a un joven para conversar de algún tema.      Esta vez, en una charla moderada por la comunicadora Laura García Arroyo, conversaron el maestro artesano zapoteco de 72 años José García Antonio y el ceramista (también zapoteco, pero de 32 años) Fernando Peguero García, en torno al tema “Alfarero y barro, oficio y objeto milenario”. Ambos son ganadores del XLIII Premio Nacional de Cerámica, a finales del año pasado.      Don Jose, quien es conocido por sus sirenas de barro y por representar en sus figuras a la mujer oaxaqueña en tamaño natural, dijo durante su intervención que él nunca tuvo un maestro que le enseñara a modelar el barro, pues desde pequeño hacía figuritas para entretenerse y ya a los 23 años decidió dedicarse a hacer artesanías. Su técnica la fue desarrollando con tiempo y trabajo.      Comentó, además, que si bien a los 55 años el glaucoma le robó la vista, no le quitó en absoluto el deseo de vivir con alegría, y mucho menos las ganas de trabajar. Al contrario, dijo que para él ha sido una fortuna seguir creando con la ayuda de sus manos, inspirado y acompañado siempre de su musa: su esposa Santa Reina Teresita Mendoza. Precisamente por eso todas las figuras femeninas que elabora don José tienen en la frente un, lunar igual al de su esposa.      Por su parte, Fernando Peguero García dijo provenir de una estirpe de artesanos. Él es la tercera generación de una familia de ceramistas liderada por su abuela, Teodora Blanco, quien destacó en su pueblo por crear figuras humanas y nahuales en un momento en el que las artesanías eran sólo utilitarias. A ella le siguió los pasos su hija, doña Leticia García Blanco, madre de Fernando.      Con estos antecedentes, parece que Fernando no tenía más que seguir sus pasos. Sin embargo, contó que se metió a estudiar contabilidad, pero sólo duró un año. Después siguió el camino ya trazado por su abuela y su madre y se inscribió en la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Ahora es un artista plástico cada vez con mayor reconocimiento y ha abierto una galería en su pueblo natal: Santa María Atzompa, en Oaxaca.