Un cuestionamiento a la originalidad y lo falso

*La obra de Gabriel de la Mora dialoga con obras originales del Munal

*La obra de Gabriel de la Mora dialoga con obras originales del Munal

Por Pilar Silva

México, 4 de febrero (Notimex).— El hecho familiar de tener el mismo nombre que su padre y “la búsqueda de diferenciar la identidad del mismo nombre y apellido, papá e hijo: Gabriel de la Mora papá, Gabriel de la Mora hijo” en buena medida es el inicio de “Originalmentefalso”.       Desde pequeño, el artista Gabriel de la Mora (1968) tuvo el interés por encontrar las diferencias en ciertas repeticiones y fue en 2010 cuando comenzó con esta serie que el próximo 4 de febrero se inaugurará en el Museo Nacional de Arte (Munal), la cual está integrada por 62 obras, 34 pertenecen a la colección de su autoría, “falsos que se transformaron en originales míos”, 15 originales del acervo del espacio museístico y 13 piezas falsas exhibidas en vitrinas.       En entrevista, relata que en 2002 estuvo a punto de tener un problema con derechos de autor, por lo que se dio a la tarea de estudiar sobre el tema; para 2010, comenzó a tener contacto con varios museos y coleccionistas, muchos de los cuales tenían falsos o habían tenido alguna experiencia al respecto.       Cuestionó entonces qué es la originalidad, qué es lo falso o la mentira, qué es una copia; lo que le dio la oportunidad de platicar con el historiador, curador y crítico de arte mexicano Francisco Reyes Palma y empezar la localización de casos a través de internet, casas de subastas, galerías de arte que sabían de coleccionistas que habían comprado obras y resultaron falsas y negociarlas para tratar de expandir la idea de dibujo, pintura y escultura, que son las tres técnicas madre, las que dan origen al concepto de arte como se conoce actualmente, expone.       Explica que la idea era —y es, porque “Originalmentefalso” seguirá creciendo— localizar obras de arte compradas por muchísimo dinero, intercambiarlas o aceptarlas como donación al proyecto para intervenirlas y transformarlas, a través de un proceso de destrucción, en un original de Gabriel de la Mora y reinsertarlas al mercado; y resalta que el mercado de falsos es inmenso y mientras haya un mercado que adquiere y compra, aumentará de una forma espeluznante.       En este sentido, habla de la pieza de las mil 585 placas, de 117 artistas, ubicada en la sala 1, basada en información de una casa de subastas de la Ciudad de México, que durante 10 años recibió ese número de obras de arte falsas, quedaron en un archivo “y lo que me interesaba; con estos datos, era crear una obra, que es esta instalación donde se van viendo las repeticiones. La línea más larga es Diego Rivera, llegaron a esa casa 219 Riveras falsos”, seguido por el Dr. Atl con 157; Siqueiros con 148; Tamayo, 127; Francisco Zúñiga con 74.

Cuestionar la autoría

Considera que técnica, artística y conceptualmente, éste es un proyecto que abre un sinfín de posibilidades: “el primer impacto de cualquier obra de arte por más conceptual que sea, siempre será visual, te tiene que mover en lo emocional, puedes ver las imágenes; pero no puede quedarse allí, tiene que llevarte a plantear preguntas y dejarte pensando y eso es lo mejor que puede ocurrir en el arte”.       Detalla el caso particular de un supuesto Mario Carreño (1941) comprado por 199 mil dólares durante 1999, en Miami; cinco años después, se descubrió que era falso, por lo que el coleccionista demandó a la galería y logró que la cerraran; esta historia como las demás son “fantásticas”, no podrían ser de la Lagunilla, sino “obras con pedigrí”, en las que estuvieran involucradas fuertes colecciones de dinero, cuestiones legales, que estuvieran documentadas.       Tras mencionar que es esta obra la que abre la exposición, refiere que la idea de “Originalmentefalso” es presentar la serie como un diálogo con la colección del Munal, bajo la curaduría de Abraham Villvicencio, con quien decidió diferenciar entre los falsos, los originales del recinto, los falsos de “Originalmentefalso” y los originales de De la Mora. Se trata, además, de cuestionar a la autoría, juegas con un Frida Kahlo que no es tal, que posiblemente lo hizo un falsificador que, quizá, fue un gran artista que domina la técnica o un ayudante del estudio de la artista.       Añade que a través del proceso de destrucción, las obras en muchos casos pasan “de una imagen a un monocromo, de un falso a un original mío y se empiezan a involucrar cuestiones de autoría, de técnicas, cada proceso, cada pieza pidió una técnica en particular y muchas de ellas tuve que asesorarme con restauradores y ‘alquimistas’, como yo les digo, para extraer el pigmento y de aquí quemar obras, rasgar o romper o utilizar la información de un archivo para hacerlo una instalación o una pieza”.       Subraya que trabaja en muchos lugares al mismo tiempo y varias piezas de esta serie estuvieron en el Museo Amparo, en Puebla. También se han presentado en otros lugares de México y el extranjero. Y se exhibirán próximamente en muestras individuales en Europa y Estados Unidos, donde ha tenido gran éxito. Como en las Galerías Perrotin de París y Nueva York, donde estuvo el año pasado.       Se muestra agradecido por estar en el Munal, “un lugar espectacular en todos sentidos”, reconoce que no se imaginó que su serie pudiera dialogar con obras originales de los autores que tomó dentro del proyecto, como Frida Kahlo, Rufino Tamayo, Joaquín Clausell, José María Velasco, quien sigue siendo contemporáneo y es extraordinario, como todos los que están dialogando en esta exposición” y ve hacia adelante, pues vienen muchas cosas importantes, varias exposiciones colectivas, otras individuales, aquí y en el extranjero.