LITORAL

CALEIDOSCOPIO DE YUKIO MISHIMA

CALEIDOSCOPIO DE YUKIO MISHIMA

El escritor japonés Yukio Mishima, uno de los muchos autores al que se le quedó a deber el Premio Nobel de Literatura, fue mucho más que esa figura entre heroica y patética que quería rescatar el valor de los samuráis, que en su opinión se había perdido sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial y con la nueva Constitución y la “democratización” del país que ella implicó, donde el emperador quedó como figura emblemática. Fue un genio de la palabra, capaz de hacer lo que quería con la palabra, como incluso lo reconoció su compatriota, Yasunari Kawabata.

Esa imagen fue la primera que llegó a México, en los años 70, sobre todo porque el 25 de noviembre de 1970 se quitó la vida a través del ritual del seppuku (harakiri), lo que fue muy comentado por intelectuales mexicanos, entre ellos José Vicente Anaya o José Ontiveros, ya que entonces se tradujo lo que escribió Henry Miller sobre el suicidio del autor de Confesiones de una máscara, entre otros factores. Pero ese es el Mishima de la segunda etapa, mientras que en la primera desarrollo una escritura muy plena, con temas propios de la literatura, de un gran estilo y con un lenguaje muy amplio que enriqueció sus propios trabajos y lo que entonces se hacía en su país.

Así lo señala a Litoral el catedrático de El Colegio de México (Colmex) Guillermo Quartucci, quien posee una maestría en estudios de Asia y África con especialidad en Japón, quien recuerda que quien quizá sea el más grande escritor japonés del siglo XX, autor de 35 novelas, 25 obras de teatro, 200 cuentos y ocho volúmenes de ensayos, tuvo un gran interés por la cultura maya y que estuvo en México, país en el que visitó el sur, el centro y el norte, llevándose una gran impresión.

Explica que en 1957 fue invitado por la Universidad de Michigan para impartir una conferencia sobre la literatura japonesa de su época y su inserción en occidente. Todavía no era conocido como el gran escritor, y estando en Estados Unidos en Nueva York le pidieron que fuera porque se iba a presentar el segundo libro suyo traducido al inglés con cinco piezas de teatro No moderno, obras breves, y querían los editores que estuviera presente. Antes había sido El rumor de las olas y en la gran manzana unos productores de teatro estaban interesados en montar tres de esas piezas como una sola obra y le pidieron escribiera un texto que las ligara.

Lo curioso es que esos empresarios querían que los tres personajes femeninos fueran interpretados por la actriz mexicana Dolores del Río, por lo que durante los preparativos Mishima tuvo contacto con la diva y así con la cultura mexicana. Saturado y dudando de su propia literatura, decidió realizar una gira por el Caribe, visitando Haití, donde presenció un ritual vudú, Santo Domingo y Cuba, entre otros países.

Posteriormente desembarca en Yucatán, porque había desarrollado interés por la cultura maya. Ahí conoció las zonas arqueológicas de Uxmal y Chichén Itzá, queda muy impresionado con ellas y la naturaleza que les rodeaba, y después viaja a la Ciudad de México, donde presencia el Grito de Independencia en el zócalo y al día siguiente el desfile militar. De lo visto también quedó complacido con la sociedad mexicana, pero debía regresar a Estados Unidos y decide hacerlo vía terrestre, por la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso, por lo que rentó un taxi.

De esta experiencia escribe un texto que publica a finales de enero de 1958 en un diario de su país confrontando a las dos culturas, resultando victoriosa la mexicana. Pasar de México a Estados Unidos fue como una decepción, escribe en el texto en el que habla del tequila, el espíritu festivo mexicano, los bailes, la música o la vestimenta. Se refiere a la cultura mexicana como premoderna, en referencia al tipo de modernidad que priva en Estados Unidos y Japón.

El experto en literatura japonesa moderna y contemporánea, medios de comunicación, arte, cultura y sociedad japonesas añade que, en agosto 1961, quien fuera agregado cultural de la Embajada de Japón en México, Eikichi Hayashiya, traduce a ese idioma el libro maya de la creación, el Popol Vuh, y Mishima publica una nota en un periódico de su país en la que recuerda su experiencia en México, en particular en Yucatán y las ruinas mayas.

También menciona haber leído el libro de Sylvanus Griswold Morley, La civilización maya, pero en esta nota ya habla más de aspectos como el concepto de la muerte en esa cultura, con ejemplos como los sacrificios humanos, las guerras, y comenta que en México la muerte es un tema festivo, no una tragedia. Al parecer, anota Quartucci, Mishima se va formando una idea de la muerte con el paso del tiempo; para esos años es algo no trágico, mientras que al final de su vida, hacia 1970, se trataba de algo heroico, gallardo.

Pero la relación inicial de Mishima con México abarca también su literatura y recuerda que la primera obra teatral suya que se montó en México fue La marquesa de Sade, en 1975, y un año después Abraham Oceransky hace una adaptación del cuento Patriotismo y lo lleva a escena con el título de Acto de amor. En este relato, el escritor aborda el tema del seppuku como desenlace heroico y de honor. Del mismo además se realiza una película.

SU LITERATURA

Yukio Mishima, cuyo nombre real es Hiraoka Kimitake, empieza a escribir a los 25 años de su muerte y su obra de entonces no tiene nada qué ver con la segunda, cuando dedica su persona a recuperar el Japón de los valores feudales; había vertido su escritura hacia los temas propios de la literatura, como el amor, vivencias de la vida, y su dramaturgia es de teatro tradicional, el que se conoce como No, pero con temas modernos.

Por ejemplo, El rumor de las olas (1954) habla de un amor sincero entre dos jóvenes, que para algunos expertos se trata de un traslado de la obra clásica griega Dafnis y Cloe. La de Mishima es una historia breve y dramática, lo que habla de que al parecer la idea de la muerte (Tánatos) rondaba constantemente al escritor japonés, comenta al subrayar que no se debe perder de vista al gran renovador de la literatura japonesa que es, un estupendo estilista, de quien el Premio Nobel de Literatura 1968, el japonés Yasunari Kawabata, dijo en su discurso de aceptación: “No comprendo cómo me han dado a mí el Premio Nobel existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras”. Muchos han visto en Mishima a un discípulo de Kawabata, lo cierto es que había una profunda relación literaria entre ambos, benéfica en los dos sentidos.

Su escritura fue siempre en japonés, obviamente, pero con una orientación occidental, de manera que muchas de sus obras tienen una estructura muy parecida a la de obras inglesas y francesas, sobre todo. Sin embargo, con esta disposición, que por cierto no era bien vista en su país, enriqueció al lenguaje literario de su país y el propio. Otra característica suya es que recupera lenguaje arcaico japonés país y lo incorpora a su obra. Sus obras son muy ricas en imágenes, de manera que leer una obra suya es como estar en medio de fuegos artificiales.

OTRO MISHIMA

Otra faceta que oscurece al gran escritor que fue es el de su preferencia sexual, su homosexualismo, o queer como se dice hoy en día, y que se retoma de su primera novela exitosa, Confesiones de una máscara (1949), que es en parte autobiográfica y que tiene como protagonista a un joven que, entre otras cosas, se estimula sensualmente ante la imagen de San Sebastián, ese santo semidesnudo cuyo cuerpo es representado con flechas que le atraviesan.

Para esta versión del escritor también se toma otra novela suya, El color prohibido (1951), en la que hace un recorrido por los bares gay que existían en su tiempo en Tokyo, cuando Japón todavía era un país ocupado.

EL FINAL

La faceta más conocida de Mishima es la del intelectual que se queja del vacío, la falta de valores tradicionales que conllevaba la modernidad a Japón, el consumismo, la occidentalización; y en sentido contrario se pronuncia a favor por recuperar las tradiciones profundas, lo que explica que haya hecho una actualización del Hagakure, el libro por el que se rige el honor de los samuráis y que fue escrito a inicios del siglo XVIII.

Absorbido por esta ideada, el 25 de noviembre de 1970, después de mandar a la editorial la última parte de su tetralogía El mar de la fertilidad, se dirige acompañado de cuatro de sus discípulos en la Tatenokai (Sociedad del Escudo), que él formó, al campamento Ichigaya, donde sujeta al comandante del lugar y sale al balcón para dirigir a los soldados reunidos un manifiesto con sus consignas y demandas, pidiéndoles recuperar la gallardía del samurái, los valores tradicionales de Japón.

Sin embargo, los soldados no le hacen caso y hasta se burlan de él. Entonces regresa a la oficina del comandante para llevar a cabo la ceremonia de seppuku, la cual implicaba su decapitación, la cual fue asignada a su discípulo Masakatsu Morita, quien no fue capaz de hacerla correctamente, por lo que tuvo que ser ejecutada por Hiroyasu Koga.

De acuerdo con el experto del Colmex, Mishima había quedado muy desilusionado porque no se le había otorgado el Premio Nobel de Literatura, aunque todo el mundo decía que le correspondía, en lo que pudo influir la concepción de la Academia Sueca de que era aún joven y se le podía dar más adelante. Cabe mencionar que a Yukio Mishima se le ha comparado con autores como André Gide y Marcel Proust.