Jiménez, un librero diferente del Callejón Paseo de la Condesa

*Aunque de pequeño no le gustaba leer, ahora recomienda a sus jóvenes clientes hacerlo, para ampliar su vocabulario

*Aunque de pequeño no le gustaba leer, ahora recomienda a sus jóvenes clientes hacerlo, para ampliar su vocabulario

Por Evangelina del Toro

México, 10 de enero (Notimex).— Jesús Jiménez Estrada, mejor conocido como Jiménez, librero desde hace más de 40 años, destaca entre sus compañeros en el llamado Callejón Paseo de la Condesa, ubicado entre el Palacio Postal y el de Minería, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.       No solo vende libros antiguos o recientes, así como de todos los géneros, sino también transforma las portadas de otros más, evocando su contenido a través de formas y dibujos que él imagina.      "A veces vendo textos con imágenes diabólicas y llega gente mayor que me dice: por eso, usted no vende, ¿Por qué, señora? Porque usted vende al diablo; si supiera que es lo que más le gusta a la gente, es lo que más vendo. A todo mundo le encanta el terror, sentir miedo".       Refirió que algunos clientes van a su puesto a pedirle que les arregle sus libros, y dependiendo lo que busquen es el costo, que puede ser desde 450 pesos y lo cambia en ocho días.      Recordó que de niño, uno de sus tíos le regaló un libro, pese a que no le gustaba la lectura, le aburría, por lo que empezó a juntar los dibujos que tenía; pegó uno por uno y encima de cada uno, hasta crear una portada diferente.      "Me pregunté qué le haría; comencé a recortar e iluminar los dibujos, pegué hoja por hoja y cuando el libro se hizo gordo, lo terminé. Lo empasté y le pegué una jerga; cuando ya lo tenía hecho, llegó un señor y me preguntó si lo vendía, le respondí que sí para quitármelo de encima y al otro día lo compró en 700 pesos".       Fue así como empezó la transformación de las obras que actualmente vende. “Hice el segundo y dije: 'lo haré más horrible para que nadie se lo lleve' y se lo llevaron. Y aquí continúo, llevo más de 40 años y lo sigo haciendo. He hecho la biblia satánica y los rituales, las clavículas y otros que no he sacado. Tengo fotos de 200 libros, pero he realizado muchos más”.

Librero por herencia

Ser librero le viene de herencia, relató, ya que su padre, tíos y hermanos se formaron en este oficio; él tuvo que pasar 25 años en una editorial, para tomar la decisión de dedicarse a la venta de libros en la calle.      Comenzó en diferentes lugares de la capital, aunque también en otros estados como Puebla, Estado de México y Oaxaca, antes de establecerse en el Callejón Paseo de la Condesa, desde hace aproximadamente 40 años.      —Al abrir un libro, uno puede viajar con la mente a muchos lugares, por eso a todos mis clientes les recomiendo leer, les digo: lean jóvenes, para que se les quite esa palabra "güey"—, indicó.      Recibe de buen ánimo, enfundado en su chamarra negra y sus clásicos lentes oscuros, comienza su día aproximadamente a las 10:00 horas y se retira del lugar antes de las 17:00 horas.      "Cuando llego me persigno, le deseo suerte a mis compañeros, pido para todos. Empiezo a arreglar mis tablitas, al principio solo era periódico en el piso, ahora estoy de lujo; traigo 10 cajas, antes eran dos, poco a poco fui subiendo. Coloco los libros y les pongo los precios, para que estén a la vista y procuro tener de todo", concluyó.