Cien años de la muerte de Benito Pérez Galdós

*España conmemora a uno de los escritores más importantes en su historia

*España conmemora a uno de los escritores más importantes en su historia

Por Julián Crenier

México, 4 de enero (Notimex).? Un día como hoy de hace exactamente cien años, murió el escritor español Benito Pérez Galdós (Islas Canarias, 1843-Madrid, 1920). Fue una madrugada en su casa de Madrid, ubicada en la calle Hilarión Eslava. Sirvan estas palabras como un pequeño homenaje al brillante hombre y a su obra.       Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, islas españolas que parecen ser más africanas que europeas, Galdós fue el décimo hijo del matrimonio conformado por Sebastián Pérez Macías y Dolores Galdós Medina. Su padre, militar que volvió con vida de la guerra, tuvo un fervoroso afán por contar las anécdotas vividas en las batallas contra las tropas napoleónicas durante la guerra de Independencia. Desde ese entonces Benito se interesó por los relatos y las historias.

Gran exponente del Realismo literario

El Realismo fue una corriente estética que predominó principalmente en la segunda mitad del siglo XIX, aunque tuvo sus orígenes en la segunda década de esta centuria. Dicha corriente se aproximó como una renovación a la forma artística para sustituir al Simbolismo y, en especial, al Romanticismo. En ella el narrador se incursiona para “ser en el arte”, como dijo el historiador y crítico literario francés Ferdinand Brunetière, “lo que el positivismo es en la Filosofía”. Para 1843 —año que coincide con el nacimiento de Galdós—, el aclamado escritor Honoré de Balzac se propuso estudiar a la sociedad como un científico estudia la naturaleza.       Es evidente y nadie niega que el Realismo en Europa tuvo grandes escritores como, por ejemplo, los novelistas rusos Fiódor Dostoievski y León Tolstoi. ¿O acaso alguien puede olvidar al gran Gustave Flaubert o al inglés Charles Dickens? Por supuesto que no. Pero, ¿acaso después del Siglo de Oro no existió ninguna literatura de valor en España? En muchos casos creo que el público interesado en las letras españolas no está muy al tanto de lo que sucedió en el siglo XIX. Parece estar olvidado, y en muchos casos, ni siquiera haber existido: casi como si se tratara de un siglo fantasma.       Julio Torri escribió en La literatura española (1952) —uno de los breviarios del Fondo de Cultura Económica—, que “la novela realista española alcanza con Galdós su madurez y sus frutos más sazonados. Por su extensión, alcance social, honda significación humana y por la pintura general de su época, su obra puede parangonarse sólo con la de Balzac, Dickens, Tolstoi o Dostoievski”.       Y es cierto, siendo un español que despreciaba la iglesia y que aborrecía la tauromaquia ?bastante adelantado para su época?, la obra de Galdós siempre es una buena referencia si uno está lejos de Madrid y quiere recorrerla de pies a cabeza como un oriundo de esa ciudad. Para lograrlo no se puede prescindir de su obra. Nadie como Galdós para presentarnos los rincones de la capital española, porque a pesar de ser de Islas Canarias, para muchos españoles el verdadero madrileño es justamente el que no nació Madrid.       Además de ser fiel a la hora de retratar las costumbres y peculiaridades de su ciudad, también fue un escritor consciente de la sociedad que lo rodeaba. Ideologías, comportamientos, sentires, Galdós fue capaz de retratar el fanatismo religioso de los españoles en Doña perfecta (1876), Gloria (1876), y La familia de León Roch (1884).       También fungió un papel como historiador. “En las cinco series de Episodios nacionales”, apunta Torri, “historia los sucesos de España a partir de Carlos IV. Reflejan las vicisitudes de la sociedad española en cerca de cien años, las ideas que imperaron y los conflictos que se debatieron en ese lapso. Además de innúmeros personajes históricos, hay muchos creados por el novelista, vigorosamente perfilados e inconfundibles”.       Marianela (1878), novela que narra la desdichada historia de una huérfana que vive al amparo de la misericordia de la gente, es uno de los textos que demuestran la enorme capacidad de Galdós para desentrañar el espíritu humano. “Encierra un estudio profundo de la psicología de un ciego y una tragedia oscura de un ser tierno y humilde”.       En rasgos generales, se puede enunciar que Benito Pérez Galdós fue una de las plumas que retrató de manera más fiel a la España del siglo XIX, especialmente a la clase media y baja. Quizá por esta razón es que conoció lo que es la censura y la poca tolerancia de un país que no estaba preparado para contener la reflexión. Fenómeno inevitable que su obra suscitó en el pueblo español de aquella época.       Sin embargo, a cien años de su muerte, el valor literario que se le atribuye debe de ser reivindicado y su obra esparcirse con mayor impulso no sólo en toda España sino a nivel internacional. El mundo hispanohablante puede sentirse seguro de atesorar un escritor de la calidad de Pérez Galdós, quien, sin duda, puede competir con los grandes novelistas anglosajones, franceses y rusos del siglo XIX.       Muy probablemente, a la hora de leer estas palabras, el lector que se encuentre en Madrid ya va demasiado tarde. Cuando se publique este texto en la Ciudad de México serán las 7 de la noche en España, no obstante, es importante mencionar que el día de hoy el Instituto Cervantes regaló varios títulos de Benito Pérez Galdós a las primeras mil personas que asistieron a las instalaciones del Instituto. Gran gesto para conmemorar a uno de sus grandes autores.