LITORAL

DESDE EL LIBRERO

DESDE EL LIBRERO

SENTARSE CONFIADO Y LEER

Todos los amantes de la buena literatura recuerdan la espera que Estragón y Vladimir guardan de Godot en la obra teatral de Samuel Beckett, en la que al final el primero pregunta “¿Y si viene?”, a lo que el segundo responde “Estaremos salvados”. En la novela Tus pasos en la escalera, del escritor español Antonio Muñoz Molina, es lo que hace el personaje principal, masculino, del que el lector conocerá su nombre sólo hasta las últimas páginas del volumen de 319 página: esperar.

Muñoz Molina es un escritor con muchos blasones por su buena pluma. Nacido en Jaén en 1956, es miembro de la Real Academia de la Lengua Española, honorario de la Academia de Buenas Letras de Granada y ganador en 2013 del Premio Príncipe de Asturias. Ha publicado también El invierno de Lisboa (1987), Baltenebros (1989), Sefarad (2001), La noche de los tiempos (2009) y Como la sombra que se va (2014), por mencionar algunos títiulos.

En Tus pasos en la escalera su estilo envuelve al lector para conducirlo con suavidad, sin sobresaltos, por la historia hasta su desconcertante final. La descripción de personajes, momentos, objetos, sensaciones y percepciones es clara, no se hace pesada ni aburrida, a pesar de la repetitiva rutina que lleva Bruno, acompañado en todo momento por su avispada e intuitiva perrita Luria.

La novela publicada en 2019 por la editorial Seix Barral hace entrar al tema al lector desde las primeras líneas: Me he instalado en esta ciudad para esperar el fin del mundo. A lo largo de los 52 capítulos se descubrirá que quien habla en primera persona es Bruno y que en el lugar en el que se encuentra está a la espera de Cecilia, su compañera, con quien ha decidido cambiar de ambiente atendiendo sus presagios de que las cosas tal como las conocemos tienen sus días contados.

Así, nos va relatando desde los motivos que le llevaron a decidir su traslado de la ciudad de los rascacielos, Nueva York, a Lisboa, a un departamento ubicado en un piso superior de una calle muy tranquila cerca del río. El autor va soltando datos para que el lector despierto empiece a armar la trama que late debajo de esa aparente calma con la que Bruno va adaptándose al lugar, haciéndose a la idea de que es el refugio perfecto para lo que resta de su vida como lo ha planeado al lado de Cecilia, una investigadora de los misterios del cerebro.

Así, los días pasan mientras el personaje va describiendo los pormenores que implican un cambio de domicilio, la mudanza, empacar y desempacar, acondicionar el nuevo lugar de residencia y el apoyo que para ello recibe del joven multitareas (Alexis) y la mujer del aseo. Todo lo va registrando a detalle Bruno, el lavado de pisos, pintado de paredes, colocación de muebles, prendido de lámparas, cambio de chapas, etcétera. Hasta las salidas para comer en la calle, compra de comestibles, paseos al lado de Luria, todo mientras espera a Cecilia.

De la misma forma nos vamos enterando que elia es una científica, investigadora que busca llevar a la luz los secretos delo cerebro humano, que participa en conferencias internacionales, en una de las cuales Bruno dice que está antes de reunirse con él, con teorías que han recibido felicitaciones de sus colegas. Nos habla de que ella le ha dicho lo impredecible que puede ser ese órgano y, por ende, el comportamiento de las personas. Que el trabajo de investigación no admite fallos, un descuido puede echar a perder todo el plan programado y que hay que repetir todo. Asimismo, que para sentar bases científicas el experimento se debe repetir una y otra vez obteniendo siempre el mismo resultado.

También que el trabajo que tenía el narrador en Nueva York era en Wall Street y de su obsesión por los detalles en el cambio de domicilio, cuidando que todo quede perfecto para la llegada de Cecilia, lo que sabrá al escuchar sus pasos en la escalera que sube al departamento alquilado en Lisboa. Para pasar los tiempos muertos, Bruno ordena cosas, coloca en los lugares que sabe perfectos los objetos de un valor único que la pareja ha adquirido en sus viajes por diferentes partes del planeta o en tiendas de antigüedades y rarezas.

O bebe vino y lee, sobre todo el fabuloso diario del almirante Byrd en el Polo Norte y cómo éste fue hallado después de seis meses de aislamiento casi muerto de hambre y con alucinaciones.

Pero los datos sueltos que va dejando el escritor español permiten al lector ir atando cabos sueltos y descubrir que no todo lo que dice y hace es realidad, que detrás de todo hay una historia que no está contando, que no quiere contar o no puede hacerlo. O las últimas dos. Al final, serán unos cuantos párrafos, algunas indiscreciones de Bruno y el mensaje grabado por Cecilia en el teléfono fijo del departamento, lo que desatará toda la verdad y entonces el lector dudará de todo lo que se le ha dicho, de todo.

Considerado uno de los mejores novelistas actuales de España, Antonio Muñoz Molina se ganó el reconocimiento de la crítica por su novela El invierno de Lisboa, por la que recibió el Premio Nacional de Literatura. Otras de sus obras son Beatus Ille (1986), El jinete polaco (1991), El dueño del secreto (1993) Ardor guerrero (1995), Plenilunio (1997), Carlota Fainberg (1999), Ventanas de Manhattan (2004), En ausencia de Blanca (1999), El viento de la Luna (2006) y Como la sombra que se va (2014). Entre los premios que ha recibido sobresalen el Ícaro, el Crisol, Euskadi de Plata y el ya mencionado Príncipe de Asturias de las Letras 2013, en reconocimiento a toda su carrera