LITORAL

EL INASIBLE CARLOS MONSIVAIS

EL INASIBLE CARLOS MONSIVAIS

En recuerdo de su décimo aniversario luctuoso, el 2020 estará dedicado en el ámbito cultural a Carlos Monsiváis (Ciudad de México, 4 de mayo de 1938-Ciudad de México, 19 de junio de 2010), ese personaje inclasificable de la vida nacional, de quien podrían brotar frases cáusticas y a la vez profundas para descifrar, describir, un momento particular en el acontecer de México gracias a su conocimiento enciclopédico y a su particular visión aguda, para la que, sin embargo, habían temas a los que prestó mayor interés.

Su personalidad era polifacética, obsesivo en algunos temas o aspectos de la vida cultural como lo muestra las colecciones que llegó a reunir y que se muestran en el Museo del Estanquillo, ubicado en el Centro Histórico de la capital del país, que se alimenta justamente de los miles y miles de objetos que logró reunir y para lo que tenía un ojo adiestrado por sus amplios conocimientos de historia, literatura y de la cultura popular de este país y también de América Latina.

En charla con Litoral, el escritor y miembro de la plantilla académica de la Universidad del Claustro de Sor Juana, Pedro Zavala, señala de inicio que Monsiváis era un intelectual que se desenvolvía con mucha facilidad en un amplio abanico de temas, pero esta bastedad lo hacen inclasificable, inasible. Sin embargo, se puede intentar un acercamiento a su persona a través de cuatro aspectos.

En primero lugar, apasionado observador y crítico de la realidad nacional y latinoamericana, por esta costumbre que tenía arraigada desde su juventud que era la lectura diaria de periódicos; en segundo, una persona dedicada a la literatura y su lenguaje, en particular la poesía y las obras del Siglo de Oro español y la latinoamericana contemporánea; y su gusto por el cine, en especial del mexicano precisamente como reflejo de la sociedad que le interesaba descifrar.

Zavala, también profesor de filosofía, fotógrafo y traductor mexicano, agrega una carta y que aún hoy en día a la intelectualidad mexicana le cuesta trabajo reconocer: el Monsiváis protestante, evangélico, que abreva de su vínculo maternal y se alimenta con las lecturas, de escuela religiosa dominical, de lectura de La Biblia, de la cual en particular gustaba por su valioso valor literario la traducción Reina-Valera de 1569, que a la fecha sigue siendo muy utilizada por la comunidad protestante, en particular la revisada de 1909.

Pero incluso con estas cuatro características uno se queda corto al describir a Monsiváis, acota al referir que en el Museo del Estanquillo, el cual exhibe más de 20 mil piezas que él reunió de muchos formatos y variados temas, pero todo auténtico: pintura, grabado, piezas de ornato, caricatura –que era otra actividad que le gustaba y de la que le conocía mucho-, documentos históricos, miniaturas. Todo es impresionante y esa obsesión permite conocer la realidad nacional presente e histórica.

Pero lo suyo no era acumulación por tener piezas, su interés siempre fue documentar los temas que le gustaban y de los que hablaba y escribía con fluidez. Tenía un gusto exquisito, adquiría cosas de las que conocía su valor histórico, artístico o social. Por pertenecer a cierto personaje, haber sido hecho por algún creador reconocido o haber formado parte importante de un momento, hecho histórico e incluso su valor popular.

Además, su uso del lenguaje escrito y hablado revelaba el conocimiento que tenía del mismo. Era cáustico, puntilloso, pero al mismo tiempo revelador y profundo. Al mismo tiempo que utilizaba el lenguaje popular lo hacía con el culto heredado del Siglo de Oro español, con construcciones que brillaban por su elocuencia y/o intelectualización. De la misma forma era su desenvolvimiento en la iglesia protestante, anota quien tuvo la oportunidad de ver una participación suya en ese ámbito. Fue crítico, irónico, cáustico y construyendo imágenes muy completas y descriptivas. Lúcido y rebosante de sabiduría.

Subraya la profundidad de sus comentarios y textos sobre las problemáticas sociales o de la literatura de México y Latinoamérica, inteligencia que desplegaba para comprenden los diversos momentos y capas de una realidad que exige finesa para entenderla, y cita como ejemplos la irrupción del zapatismo, la descomposición del perredismo o de la izquierda latinoamericana, para lo que hacía uso de categorías de diversas materias que conocía, como la filosofía, la literatura, la historia, la religión, etcétera.

LITERATURA MONSIVAISIANA

Una faceta en la que no fue abundante su producción fue en la ficción y, sin embargo, hay una literatura hecha por él, monsivaisiana, de la que han hecho estudios especialistas en su trabajo como Carlos Martínez García y Leopoldo Cervantes Ortiz, quienes encuentran en esos textos ejemplos que resaltan en crónica, ensayo e incluso narrativa, como lo es su Nuevo catecismo para indios remisos (1982), que reúne varios cuentos que fueron ilustrados por Francisco Toledo.

En esa obra queda claro su conocimiento de la creatividad literaria, de las atmósferas, de los contextos, de la historia, señala al mencionar que cada una de esas narraciones cortas está situada en momentos determinados de la historia de México, desde la Colonia hasta la actualidad. Cada pieza exuda el conocimiento enciclopédico que el orgulloso habitante de la colonia Portales de esta ciudad y en los que vuelca su personalidad de acuerdo con los cuatro ángulos mencionados.

Al respecto, invita a valorar su práctica del protestantismo, porque históricamente esta iglesia ha significado resistencia frente a la mayoría católica, pero también ha incentivado el apetito por la lectura y el conocimiento.

Cabe mencionar que, sobre este ángulo poco visto, en una entrevista sobre tolerancia hecha al autor, publicada por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Monsivás reconoció que “mi verdadero lugar de formación fue la Escuela Dominical”, a la que acudía como evangelista, iglesia en la que “la Biblia no sólo era el fundamento religioso… Su papel era muy preciso, la fuente der conocimiento y del comportamiento”.

Zavala recuerda que, si se revisa la historia, en esta iglesia la sed de conocimiento en cultura y ciencia crece a la par de la Ilustración y llega hasta la actualidad y toca a Monsiváis. Al mismo tiempo, continúa, es un espacio de crítica al conservadurismo y la antidemocracia que en el momento en que nace el protestantismo priva en el mundo católico.

MONSI DE CELULOIDE

Carlos Monsiváis sentía un amor especial por el cine mexicano, que lo llevó a participar incluso en algunas películas, desde fines de los años 60 hasta principios del siglo XXI. Se le puede encuentran en las películas Tajimara (1965), escrita y dirigida por Juan José Gurrola; Las visitaciones del diablo (1968), adaptación de la novela homónima de Emilio Carballido dirigida por Alberto Issac; Un mundo raro (2001), de Armando Casas; En este pueblo no hay ladrones (1965), basada en un cuento de Gabriel García Márquez y donde aparece jugando una partida de dominó con Juan Rulfo y Abel Quezada.

Igualmente, en Los caifanes (1967), dirigida por Juan Ibáñez y basada en un relato corto de Carlos Fuentes, cumple el papel de un enfiestado Santa Claus. Su última participación es en Acosada (2002), cinta dirigida por Marcela Fernández Violante.

Pero esta participación en filmaciones forma parte de su personalidad inquieta, ávida de conocimiento y que ya había llamado la atención desde su juventud en personajes de la cultura que lo conocieron desde entonces, como Sergio Pitol, José Emilio Pacheco o Elena Poniatowska, a quienes también llamó la atención su conocimiento sobre muchos temas. Ello le hizo ganar espacios en la cultura nacional, lo que explica sus llamados al rodaje de películas.

Otro aspecto en el que se desenvolvió es en la crónica, forma periodística-literaria en la que llevó más allá a la tradición que existe en México, y que se puede rastrear desde la época de la Conquista de México-Tenochtitlán hasta el siglo XX, donde existieron grandes exponentes como Salvador Novo, pero sin duda es uno de los grandes practicantes del género en la centuria pasada.

En ella destaca por conjuntar los conocimientos que logró reunir en muchas y diversas materias, de manera que en sus textos hallaba la forma de emparentar a personajes tan disímbolos como Martín Luis Guzmán y Juan Gabriel, o momentos y pasajes de la historia nacional, entre ellos la Revolución Mexicana y la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. La lucidez se lo permitía, indica el literato ganador del Premio Mauricio Achar de Novela por su obra All, in Sinatra.

ROMPER INERCIAS

La cultura, la acción cultural, se caracteriza por la especialización. Por ejemplo, un estudioso puede ser experto en cierto autor, corriente artística o momento histórico, Monsiváis rompe con eso, puede reunión conocimientos de todo y conjuntarlos en un texto. Por ello Monsiváis se vuelve inclasificable, su interés era enciclopédico y por ello se vuelve inasible, pero al mismo tiempo puede ser tomado como ejemplo para desburocratizar el conocimiento en los centros de investigación o los círculos artísticos.

La suya es una voz que se extraña a 10 años de su desaparición, y por ello 2020 será dedicado a su figura, a su legado, pues su visión cáustica y al mismo tiempo profunda hace falta en estos momentos en los que es claro que el país vive un cambio significativo, finaliza.