La naturaleza y el sol nacieron para todos: Raúl Serrano

*Los libreros: trabajadores apasionados, encargados de acercar la lectura a un gran público popular, rescatando y dando vida a la tradición de los libros impresos

*Los libreros: trabajadores apasionados, encargados de acercar la lectura a un gran público popular, rescatando y dando vida a la tradición de los libros impresos

Por Julián Crenier

México, 3 de enero (Notimex).— A las afueras de Ciudad Universitaria, en el Paseo de las Facultades, zona reconocida en la colonia Copilco donde se pueden apreciar a estudiantes con prisa, algunos más calmos, y otros con una extensa sonrisa en el rostro después de recibir su tesis impresa, se encuentra una librería de viejo que lleva el nombre de El barco de papel. El dueño y fundador Raúl Serrano se siente grato por el día en que, por meros azares del destino, se incursionó en el oficio al que acabaría dedicando su vida.       "Todo comenzó cuando empecé a vender mis libros personales. No tenía trabajo. Recién había quebrado un negocio y, sin que menos me diera cuenta, empecé a dedicarme a esto de lleno. Comprar y vender libros por todos lados. Nunca tuve el sueño de hacerlo, pero así es esto", compartió Serrano, seguido de recordar que en un principio tenía la idea de hacer ropa casual para mujer, y para lograr recolectar el dinero que daría vida al proyecto comenzó con el negocio librero.      "Mi anhelo, mi ilusión, era juntar dinero para unos rollos de tela y volver a dedicarme a la manufactura, pero conforme fue pasando el tiempo me di cuenta que ya estaba demasiado metido con los libros. Me fascinó y decidí nunca más volver a lo otro. Me siento como pez en el agua con lo que hago ahora. No me arrepiento para nada, le doy gracias al azar o a Dios, si quieres llamarlo de alguna manera".       —Siendo alguien que se dedica a este negocio, ¿es usted un asiduo lector?      —En mis tiempos mozos, de juventud, sí, como cualquier joven que tiene ilusiones y metas. Leí lo que tenía a la mano como buen estudiante de filosofía de la UNAM. No creas que soy un erudito, pero considero que sé lo básico, lo elemental.      Para Serrano, la gran diferencia entre El barco de papel y las grandes empresas libreras reside en el impacto que tienen las modestas librerías, como la suya, en la cultura:      —Todos los que nos dedicamos al libro usado hacemos la titánica labor de rescatar. Si te das cuenta, la mayoría de las librerías de libros nuevos ni siquiera llegan a las colonias populares. Si uno busca, nunca encontrará Sótanos en Chalco, Ecatepec o Tultitlán. Quizá habrá en los centros comerciales, pero yo considero que la venta de libros nuevos es elitista. Por ese lado, los que nos dedicamos al libro usado somos los encargados de acercar el libro un gran público, a uno popular.Los libros y la cultura —¿Cómo es que El barco de papel puede competir con esas grandes empresas?      —Ahora sí que como dice nuestro actual presidente: gracias a las benditas redes sociales. El saber usarlas es lo que nos ha acercado con la gente. A pesar de que conseguimos un espacio cerca de Ciudad Universitaria, antes no eramos muy conocidos. Hasta que empezamos a utilizar las redes lo logramos poco a poco: nos acercó a los estudiantes, a los maestros, y la librería fue ganando mucha popularidad. La gente no es tonta, los estudiantes menos, ya se dan cuenta cuándo es un buen precio y cuándo no. Mientras nosotros consigamos libros, ya sean baratos o caros, la idea es que el libro circule y no se quede estancado, como sucede muchas veces en las enormes librerías de viejo.      Serrano, frente a la digitalización del mundo actual —incluido el mundo digital para el lector y la literatura—, considera que el libro físico es difícil de ser remplazado: "No hay nada como sentarte en tu hamaca, en tu cama, en el W.C., y estar leyendo tu libro" y, subraya, hay algo de romanticismo en ellos...      —Como el encontrar uno muy extraño en un lugar inhóspito…      —Claro. De hecho, cuando era joven me fascinaba meterme a las librerías de viejo de la calle Donceles a hurgar en sótanos o donde fuera, ir a chacharear a los tianguis. Es fascinante, es parte de lo romántico que es ser librero.      José Emilio Pacheco dijo alguna vez que, a pesar de que no hubiera libros, la literatura seguiría existiendo: en las calles, en una conversación cotidiana. Antes no había imprenta y sin embargo existía la literatura oral. Quizá algún día los libros lleguen a perecer y venga una nueva forma de transmitir la literatura, pero para Raúl Serrano todo es muy claro: "Yo siento que no. Decía Borges que el libro es el invento más fascinante del hombre, yo agregaría, además de eso, que es el que más va a perdurar. Lo único que puede darle fin es si el hombre se extingue o si llega una catástrofe natural. Todos los que amamos los libros tenemos la tarea de darles vida y mantenerla".      Dentro de la labor de la librerías de viejo, bien se sabe que se puede llegar a encontrar libros extraños, inusuales, rarísimos. Serrano comparte que: "Muchísimas cosas han pasado por mis manos. Primeras ediciones de Cien años de soledad, ediciones firmadas de Octavio Paz y los Contemporáneos. Aunque quizá lo más extraño que me he llegado a topar es un libro firmado, y hasta con un dibujito de Salvador Dalí, el cual estaba dedicado a un expresidente del cual prefiero omitir el nombre. Ese se lo regalé a un amigo que era un cliente asiduo de la librería. Al principio me había arrepentido, pero fue como un gesto de agradecimiento de mi parte.      —¿Qué le diría a alguna persona que tiene el sueño de abrir una librería como la suya?      —Yo de joven me junté con muchos libreros que me ayudaron a aprender lo que sé, que fueron como una escuela. Actualmente hay una oleada de libreros que están vendiendo por internet y que visitan la librería en busca de promociones. Varios de ellos me piden consejos y me preguntan cómo hacerle. Claro que yo me presto a darles consejos, me da mucho gusto que nazca esa pasión por vender libros. Viendo cómo está el país: tanto descabezado, tanto huachicoleo, tanta corrupción. A mí no me gustaría que mi hijo chiquito crezca en esta situación, si yo puedo aportar mi granito de arena, como librero, lo hago con mucho gusto. Aquí en México hacen falta muchas más librerías, la naturaleza y el sol nacieron para todos, no tenemos por qué ser egoístas con nadie.