Evitar monopolizar la lectura

[El librero y también autor, Marco Celis Vázquez, habla sobre las dificultades que enfrenta una librería de corto alcance en comparación con las grandes corporaciones editoriales a partir de la fi...

[El librero y también autor, Marco Celis Vázquez, habla sobre las dificultades que enfrenta una librería de corto alcance en comparación con las grandes corporaciones editoriales a partir de la figura de la consignación...]

Por Cristóbal Torres

México, 30 de diciembre (Notimex).— “Como librero, no se trata de imponer una venta, sino de sugerir un libro; podemos proponer a la gente su primera lectura de acuerdo a lo que les interesa”, esa es la premisa de Marcos Celis Vázquez, gerente general de Librería Deseo, una tienda ubicada en los contornos de la colonia Moctezuma, a los pies de un puente vehicular que desemboca en la calle Emilio Carranza.      Disfrutando el inicio de la tarde desde la vitrina donde despacha, Celis Vázquez comenta que el nombre de su librería nace del deseo que tenían él y su esposa de tener un sitio de esa naturaleza, después de haberse dedicado 15 años a la industria editorial.      —Poner una librería era precisamente nuestro deseo; buscamos espacios y pensamos que tenía que ser dentro de la misma colonia, porque uno de los propósitos es dar a conocer libros entre nuestros vecinos, incluso entre los mismos conocidos.      El librero comenzó su andanza trabajando en Edamex como vendedor, editorial en la cual posteriormente pudo ser gerente de ventas internacionales y luego gerente comercial. Luego dio el salto a Panorama Editorial como director comercial, hasta que un cambio de dueños hizo que prescindieran de él.      En ambos empleos pudo acumular aproximadamente 15 años de experiencia donde pudo establecer contacto con editoriales, algo que le ha significado una enorme ayuda en un ambiente tan complicado para las librerías pequeñas.      —Gracias a los pocos contactos que pude hacer en el medio editorial cuando fui director comercial es como puedo ahora trabajar por consignación, es decir, son libros que me dejan y después de cierto tiempo sólo pago lo que se vende; lo que no se vende se lo llevan.

Las desventajas de una librería pequeña

De acuerdo con Celis Vázquez, no es común que a las librerías pequeñas les permitan trabajar por consignación, “generalmente les piden que uno haga compra directa”, lo que significa pagar todo un lote sin la seguridad de venderlo. Esto representa “una desventaja porque las grandes librerías tienen consignaciones y además disfrutan de otras condiciones muy favorables”.      —Pensemos en esta temporada —explica Marcos Celis—, a esas librerías grandes les dan, además de su descuento normal, otro mayor para que se refleje en el consumidor final. Nosotros, como librerías pequeñas, no tenemos esos privilegios.      “Solamente te dan un descuento a veces menor que el ofrecido a las librerías grandes, así son sus políticas, es una desventaja. Cuando una librería quiere empezar, es muy difícil que le den consignaciones”.      Para el también autor de su único libro publicado hasta la fecha: Sin cuentacuentos 50 —tiene otros diez títulos inéditos, ya que se ha acercado a editoriales que le han cerrado las puertas por no ser un autor joven ni consagrado—, es muy importante el acceso a diferentes tipos de lecturas, sobre todo cuando la consigna es generar nuevos lectores.      —Hace tiempo envié a Claudia Sheinbaum un escrito, pero me lo recibió uno de sus asistentes, en la cual comentaba que en las ferias de libro se diera oportunidad a todas las editoriales, pequeñas o grandes, de tener el mismo espacio. Hay editoriales que por su magnitud tienen tres, cuatro o hasta cinco espacios y a las editoriales pequeñas sólo les dan uno. No hay equilibrio, estamos haciendo un mercado de libros ya muy monopólico. No le dan el mismo acceso a todos, sin oportunidad de que otros autores salgan y se den a conocer a la población.      El escritor se cuestiona cuáles son las alternativas que ofrece la industria editorial. “Si queremos que la gente lea, ¿qué queremos que lean, qué proponemos para que la gente lea?”. Su conclusión es clara: “independientemente de lo que lean, no hay que monopolizar la lectura”.