LITORAL

ANTES Y DESPUÉS DE LA LECTURA

ANTES Y DESPUÉS DE LA LECTURA

La lectura transforma a las personas, enriquece sus vidas y produce cambios que la mayoría de las veces son imperceptibles. En cada palabra, cada frase o párrafo de un libro dejan algo sembrado en las mentes de los lectores. Les dejan nuevos conocimientos, experiencias, vivencias, placer, por lo que después de terminado un libro alguien no puede ser el mismo de cuando lo empezó a leer, y no se requiere más que un poco se sensibilidad, atención, concentración. Quienes visitan con regular frecuencia las obras escritas por alguien más saben a lo que me refiero.

Así lo han dicho incluso autores de todo el mundo y diferentes épocas. El argentino Jorge Luis Borges, una de las plumas más excelsas de la historia, lo dijo que dos formas: “que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído” y “uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”, frases que son muy bien complementadas por lo dicho por el autor francés Marcel Prevost, para quien “el hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma”, y por la poeta mística Santa Teresa de Jesús, quien escribió que “lee y conducirás, no leas y serás conducido”.

Estudios e investigaciones científicas confirman el poder de transformación de la literatura. En primer lugar, la lectura es un generador del sentido de empatía, es decir de ser compatible con el otro, aunque este otro sea un personaje literario. Con él el lector puede vivir aventuras, entrar en otras vidas, en nuevos mundos y salir victoriosos. Son experiencias que no sólo enriquecen nuestra fantasía, nos hacen vivir situaciones a las que, en muchos casos, debemos enfrentar y superar, ayudando a resolver problemáticas que en la realidad se nos presentan, encontrar su salida y pasar al siguiente estadio.

Especialistas en el tema como Raymond Mar, doctor en Psicología de la Universidad de York, y Keith Oatley, profesor emérito de Psicología Cognitiva de la Universidad de Toronto, Canadá, han revelado resultados de estudios realizados recientemente sobre cómo funciona el cerebro al momento de la lectura e indican que con ésta se activan las mismas zonas del cerebro que lo hacen cuando una persona debe responder a eventos en la vida real. Es decir, esas aventuras literarias las experimenta el lector vívidamente.

Es decir, los lectores se ponen en los zapatos de los personajes de la literatura y viven como si estuvieran en la realidad sus aventuras, lo que significa que los buenos lectores adquieren mayor poder de autocrítica, a la vez que es capaz de discernir y cuestionar mejor las opiniones, las creencias y las actitudes de los demás. De la primera facultad es común que el resultado sea la mejora de la persona, pues al preguntarse por su actuar el lector puede mejorarlo o cambiarlo.

Otro elemento positivo de la lectura es que quien la practica adquiere la fortaleza de apreciar el mundo desde distintas perspectivas, ante las cuales encuentra varias respuestas a lo que se le presenta y por lo tanto mejores soluciones.

Ambos expertos, no obstante, acotan que esos beneficios de la lectura se producen si se lleva a cabo una lectura profunda (“deep reading”), lo contrario a la dispersa, leve e inestable que se realiza con las nuevas tecnologías, los dispositivos móviles, las redes sociales, y que, según un estudio hecho por la Agencia Nacional de Literatura de Gran Bretaña, 39 por ciento de los niños y jóvenes leen en esos instrumentos y sólo 28 por ciento en material impreso. Lo peor es que los primeros han declarado ser tres veces menos afectos a la lectura y menos propicios a tener un libro favorito.

Sobre la lectura profunda, investigaciones realizadas por especialistas como Victor Nell, doctor en Filosofía por la Universidad de Sudáfrica, en Port Elizabeth, profesor del Instituto de Sociedad y Salud de la misma casa de estudios, y director del National Research Foundation Health Psychology Unit y responsable del World Health Organization Collaborating Center Injury and Violence Prevention, han descrito a ese tipo de lectura como más lenta y envolvente, rica en detalles sensoriales y emocionales y morales complejidad.

Así, este tipo de lectura se convierte en una experiencia única y muy diferente a la que sólo implica descifrar las palabras que pasan por los ojos de una persona, y esos estudios han demostrado también que, para tenerla, vivir esa experiencia, son favorables los textos impresos. Con una lectura profunda el cerebro se hace de un lenguaje rico en detalle, de la alusión y la metáfora. Además, el cerebro pasa por un ejercicio más activo frente a las emociones y los dilemas morales que se le presentan a través de los personajes y las situaciones de una ficción.

Un factor que lo favorece, de acuerdo con Nell, es que la lectura profunda despierta el placer, y cuando esto sucede el ritmo de la lectura se hace más lento, lo que la enriquece y permite que accedan a ella la reflexión, el análisis y entren en acción vivencias y opiniones propias. Lo último no significa otra cosa que ampliar el criterio de las personas y los conocimientos, herramientas con las que se enfrentan mejor los problemas que presenta la vida a diario.

Sobre el poder transformador de la lectura y cómo se le puede aprovechar para superar etapas, entrar a nuevos estadios y crecer, el español Alejandro Ordóñez, escritor de 26 años y quien ha publicado libros como Ojalá te enamores, Amar(se) es de valientes y Nadie sale ileso del amor, no duda en afirmar que la literatura es mágica, sana muchas heridas, y lo hace tanto con el lector como con quien escribe. Las novelas, cuentos o poesía en prosa, entre otros géneros, posibilitan la empatía al colocar al lector en los zapatos del personaje, vivir con él aventuras y superar obstáculos, aprende a no rendirse para alcanzar las metas establecidas.

A Litoral, dice desconocer si transforma la mente, pero está seguro que sí lo hace con el corazón, porque en la lectura hay gozo. Sin embargo, aclara, no existen lecturas específicas para enfrentar problemáticas del mismo tipo de las personas, pero en la variedad de lecturas habrá una enseñanza, una semilla sembrada que servirá a las personas para crecer, fortalecerse y salir avante. Cualquier libro, no importa si fue leído hace mucho, será recordado para enfrentar un momento presente, es decir, será traído a la actualidad porque en este momento ayuda.

Por ello, recomienda que las personas vayan una librería y se pierdan en ella, porque en un libro hallará una ruta de salida, de cambio, de saltar de un momento a otro en la vida; dar el paso siguiente. La lectura es siempre recomendable.

También a Litoral, Gaby Pérez Islas licenciada en Literatura Latinoamericana con maestría en tanatología y especialidades en codependencia y familia y en logoterapia, además de autora de los títulos Convénceme de vivir, La niña a la que se le vino el mundo encima, Viajar por la vida, Elije no tener miedo y Cómo curar un corazón roto, asegura que un libro es siempre un buen amigo y el poder curativo de la literatura es maravilloso, en cualquiera de sus géneros.

A través de un personaje literario que aprende a supera momentos, retos, el lector puede aprender o deducir cómo resolver situaciones. Si leemos o nos han leído desde pequeños no es necesario que alguien nos señale esa cualidad en un personaje, la mente lo entiende por sí misma, hace esas conexiones. “El libro es un compañero maravilloso para las noches oscuras del alma”, permite olvidar situaciones difíciles por un momento, activa el poder de atar cabos y, al volver a la realidad, con calma y esos conocimientos se pueden tomar decisiones, aceptar la nueva realidad, entrar a nuevas etapas.

Por último, hace notar que en la actualidad y desde hace varias generaciones existe una crisis existencial, la gente no encuentra sentido a su vida, y la literatura puede ser el motivante que requieren.