El Bibliógrafo, librería de viejo a contracorriente

*Tras el auge de publicaciones digitales y en un país donde la lectura no es el principal hábito, dicha librería está por cerrar sus puertas después de reportar bajas ventas...

*Tras el auge de publicaciones digitales y en un país donde la lectura no es el principal hábito, dicha librería está por cerrar sus puertas después de reportar bajas ventas...

Por Cristóbal Torres

México, 23 de diciembre (Notimex).— Con casi 100 años de tradición librera, Penélope Casillas Thompson lucha una batalla por mantener a flote El bibliógrafo, local que ofrece libros de viejo en la colonia Moctezuma II Sección dentro de la Ciudad de México. En una ávida maniobra ha decidido lanzar su última carta: todos los libros a 10 pesos.       “No es libro escogido”, aclara la librera en entrevista con Notimex, pues “estamos planeando la unificación del precio del libro; queremos castigar el precio para que sea más fácil comprarlo... desgraciadamente han subido mucho sus costos”.       —La gente va dejando de comprar libros porque se enajena con la tecnología; ahora estoy en proceso de cierre, todo mi librero está a diez pesos la pieza, ¡todo!, porque, si no consigo empatarme en rentas, me van a sacar del local.       Penélope es la quinta generación de libreros; su bisabuela, Dolores Gómez, inició la compra y venta de libros durante el año 1920, en la esquina de lo que hoy es Tacuba y Eje Central, a los pies del edificio de correos.       “Mi bisabuela es la primera generación, luego viene mi abuelo; luego mis papás; luego vengo yo y mi hermano; luego viene él”, señala a su hijo Alejandro, de 21 años de edad. “Le digo que, a falta de su abuelo, mi socio es él; no hago nada sin que lo decidamos los dos”, añade Penélope, quien también usa el local como centro cultural. “Si algún día quieres hacer una tertulia de poesía o una noche bohemia, puedes organizarlo aquí; esto no tiene costo, a nadie se le cobra la entrada ni se le paga a nadie por lo que vienen a hacer; todo es una cuestión de hacer circular la cultura”.

Un legado de 100 años

Su padre, Francisco Javier Casillas Montes, fue quien le inculcó el amor por los libros. “Él desde los tres años ya estaba en librerías y a partir de ahí se abrió paso; no es porque sea mi papá, pero jamás en mi vida voy a volver a conocer a alguien que sepa tanto, era una exquisitez verlo trabajar”.       Sin embargo, el señor Casillas nunca la dejó trabajar si antes no terminaba una carrera. “Yo siempre iba a pedir trabajo en Donceles”, donde tenía familiares; pero su padre llamaba a los libreros para evitar que le dieran empleo. La puerta se terminó abriendo de manera circunstancial.       Justo cuando estaba a punto de conseguir empleo en Canal 11 como auxiliar de edición, “me habló mi tío Fermín de la librería y me dijo que se había ido una cajera; me preguntó si podía ayudarle dos semanas. Nunca me imaginé que esas dos semanas se convertirían en 27 años”.       Para Penélope aquello fue “algo increíble” porque “el mundo de los libros es maravilloso: te atrapa, pero también te esclaviza”. Aunque reconoce que su labor llega a ser por momentos muy esclavizante, “también es muy maravilloso".       Dentro de una conocida red social, junto con su socio e hijo abrió un perfil: El Bibliógrafo, noble tradición literaria, donde suben un catálogo “que es imposible tener actualizado” pues “puedes tener un solo ejemplar de un título y al día siguiente te pueden llegar 100 nuevos libros”, por eso “es difícil tenerlo al día”.       Junto con esa página también abrieron Los tesoros del incunable, “el nombre surgió por una de las librerías que tuvo mi papá”. En ella intentan hacer lo que el señor Francisco Javier realizaba en sus tiempos de librero: explicar todo el trasfondo de las publicaciones impresas, de esos artefactos culturales llamados libros; “pero él ya lo tenía aquí —dice Penélope señalando su cabeza—; en cambio, nosotros tenemos que estudiar todo el libro, hoja por hoja, saber todo acerca de él”.       La librera pretende que su tradición familiar alcance el siglo de vida, “si logramos sobrevivir, lo vamos a festejar el 9 de de septiembre de 2020, porque un domingo 9 de septiembre de 1945 a las tres de la tarde nació mi papá: el bibliógrafo”.