LITORAL

IN MEMÓRIAM

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WILHELM GRIMM, UN APASIONADO COLECCIONISTA DEL FOLCLOR ALEMÁN

Caperucita roja, La Bella durmiente, Blancanieves, Cenicienta, Pulgarcito, Juan sin miedo, Rapunzel y, desde luego, Hansel y Gretel, son algunos de los más populares cuentos de hadas que se conocen y son de la autoría de un par de autores que nunca imaginaron que su labor de rescate del folclor alemán tendría el impacto que tuvo en la cultura del mundo y mucho menos lo imperecedero de su legado que, literalmente, ha pasado de generación en generación.

Fabulador, compilador de leyendas y poeta, Wilhelm Grimm es integrante de esa dupla, un autor imprescindible de la literatura universal, en general, y de la alemana, en particular, donde es mucho más que un escritor de historias infantiles, por los cuentos que escribió al lado de su hermano Jacob, abogado, mitólogo y etnógrafo, pues también destacó por su labor como folclorista y por ser uno de los creadores de la Germanística, tradición que supo rescatar la oralidad y devolvérsela a su pueblo.

Así lo consideró en su momento, su hijo Hermann, para quien lo hecho por los hermanos Grimm (Wilhelm y Jacob) “no fue un simple acto de apropiación del acervo narrativo popular, sino ante todo una restitución al pueblo alemán de una riqueza acumulada durante años, que se había dispersado y sobre la cual pendía el peligro de perderse para siempre”.

A 160 años de su muerte, ocurrida el 16 de diciembre de 1859, el lingüista sigue siendo recordado sobre todo por el legado literario que dejó al lado de Jacob y que los posicionó entre los principales estudiosos de los cuentos y relatos tradicionales europeos, aunque otro de sus méritos, quizá el mayor de ellos, fue sin duda haber podido hacer tan buena mancuerna con su hermano, teniendo ambos caracteres y apuestas profesionales muy diferentes.

Según sus biógrafos, nació en Hanau, el 24 de febrero de 1786, en el seno de una familia acomodada y muy religiosa, y que se quedó huérfano muy joven. Se sabe que estudió Derecho en la Universidad de Marburgo, donde conocieron al folclorista Clemens Bretano, quien les despertó la pasión por la literatura popular y les encargó, por medio de su cuñado Friedrich Carl von Savigny, la búsqueda de algún tesoro de la poesía popular alemana.

Cuentan que su gusto y tradición por la lengua alemana los llevaría después a desarrollar un proyecto propio, relacionado con relatos populares, lo que los hizo recorrer el país, entrevistar a los lugareños y recoger los usos de la lengua y el folclor de cada sitio, así como los cuentos que recordaban haber escuchado de niños.

La delicada salud de Wilhelm le había impedido tener un empleo, pero había sido bibliotecario en la Universidad de Kassel, donde lo había contactado Bretano y en 1811 había publicado su primer trabajo importante en solitario, titulado Cantos épicos daneses antiguos. Un año después, Wilhelm y Jacob darían a conocer la primera edición de Cuentos de la infancia y del hogar, que en 1816 tuvo su segunda edición, corregida y aumentada, en la que se incluyeron 200 cuentos folclóricos recuperados de la tradición oral, historias con muy pocos retoques lo que convirtió la obra en una de gran valor por emplear criterios muy cercanos a los de la etnografía moderna.

En esta compilación, que sin pretenderlo acabó siendo la obra maestra del movimiento romántico, también aparecían historias como Los músicos de Bremen, El lobo y los siete corderitos, El sastrecillo valiente, El pájaro de oro, Los tres pelos de oro del diablo, La muerte madrina, El pescador y su mujer, Los doce hermanos y La niña de los fósforos.

Su aporte, relatan los especialistas, se observa en el prólogo donde defiende a los cuentos folclóricos contemporáneos como descendientes directos de los mitos religiosos antiguos, y su importancia literaria e histórica muy por encima de lo que se había considerado hasta entonces.

Algo más que el éxito editorial los movía, al grado de renunciar a sus cargos para dedicarse a estudiar de lleno la literatura folclórica y antigua alemana, que los llevó después a publicar varios tomos de Leyendas alemanas y a Wilhelm en particular su estudio Sobre las antiguas runas.

También hicieron traducciones como la del libro Leyendas y tradiciones de hadas del sur de Irlanda, de Thomas Crofton Croker, con un prólogo que describía sus ideas sobre los cuentos de hadas paneuropeos. En una época en la que también se centraron en textos arcaicos con fuerte presencia popular, de los que nacieron Cantar de los Nibelungos.

Fue a finales de los años 20 que decidieron seguir caminos diferentes, lo que sirvió a Wilhelm para continuar su labor medievalista con Las leyendas heroicas alemanas, mientras Jacob se centró en los estudios filológicos. Al perder el favor del príncipe de Hessen-Kassel se volvieron a emplear como bibliotecarios y profesores hasta que en 1840 aceptan la invitación del rey de Prusia, Federico Guillermo IV para enseñar en la Universidad de Berlín, lo que les permitió tranquilidad para emprender un proyecto más ambicioso, que fue un diccionario alemán que recogía todas las voces alemanas con anotación de etimologías, variantes a lo largo de la historia, desarrollos semánticos, usos diversos, dialectismos, coloquialismos y citas de dichos y proverbios.

No obstante, Wilhelm, quien se casó y tuvo tres hijos, no alcanzó a ver culminada la obra, pues murió mientras ésta era redactada, siendo nuevas generaciones de filólogos los encargados de concluir esta empresa, que fue modelo de muchas otras iniciativas similares que surgieron en Europa.

Sobre los cuentos, vale decir que han sido reeditados en multitud de ocasiones y los castigos y los finales han ido blanqueándose a lo largo de casi dos siglos, por ejemplo, en la versión de 1812, las hermanas de Cenicienta se cortan los dedos de los pies y los talones para que les entre el zapato. Adema´s, las palomas benefactoras de la protagonista le sacan a cada una un ojo al entrar y otro al salir de la iglesia el di´a de la boda de la doncella, con lo que quedan ciegas de por vida.