LITORAL

TINTA FRESCA

TINTA FRESCA

CARTOGRAFÍA ÍNTIMA, GUIÑO DE VÍCTOR BENÍTEZ A LA LITERATURA CONTEMPORÁNEA

Amante de la literatura, pero también de la fotografía, el veracruzano Víctor Benítez ha logrado conjuntar sus dos pasiones en el proyecto internacional Cartografía Íntima, Habitaciones literarias, que se exhibe todo noviembre en la Galería Luis Cardoza y Aragón de la Librería Rosario Castellanos, de esta ciudad. Allí, 30 imágenes sirven de adelanto para conocer la ambición de este joven fotógrafo que, con su lente, escudriña la intimidad de los espacios creativos de un centenar de autores de varias edades y gustos.

Juan Villoro y un gato que lo mira fijamente mientras trabaja; Margo Glantz y su vieja máquina de escribir llena de memorias de otros tiempos; Mario Bellatin y su único cuadro en casa; Rosa Montero mirando el horizonte; son algunos de los rostros que están ahí para develar lo que pasa con la literatura en diversas latitudes. Se trata, explica, de un proyecto que posibilita la promoción de las letras, pero al mismo tiempo un escaparate para que los autores sepan qué pasa con sus colegas en el mundo.

Benítez pretende llegar a más lugares e incluir a más autores en busca de documentar el rostro de la literatura actual y de crear una memoria. El interés por este tipo de trabajo, expone, no le llegó como un hecho específico, ni de la noche a la mañana, es algo que ha venido “arrastrando” desde siempre, aunque fue hasta los 20 años que empezó, sin conocimiento previo, a encontrarse con la cámara y a tomar fotos en las condiciones que él proponía.

Su premisa, explica a Litoral, es que tanto la literatura como la fotografía son dos oficios que se ejercen en gerundio: haciendo, practicando, ejerciendo.

Benítez, hoy de 28 años, estudiaba Literatura en la Universidad Veracruzana pero dejó todo para venir a la Ciudad de México e integrarse a su pujante vida cultural, de pronto se topó con un despacho de relaciones públicas que lo acercó más al mundo de la literatura donde pudo sentirse como pez en el agua; comenzó a hacer contactos y aunque pasó un tiempo antes de que se dedicara al proyecto, fue ahí donde se gestó todo, y donde fijó como hilo conductor el retrato de autor hecho en sus casa o estudios, en sus lugares de creación, sus espacios íntimos, a los que no cualquiera tiene acceso, a fin de romper el mito de cómo vive un escritor, el cliché del autor en pantunflas, lo cual implicaba investigar y evidenciarlo en imagen, para concluir que hay más de una forma de ser escritor.

Ahora, después de varios años de trabajo, llega esta exposición y Benítez espera que sea la primera de muchas, para que la selección se pueda ir ampliando. Por ahora, dice, sólo son 30 imágenes porque no tiene ningún tipo de apoyo, todo ha salido de su bolsa y, sin ser queja, espera que pronto se sumen más instituciones o particulares que apoyen este esfuerzo de promoción de la lectura y preservación de la memoria.

Sobre la selección de esta primera muestra, comenta que no hay una metodología o idea preconcebida al respecto, que más bien tuvo que ver con la logística pues por el número no podía incluir a todos los españoles o a todos los mexicanos, así que se decantó por su gusto personal, escogiendo a ambos extremos, unos jóvenes y otros ya consagrados, pero además de toda la cadena del libro: autores, editores, ilustradores, etcétera, gente que se ha dedicado al libro desde diferentes trincheras, entre ellos destaca Alejandro Magallanes, el ilustrador, quien además es el encargado de la identidad de esta cartografía.

Estoy seguro, señala Benítez, “que cuando veamos que es muy importante el espacio donde han habitado escritores como Ángeles Mastretta, Elena Poniatowska, Xavier Velasco, Alberto Ruy Sánchez, Ray Loriga, Jorge F. Hernández, Tedi López Mills y muchos otros autores iberoamericanos retratados en México y España, le vamos a dar otro valor”.

Sobre las dificultades para capturar el momento preciso donde confluye el escritor con su oficio y la cotidianeidad, comenta que hasta ahora no ha vivido el rechazo de nadie, todo ha fluido de manera natural, en medio de amenas charlas que pueden girar o no en torno a la literatura, pero que al final han sido confesionales, pues han servido para develar ese espacio íntimo con el que tal o cual autor tiene contacto para ponerse a crear, sin que se sienta transgredido.

Además de su proyecto artístico, Benítez hace foto por encargo y tomas publicitarias para subsistir y para seguir trabajando en este portafolio que, reconoce, es prácticamente un proyecto de vida al que, por ahora, le apuesta todo.