LITORAL

ATRAPASUEÑOS

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RENOVARSE O MORIR, EL RETO DE LA LITERATURA

Escribir una novela dirigida al sector juvenil, adolescente, requiere de timing, feeling, y aún más cuando se aborda un tema delicado en el que se requiere enviar un mensaje sin caer en clichés ni en un tratamiento aleccionador moral, y a ese reto respondió el escritor mexicano Alberto Chimal en su más reciente novela, Una noche en la zona M (2019), en la que plantea un mundo post apocalíptico ambientado en México, producto de un desastre ecológico.

Consciente de que se trata de un asunto abordado por otros autores, el escritor nacido en el Estado de México acota que son obras principalmente de habla inglesa, que también ha sido llevado a las pantallas chica y grande, pero por primera vez, hasta donde tiene conocimiento, es ubicado en tierras mexicana. En ese mundo, precisa, la sociedad como la conocemos se derrumba y se tiene que levantar una nueva, con dificultades de todo tipo.

Al recibir a Litoral en su casa, el también dramaturgo y ensayista enfatiza que una diferencia más es que esa sociedad devastada se debe al calentamiento global, no tanto a una guerra atómica mundial, como en otras obras se hace. Además, señala, es un producto literario diferente a lo que se ha hecho en México.

En el ambiente que se plantea vive una adolescente llamada Zita, quien además de las situaciones que debe vivir alguien de esa edad se suma el que tenga que sobrevivir en un mundo post apocalíptico, una situación parecida a la vivida en la época feudal o en el México precolombino, en este caso con una serie de reinos asentados en el Valle de México. En ese ambiente, ella debe huir después de conocer ciertos hechos que no conocía sobre su origen y el del mundo que una vez hubo, para después decidir qué es lo que debe hacer no solo para su propia supervivencia sino también la del resto de los humanos que quedan.

Pero se debe tener la sensibilidad para evitar que una novela de este tipo se vuelva de distracción, de relajo, de aventuras; tampoco debe ser aleccionadora. Hay que encontrar el lenguaje, ritmo y la sensibilidad para cumplir el interés de plantear el tema de un futuro posible e invitar a la reflexión, para lo que es más ideal la literatura, por sobre otros medios como es el periodístico. Al respecto, el autor que forma parte del cartel de autores a participar en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil 2019 comenta la importancia de respetar la inteligencia de los jóvenes para que hagan su propia reflexión, saquen conclusiones y tomen decisiones.

Es en verdad complicado escribir una obra de este tipo, porque se debe crear un escenario verosímil conforme a los datos y conocimientos que se tienen en la actualidad. Lo mismo debe ocurrir con los personajes, deben ser consistentes, para que no sólo sean portavoces de un mensaje, sino que tengan una vida propia y a partir de ella puedan ayudar a transmitir una historia.

Destaca que cuidó mucho salir de clichés ya hechos en las novelas post apocalípticas, por lo que buscó que su personaje central fuera una joven, no un varón, que además está acompañada en los personajes principales por mujeres. Tampoco se trata de una novela de forja de héroe, es decir de una chica que se convertirá simplemente en heroína. Al contrario, se trata de una obra de crecimiento, de auto conocimiento y de lucha y oposición a un sistema establecido. Tampoco está asexuada la novela, es decir no se trata de personajes femeninos que visten trajes que las hace ver como sex symbols, convertidas en un objeto dedicado a la mirada masculina.

Tampoco es una historia que cumple patrones como el que en un ambiente post apocalíptico se formen grupos que luchan para quedarse con un trono, porque en un ambiente empobrecido como el que se presenta la lucha principal es por la sobrevivencia y por mantener el conocimiento, en una tierra que ha perdido su fertilidad o la tiene contaminada, lo mismo que el agua y el aire; los animales han desaparecido casi en su totalidad, sobre todo los más grandes, entre ellos muchos de los que sirven de alimento al ser humano. Tampoco hay armas de fuego.

El reto, establece, fue encontrar modos de vida en un mundo así que se acerquen más a lo que se vive en la realidad actual que a lo que presenta el mundo de Hollywood. Para ello realizó una fuerte investigación respecto a las condiciones reales en las que posiblemente quedaría la Tierra y las tecnologías que se necesitarían para sobrevivir en un ecosistema devastado. Así, se aleja de teorías fatalistas las cuales señalan que toda forma de vida se extinguiría, o de la cínica, de que como ya todo está echado a perder, pues terminemos con ello. Se direccionó a, por ejemplo, cómo se podría sobrevivir en una Ciudad de México destruida y que ha quedado aislada, sobre todo porque es un territorio que carece de tierras cultivables.

Entonces buscó qué clase de cultivos serían posibles hacer, cómo y dónde, los animales que se podrían explotar. Energéticos como la gasolina ya no existirían, se debería utilizar la energía solar y la generada por la misma fuerza humana a través de especie andadoras-dínamo. Del agua y cómo serían las plantas tratadoras que la descontaminarían

La organización social y los cambios en el lenguaje también fueron completamente pensados, todo ello en tipos de organización y convivencia que retomarían ciertos elementos de la organización de los pueblos prehispánicos, cuyos restos quedarían, como las ruinas del Templo Mayor o los vestigios de trazos de la ciudad que se hicieron a partir de las calzadas que comunicaban a los pueblos precolombinos, como son las de Tlalpan o la de Azcapotzalco.

La novela es una especie de interregno, acota, es decir de una comunidad formada por clanes, grupos humanos semi bárbaros que dejan en el aire la construcción o no de una nueva sociedad civilizada, porque los especialistas hablan de que al quedar desarticulada la presente, los grupos restantes tenderían a disgregarse más que a reunirse.

Sí se puede entender como una advertencia de lo que puede suceder, señala al anotar que en la literatura de Occidente existe una tradición literaria de siglos que se pregunta por lo que nos depara el futuro. En México no lo ha habido tanto, tal vez rarezas del siglo pasado como la de Marco Antonio Almazán, que fueron más bien un tono paródico o fársico, pero ahora aparecen más obras que proponen una reflexión porque se trata de un tema que está en el ambiente, importante en la discusión cotidiana. Por ejemplo, la decisión de Estados Unidos de salir del Acuerdo de París, lo que es grave para la salud del planeta.

Alberto Chimal refiere que es un tema que es importante debatir actualmente, y por ello es importante que en el mundo editorial se hallan eliminado las barreras existentes para abordarlo. Con seguridad aparecerán cada vez más novelas de este tipo, porque además de que es algo actual, debe haber un debate al respecto, lo que está muy presente entre la juventud actual, que es a la cual les tocará con la posibilidad de un mundo así.