LITORAL

IN MEMÓRIAM

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COHERENCIA, MARCÓ LA TRAYECTORIA DE LA BRASILEÑA CECILIA MEIRELES

Partidaria incansable de las libertades individuales fue la poeta, periodista y profesora brasileña Cecilia Meireles (1901-1964), una de las mejores plumas del siglo XX en el continente, quien supo romper con todos los tabús que la sociedad le imponía, al manifestarse a favor de la democracia y en pro de una educación más moderna, en un periodo en el que autoritarismo ganaba terreno en su patria.

Su vida no fue fácil, perdió a su padre tres meses antes de nacer y a su madre cuando apenas contaba con tres años de edad. Su abuela materna se haría cargo de ella, en un hogar lleno de libros y de soledad que ella supo aprovechar. Se dice que comenzó a escribir desde los nueve años, que a los 16 ya se había unido a las labores del magisterio y que a los 18 inició su trayectoria literaria con sus primeros sonetos reunidos en Espectros, de 1919. Se sabe que también estudió canto y violín en el Conservatorio Nacional, aunque no fueron caminos que le interesara explorar más adelante.

De su vida personal se sabe poco, salvo que en la década de los 20, cuando publicó libros como Nunca más… Poema de los poemas (1923), Crianza, mi amor (1924) y Baladas para el rey (1925), poco afines con el nacionalismo imperante, se casó con el pintor portugués Fernando Correia Dias, quien había ilustrado algunos de sus libros, y con quien tuvo tres hijas (María Matilde, María Elvida y María Fernanda), pero se suicidó en 1935.

Fue en los años 30 que, tras dedicarse de lleno a la docencia y a la escritura de sus libros, incursionó en el periodismo, en el Diario de Noticias, donde tenía una página sobre los problemas de la educación, en la que pugnaba por una escuela pública, libre, mixta, y sin la interferencia arbitraria de la familia ni de la iglesia. Se dice que en ese periodo escribió un total de 960 artículos en los que luchó letra a letra por una república democrática, muy diferente a la que ofrecía el totalitarismo autoritario posterior a la revolución de los años 30, ganando enemigos a granel en los sectores gubernamental y religioso, que aspiraban a acrecentar su poder y veían mermada su popularidad.

Meireles puso fin a esta Página de Educación en 1933, por la persecución que se ganó de la dictadura encabezada por Getulio Vargas, aunque regresó al periodismo poco después, ahora en el diario carioca La nación, que la contrató para escribir de todo, desde folclor hasta literatura, excepto, expresamente, sobre política.

Luego del suicidio de su primer esposo y de la aparición de Viaje, su obra más importante, con la que ganó el reconocimiento como poeta, se volvió a casar, ahora con Heitor Grillo, y regresó a escribir para La Mañana, una columna semanal de folclore, en los años 50 volvió al Diario de Noticias, donde editó el suplemento literario, para terminar su carrera en los años 60.

Meireles, quien había nacido el 7 de noviembre de 1901 en la Tijuca, Río de Janeiro, Brasil, para convertirse en la primera voz femenina de gran expresión en la literatura brasileña, retomó la docencia en los años 40 cuando impartió clases de literatura y cultura brasileña en la Universidad de Texas, al tiempo que scribía Música vaga (1942), Mar absoluto (1944), Retrato Natural (1949), Romancero de la desconfiada (1953) y Poemas escritos en La India (1961).

De acuerdo con estudiosos de su obra, su participación poética se había iniciado en la última fase del modernismo brasileño y marcó la pauta de una poesía con una línea personal, alejada de lo concreto y lo cotidiano para descubrir mundos abstractos que tejieron su red en las sensaciones, para crear una poesía que sugiere y que no se inmiscuye en la poesía como noticia poética, como fue el caso de sus colegas Manuel Bandeira y Carlos Drummond de Andrade.

La vida, el amor, el mar como realidad y como símbolo y la muerte fueron de los temas más recurrentes a lo largo de su obra, que fue reconocida con premios como el de Poesía Olavio Bilac de la Academia Brasileña de las Letras, por su libro Viaje en 1939; en 1942 fue designada socia honoraria del Real Gabinete Portugués de Lectura en Río de Janeiro, en 1952 Oficial de la Orden del Mérito de Chile; en 1953 Socia honoraria del Instituto Vasco da Gama, en Goa, India, y Doctora honoris causa de la Universidad de Nueva Dehli; en 1962 Premio por traducción en teatro, de la Asociación Paulista de Críticos de Arte; en 1963 obtuvo el Jabuti por la traducción del libro Poemas de Israel y un año después, el mismo pero de Poesía por su libro Solombra.

La poeta, con más de 50 materiales publicados, a quien se ha comparado con la chilena Gabriela Mistral, por su interés en la educación, su afición por los viajes y su distancia respecto a los experimentos formales de las vanguardias, murió de cáncer el 9 de noviembre de 1964, en su ciudad natal. De manera póstuma aún apareció Cántico.