Coro del Teatro de Bellas Artes presenta Plegarias de un día

Por Cristóbal Torres

Por Cristóbal Torres

México, 26 de octubre (Notimex).— El Coro del Teatro de Bellas Artes presentó el concierto Plegarias de un día, en el que hizo un recorrido por la música sacra del siglo XVII hasta la época actual.      La presentación estuvo dedicada a la mezzo-soprano Eva Rojas Santiago y al barítono Armando Becerra Guerrero, quienes ofrecieron su última presentación con el coro después de 31 años formando parte de este.      El programa fue dividido en cuatro partes: "Tradición alemana antigua", "Tradición italiana antigua", "Tradición alemana romántica" y "Siglo XXI".      Las secciones alemanas ofrecieron obras como Alle Menschen müssen sterben (Todos los hombres debemos morir), de Bach, y motetes de Schütz, como Selig sind die Toten (Buenaventurados son los muertos); mientras que la parte italiana brindó De profundis, de Pierluigi da Palestrina, y madrigales de Monteverdi, entre otras obras.      El coro contó con la presencia del director huésped, Stefano Ragusini, originario de Pordenone, Italia, quien ya había sido invitado anteriomente al Palacio de Bellas Artes para dirigir Las bodas de Fígaro, de Mozart, y El Murciélago, de Strauss II.      Cada obra fue antecedida por la introducción de un narrador, quien partía del título de las composiciones para leer fragmentos relativos a la letra de las piezas.     Zegeunerleben (Vida gitana), de Schumann, y Liebeslieder Waltzes (Vals de canciones de amor), de Brahms, contaron con la participación al piano de Arturo Sherman Yep.      Desde su pedestal, el director huésped acomodaba al coro, dividido en sopranos, altos, barítonos y tenores, con el movimiento de sus brazos. A pesar de no cantar, el también compositor inhalaba aire con mucha fuerza al término de cada compás, como si tuviera que respirar en nombre de todo el coro, dándole más poder a su dirección.      Aunque el público disfrutó las piezas clásicas, la última parte del concierto no desmereció en emociones; Como un sueño, de Francisco Zúñiga, fue una de las obras más aplaudidas de la noche; algo que emocionó al propio compositor ahí presente recibiendo los vítores de pie.      Ragusini tuvo oportunidad de presentar Il Mago, una obra de su propia autoría, donde no escatimó en mostrar su emoción dando media vuelta para recibir de frente las palmas del respetable.      La velada terminó con los dos despedidos al centro del escenario recibiendo flores; un fragmento de Carmina Burana ya sin la presencia del director huésped sirvió como último acto antes bajar el telón.