Las alas de Jorge Marín

Por Aura Fuentes

Por Aura Fuentes

[Recientemente una de las piezas del escultor Jorge Marín fue retirada del sitio donde yacía desde hacía una década para acercarla, próximamente, al Ángel de la Independencia en la Ciudad de México…]

México, 26 de octubre (Notimex).— El escultor Jorge Marín cree que acercar el arte a la gente en su vida cotidiana, como exhibir obra plástica en espacios públicos, permite utilizarlo como “herramienta de paz”, lo cual ha logrado, él, tanto con su obra artística como con la labor social mediante la fundación que preside:      —Uno de los objetivos de la Fundación Jorge Marín es organizar proyectos que trasciendan las galerías; es decir, hacer intervenciones con obra plástica en el espacio público para fortalecer la interacción social —explica a Notimex.      Jorge Marín (Michoacán, 1963), quien preside la Fundación con su nombre, considera al arte como “un medio para detonar pensamientos objetivos y promover distintas lecturas sobre el ser y el entorno”, por lo que los proyectos que realiza promueven la apreciación y la reflexión en torno al arte y a su papel en las sociedades:      —Se trabaja en proyectos de impacto para fortalecer el tejido social buscando atender, desde la perspectiva artística, a la población en general haciendo énfasis en comunidades indígenas, en jóvenes, en migrantes y en grupos que no tengan acceso a la oferta cultural.

Las alas en un nuevo sitio

En la Fundación Jorge Marín, constituida oficialmente en 2017, se realizan proyectos con el tema prioritario de la migración, para lo cual llevan a cabo talleres con variadas dinámicas, intervenciones de espacios y conferencias para abordar los asuntos migratorios, así como actividades de apoyo enfocadas a la inclusión y violencia de género.      El escultor originario de Uruapan, que cuenta con más de 25 años de trayectoria artística, señala que las exhibiciones plásticas son su primera acción, de ahí que trabajen en “una curaduría que se pueda entender”, de “fácil acceso”. De manera paralela efectúan actividades que “permiten la interacción entre la obra, la sede donde se presenta y las personas que acuden a ella”:      —El contacto directo con la obra, tocarla, revisarla, tiene algo mágico y energizante. Un espacio público representa múltiples intervenciones, pues es modificado con distintos mensajes de acuerdo a quien lo trabaje. Además, tiene siempre que hablar algo el lugar donde se está realizando la acción: la obra tiene que conectarse con los habitantes de la zona donde está colocada.      Hace tres días, el pasado miércoles 23 de octubre, su escultura "Alas de México" fue removida de donde se encontraba desde hace una década (Paseo de la Reforma y Gandhi) —punto donde decenas de transeúntes aprovechaban para tomarse la foto— para ser trasladada próximamente —ahora sí de manera permanente en ese sitio— a Varsovia y Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México.      Aunque hasta el momento no se ha indicado la fecha precisa de la colocación, ya que antes le darán mantenimiento, el nuevo punto —a sólo media cuadra del Ángel de la Independencia— fue elegido por su creador en conjunto con las autoridades capitalinas.

Apropiación de la obra

El artista, quien trabaja con bronce desde la miniatura hasta la escultura monumental, afirma que la labor que ha realizado la Fundación ha sido “bien recibida”:      —Las personas se involucran y participan de estas experiencias de sensibilización en torno al arte…      También nos cuenta que las instituciones internacionales se van sumando a colaborar:      —Hemos tenido muchas sorpresas gratas, porque hemos podido acercar a personas a las cuales no pensábamos llegar. Porque ven como una barrera entrar a un museo o espacio designado específicamente para el mundo del arte contemporáneo. Pero el espacio público le pertenece: esa barrera ya no existe.      Ejemplo de ello es que “la gente se apropia de la obra” jugando con ella, participando en los concursos que realizan de fotografía, de video o de narrativa, “e incluso una obra de arte se convierte en algo de uso cotidiano”. Se cuenta ya que un niño se siente seguro de ir a la escuela porque “el hombre alado” del Cerro del Elefante lo cuida, por ejemplo, refiriéndose a una de sus esculturas monumentales: "El Vigilante" (2016), de 25 metros de altura, un hombre alado listo para emprender el vuelo, ubicada en la carretera México-Pachuca.      Otra de sus emblemáticas piezas se intitula "Perseidas" (2015), también un ser alado con el rostro cubierto, localizada en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional Benito Juárez en la capital mexicana:      —Es muy interesante lo que los proyectos exhibitivos han podido ejercer en la mente de las personas, como, por ejemplo, en torno a "Alas de Paz", obra hecha con restos de armas obtenidos mediante el programa de desarme voluntario —refiere en cuanto a la obra que desde 2017 vigila el Museo Memoria y Tolerancia en el Centro Histórico de la Ciudad de México      Aunque Jorge Marín reconoce que el quehacer artístico es universal y cada manifestación tiene “su encanto”, señala que la escultura de bronce “da una fuerza y juego enormes respecto a otros materiales”, porque “no es lo mismo tener un cuadro en un espacio cerrado que no se puede tocar, ni rodear, a encontrarte con algo que sí es tangible”, al igual que cualquier puesta escénica “efímera”:      —La escultura, a diferencia de la pintura o la fotografía, puede disfrutarse del volumen. Es más fácil que conviva en espacios públicos, que pueda ser observada a 360 grados, tocarla, abrazarla y tener una experiencia de acercamiento y conexión con ella mucho mayor.

Libertad y arte

Las esculturas de Jorge Marín han estado en distintitas partes del mundo de manera temporal o permanente:      —Sin duda siento una enorme responsabilidad, porque cada vez que llego a otro país mi obra siempre tiene una conexión directa con México, cosa que para mí es un honor; pero, de igual manera, una gran responsabilidad, pues deseo mostrar que México es libertad y arte…      Y comparte una anécdota que lo hizo sentir “pleno” como persona y como escultor: durante una exhibición en California se aproximó a él una persona de origen michoacano para contarle que se dedicaba a cosechar jitomates, asegurándole que se sentía orgulloso de ser michoacano mostrándoles a los demás las cosas que se pueden hacer en su tierra:      —Tener una obra tan fuerte como las "Alas de México" en distintas plazas en el mundo nos da la posibilidad de conocer a mexicanos en diversos países, que se apropian de ella, porque la hacen suya.      Asimismo, dice que las exhibiciones tanto en México como fuera de él han dirigido su trabajo a colaborar en proyectos y programas que permiten que la Fundación se fortalezca generando “proyectos interesantes”.      Por lo pronto, continúa con exhibiciones itinerantes en Estados Unidos, Europa y Asía, y la instalación permanente de "Alas de México" en 12 ciudades del mundo, como Madrid, San José y Tel Aviv:      —Nos damos cuenta de que todos somos seres humanos y reaccionamos de manera parecida. Una de mis esculturas que más ha viajado por el mundo es "Alas de México", que no tiene un manual de instrucciones. Sólo tiene un par de escalones, donde las personas suben para interactuar individual o grupalmente con la obra.      Disfruta mucho, dice, que su obra tenga “convivencia con públicos diversos”, ya que el intercambio cultural “enriquece a las sociedades” mostrando que la expresión artística va más allá de ideologías.

Comunidades rurales

En la Fundación Jorge Marín es de suma importancia el apoyo de los coleccionistas, patrocinadores, colaboradores y promotores de la cultura, cuyos donativos están destinados “al diseño, desarrollo y puesta en marcha de proyectos de carácter social”, en los cuales el arte funciona como “un motor dinamizador de cambio”:      —Uno de los proyectos en la Fundación es continuar con las muestras itinerantes en el mundo. Seguir trabajando en torno al tema de la migración. Para nuestra Fundación es importante llegar a esos lugares donde nadie quiere exhibir, donde hace falta trabajar con las comunidades. Por ello nos gusta trabajar en las periferias y con grupos vulnerables.      Ahora trabajan proyectos de obra monumental figurativa para la visibilización de las lenguas indígenas, es decir “unir arte y lengua en exhibiciones bilingües en comunidades rurales” a las que llegarán con “un concepto curatorial bilingüe” (maya, español, otomí, etcétera):      —Mi reto hoy es poder fortalecer la Fundación para hacer proyectos más sólidos y con mayor alcance en temas tanto de educación infantil como migratorios, que es en donde realmente hace falta. Me gustaría seguir teniendo la oportunidad de compartir mi trabajo con cuanta persona sea posible…