LITORAL

DESDE EL LIBRERO

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LA CULPA, ENTRE UNA IGUANA Y JUAN VILLORO

Tres reediciones y ocho reimpresiones deben decir algo en un país de pocos lectores, por eso, aunque el libro Los culpables de Juan Villoro no sea una novedad literaria, nos ocupamos de dedicarle unas líneas para dejar al descubierto que, aunque la culpa original parecía ser de la iguana, en realidad es del propio Villoro y, sí, en alguna medida, también de Alejandro Magallanes, encargado del diseño de portada y de hacer mutar al citado saurio.

¿Por qué?, porque han pasado 12 años de que se editó este compilado de cuentos y hoy por hoy, con la complicidad de Villoro, Magallanes y la iguana, se ha convertido, según Almadía, en el libro con más lectores de esa casa editora.

Aquello que lo ha hecho sobrevivir no es un secreto, está a la vista, en la genialidad de un escritor que como los buenos vinos ha ido añejando y sorprendiendo cada vez más con una escritura que fluye entretenida, sin obstáculos estilísticos, en la que lo mismo se encuentra el sarcasmo que la seriedad, pero, sobre todo, en una literatura que en términos de realidad se despoja de pretensiones intelectuales para comunicar y trascender entre sus lectores.

Plagada de personajes cotidianos, la mirada de Villoro nos va descubriendo en sus historias lo que somos, con nuestras victorias y nuestros fracasos, pero sobre todo con nuestras culpas, la del mariachi cansado de aparentar ser el cliché de charro, la de un tipo que tiene un patrón para perder sus vuelos y retrasar su llegada a casa y con ello la ruptura inminente de su relación actual; la de dos hermanos tratando de hacer de la culpa un detonante de creatividad, la de dos limpia ventanas que comparten de alguna manera la suerte, para uno de ellos vuelta fortuna, y para aquel que creyéndose muy listo acaba por sucumbir a la culpa, pese a la culpa que también cargan los otros.

Se trata de historias con gran ritmo que sumergen al lector en una especie de carretera en la que todo se sucede; una pasarela en la que acaba uno siendo capaz de reconocer a cada una de las caracterizaciones, a veces finas, a veces burdas, de estos personajes típicamente atípicos, sacados del catálogo de la cotidianidad, dotados por Villoro de especial gracia, pese a sus circunstancias, su pesimismo y hasta su desgano.

Lugares comunes como un edificio alto de cristal, un Oxxo, una carretera, un auto de determinada marca cobran otra dimensión más allá del cliché en estos relatos que, de pronto, son salpicados por surrealistas giros de tuerca, como cuando un periodista gringo obsesionado con retratar el folclor de México primero y después su horror, es secuestrado en calles de esta ciudad.

Son siete relatos en los que Villoro da cuenta de sus grandes dotes de narrador, pero también de los de agudo observador de la vida y sus vicisitudes, de sus ironías y sus tragedias. Siete historias que tienen como hilo conductor la culpa que se desliza entre los protagonistas y sus mentiras, engaños estafas, invenciones, disimulos, traiciones, indiferencias y ocultamientos.

En un plano en el que la realidad es más fuerte que ellos y donde los culpables siempre son los otros, como un rasgo que puede definir a los mexicanos, que siempre ocultan algo pero eso no les quita el sueño, porque lo asumen como resultado de sus circunstancias y no de sus actos por sí mismos, de ahí que la culpa pueda ser incluso de la iguana que aparece de pronto en la narración y que ha ido cambiando de fisonomía en cada edición, gracias a los buenos oficios de Alejandro Magallanes, un consolidado ilustrador mexicano que entonces no era famoso y ya se lucía con diseños como los que precedieron la actual reimpresión de Los culpables, un libro que lo atrapó, confiesa, debido a gran sentido del humor.

Al día de hoy, Villoro tiene muchos más libros publicados, entre cuentos, novelas y hasta obras de teatro, mientras que el trabajo de Magallanes ha sido expuesto en países como Polonia Japón, Canadá, Francia, Holanda, Argentina, República Checa, España y México y merecedor de Mención Honorífica del Bolognia Ragazzi Award 2008. De la iguana y sus mutaciones que hablen los que conozcan las ediciones anteriores, desde que era grande y verde, hasta hoy que es negra y pequeña, casi inadvertida, como queriendo negar su culpa.