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ATRAPASUEÑOS

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LLEGAR A LA LITERATURA INFANTIL POR LA TELEVISIÓN

A la literatura infantil se puede llegar por el camino de la televisión y prueba de ello es el escritor e ilustrador colombiano, radicado en México, Jairo Buitrago, reciente ganador del Premio Hispanoamericano Castillo de Literatura Infantil y Juvenil 2019 en la categoría infantil, por su obra Aprender el nombre de alguna estrella, reconocimiento que se suma a una media decena que hay ya en su palmarés e incluye el galardón A la orilla del viento, del Fondo de Cultura Económica, y su inclusión en la Lista de Honor del IBBY de 2010.

El colombiano nacido en 1970 cuenta con una experiencia que inició como guionista de programas infantiles para la televisión pública de su país, en un programa en el que se hablaba a los niños sobre inventos hechos por el hombre. Además, cuenta con una trayectoria como crítico e investigador de cine, en particular de su país. De esta forma, sumó su experiencia en estos campos con su deseo de escribir para enfocarse en la literatura infantil, a la que ha dedicado la mayor parte de su creatividad.

De esos guiones, de los storytelling, surgió su salto a escribir textos literarios específicos para infantes que a la vez ilustró, tarea fondeada por sus conocimientos de cine. Así, en 2006 publicó su primer título para ese sector poblacional, El señor L. Fante, al año siguiente publicó Emiliano, y así se ha seguido hasta alcanzar una treintena de libros. En 2007 ganó el XI Concurso de Álbum Ilustrado “A la Orilla del Viento” del Fondo de Cultura Económica de México con Camino a Casa, título que en 2010 fue incluido en la Lista de Honor del IBBY.

Entonces las cosas empezaron a fluir mejor, con pasos más firmes, explica en charla con Litoral el escritor e ilustrador. Y tan es así que ahora su trabajo ha recibido varios otros premios, entre ellos el Ser, de Brasil; el Premio ACLI, de Colombia; la Medalla Colibrí, de Chile, y una nominación al Kirkus Prize. De igual forma, sus libros y álbumes ilustrados han sido trasladados a lenguas como el inglés, portugués, catalán, turco, chino, japonés y coreano.

Sus obras han sido elegidas en varias ocasiones en la Lista de Honor de IBBY en diversos países, y ha sido mencionado en la Lista de Honor de la Junior Library Guild en Estados Unidos.

Por ello, el galardón conseguido este año de parte de la editorial Castillo es también un reconocimiento a su trayectoria. Durante la plática, señala que este galardón tiene un gran significado porque consolida su labor y procede de un certamen mexicano, país donde ha desarrollado la mayor parte de su escritura en el género y a donde cambio su residencia desde hace ocho años. A lo anterior se suma el que el tema que aborda en el libro premiado, Aprender el nombre de alguna estrella, es ya mexicano, diferente a los que han sido su constante en otras publicaciones.

Subraya que no obstante su experiencia en otros campos creativos, incluso como ilustrador de trabajos de terceros, su mayor desarrollo lo ha tenido en la literatura infantil porque le apasiona, es en lo que más ha profundizado su tarea. Incluso, en la ilustración de sus textos prefiere colaborar con otros profesionales del ramo.

Sin dudarlo, asegura que mezclar la narrativa literaria con la cinematográfica es bueno porque facilita lo que se quiere comunicar, al mismo tiempo que despierta la imaginación infantil, y recuerda que en los medios académicos se habla de la importancia de la alfabetización visual entre los niños, por lo que un trabajo como el que hace es un medio ideal en ese objetivo. Coincide con quienes aseveran que los humanos primero aprenden a interpretar el lenguaje visual y luego el escritural, y en ese sentido el álbum ilustrado, a lo que ha dedicado la mayor parte de su creatividad dentro de la literatura infantil, es un mejor canal al respecto.

Las ilustraciones no sólo sirven para ilustrar el texto literario, sino que motiva a hacerlo más complejo, enriquecido. En los niños ayuda a desarrollar sus procesos cognitivos al mismo tiempo que los acerca al arte, porque la ilustración lo es. En ese sentido, quienes ilustran un libro se vuelven coautores, porque sus dibujos no sólo acompañan al texto, se vuelven acompañantes, una lectura paralela del texto literario y lo complementan, y cuando trabaja con ellos busca que sea así el producto final. Y ha tenido experiencias con grandes ilustradores de los que también ha aprendido.

En ese sentido, ha aprendido a ser cada vez más breve en sus libros por el respaldo que recibe de la imagen, escribir menos para lograr más. Es como escribir un haiku, dice: renuncias a las palabras, es admitir “otro tipo de narración que complemente tu historia. Me gusta que las historias tengan un peso dramático y una estructura literaria fuerte, y esto hace que se convine mejor con las ilustraciones”, y el álbum es muy amplio en ese sentido, da cabida a muchas propuestas, es como un oasis en medio del océano de libros infantiles que se publica, y en su caso aunque es en principio escritor gusta de combinar ambos lenguajes.

Además, vivimos una época muy visual, en la que con las nuevas tecnologías tocamos un ícono en un smartphone o una tableta y obtenemos información, abrimos una inmensa variedad de posibilidades, e insiste en que la alfabetización visual está en boga, las nuevas generaciones leen en ese lenguaje antes de darle un sentido literal y a los niños despierta la imaginación.

Por último, recuerda que en su trayectoria ha hecho álbumes que otra cosa, pero en estos momentos escribe más que antes, incluso el libro premiado por Castillo, es un texto más complejo, que requería ser una novela ilustrada para niños. Señala que al empezar un proyecto sabe si será una novela o cuento o un álbum, lo que depende del tema, es decir, por su propia complejidad o por el enfoque de edad de los lectores. El primer caso requiere mayor explicación textual, sólo complementado por ilustraciones, mientras que el segundo está pensado, por ejemplo, para infantes no letrados o apenas letrados. Lo mismo pasa en el caso de aquellos trabajos que llevan un aliento más poético.

En fin, son amplias las posibilidades que abre la literatura infantil, subraya al mencionar que acaba de publicar un nuevo libro de cuentos para ese sector, pero también están la poesía, los álbumes ilustrados o las novelas.

De acuerdo con el fallo del jurado, la obra de Jairo Buitrago, Aprender el nombre de alguna estrella, que presentó bajo el pseudónimo de Tomi Lionni y que narra un entrañable encuentro entre dos niñas de realidades y trayectorias distintas, es “rica en diálogos, ágil, con sentido del humor y muy cinematográfica, (por lo que) esta obra propiciará múltiples conversaciones en torno al complejo fenómeno social de la migración y, en especial, sobre la otredad como espejo de lo que nos hace humanos”.