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VOZ ORIGINAL

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ALFABETIZAR EN LENGUA MATERNA, UNA PRIORIDAD

Martín Chávez Ramírez, popularmente conocido como Makawi, es un escritor en lenguas indígenas que nació en 1965, en la comunidad tarahumara de Ipó, ejido Masiware, en el municipio de Guachochi, uno de los más importantes asentamientos rarámuri; allí inició sus estudios de la mano de un misionero jesuita que abrió una escuela comunitaria, y fue en ella que desarrolló su amor por las letras, en un intento por rescatar la tradición oral de su gente, primero a partir de canciones, luego de poesía, y hoy como representante de los pueblos indígenas a nivel estatal.

Makawi participó en el Festival Internacional de Literatura en Lenguas Originarias 2019 y hace unos días en el Diplomado de Literaturas en Lenguas Indígenas organizado en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, donde se dio tiempo para hablar con Litoral sobre la urgencia de contar con educación rarámuri en sus comunidades, porque, asegura, alfabetizar en lengua materna es una prioridad si se quiere ayudar a los pueblos a conservar su lengua e identidad.

Conocido por haber traducido al rarámuri El Principito, un clásico universal de Antoine de Saint-Exupery, el también músico y poeta denuncia que uno de los mayores problemas en la extinción de su cultura es que no existe educación bilingüe en sus comunidades; que las escuelas que así se dicen trabajan con maestros que ni siquiera hablan la lengua, lo que dificulta que se enseñe desde la visión del tarahumara.

Él, explica, es hablante de rarámuri y como la mayoría de escritores en lenguas indígenas tiene formación académica en español, pues es posteriormente que se alfabetiza en su propia lengua para poder traducir y crear en ella. Sus primeros escritos datan de 1994 y son más bien canciones, porque él es un amante, sobre todo, de la tradición oral de su pueblo, de su gente, esa que se conserva en los relatos que van de generación en generación y que se recitan o se cantan.

Su labor como escritor, acota, comienza propiamente con el nuevo siglo, pues es entre 2000 y 2006 que colabora como redactor en tarahumara del periódico Ukí y traduce una selección de poesía universal a su lengua. Esa experiencia lo lleva a escribir sus propios textos poéticos, en los que rescata la visión del rarámuri, que se maravilla con la cotidianidad y las cosas de la naturaleza. Algunos de esos textos incluso fueron incluidos en murales de gran formato que se hallan en sitios públicos de la Sierra Tarahumara.

Tiene una publicación propia que recopila su poesía y que data del 2013, además de otros libros que son traducciones de autores como Carlos Montemayor (1947-2010) y Víctor Hugo Rascón Banda (1948-2008), ambos oriundos de Chihuahua y ya fallecidos. También participó en una antología de saberes antiguos que se hizo para que los maestros la utilizaran en sus programas educativos, con entrevistas a autoridades, curanderos o chamanes, hechas en conjunto con su compañero Juan Gardea, también ya fallecido.

Pero el camino no ha sido fácil, recuerda, porque, en su caso, como en el de otros colegas suyos, batalló para hablar español y en las escuelas tampoco le dijeron cómo aprender a escribir en rarámuri, así que no dominaba ni uno ni otro, por lo que escribir en su lengua fue todo un reto que empezó a superar cuando se inició en la escritura de canciones que hablan de la sierra.

Desde hace unos años, Makawi ha centrado su actividad en la promoción educativa y cultural, por ejemplo, dice, actualmente trabaja en un proyecto con una escuela que en la que se enseña a los niños el rarámuri y su cosmovisión, y “ya tenemos un producto concreto, que es una práctica escolar de haikus, poemas de 17 sílabas, que fue fácil en un sentido, pero al mismo tiempo difícil porque el número de palabras en lengua original no coincide con las que suenan en japonés”. Lo que trata de hacer es contagiar a esos niños con su gusto por su lengua y su cultura, por la música y por todo lo que tiene que ver con su identidad.

Sobre si es fácil o no aprender la lengua, Makawi, quien ha sido beneficiario del PACMYC, señala que es difícil porque en sus comunidades nunca leen en su propio idioma, son hablantes, pero no escriben, aunque ahora ya hay más acceso a ello, aún no hay un ejercicio normalizado. Hay palabras que no se pueden traducir, como terremoto, que se escribe gawinókali.

Para que eso ocurra, comenta, trabajan en la documentación de la lengua, a partir de historias, cuentos, cantos, poesías, “estamos pensando en ese camino, porque hay muchos relatos que se han perdido porque la gente joven ya no cree en lo que se les pueda contar, así que trabajan en rescatar la importancia tiene el agua, la tierra”, etcétera.

Con ese propósito, él y su esposa Clorinda Palma, con quien hace dueto musical, desarrollan un programa de rescate que se traduce como despertar, porque busca que la gente se comporte como debe con las personas, los animales y la naturaleza, impulsa un despertar con los ojos y el corazón, a fin de que la gente llegue a respetar a los demás y a sí mismo.

“Estamos viendo cómo resarcir esa pérdida tan grande de las enseñanzas de los abuelos, que muchos ya no quieren tomar en cuenta, para que se integre a la parte educativa de la comunidad, de alguna manera, nosotros estamos buscando cómo llegar al corazón de los alumnos para que estos niños crezcan con una visión muy propia de su cultura… de su entidad.

“Nosotros vemos que nuestros abuelos nos dejaron grandes sabidurías, pero las hemos olvidado quienes hemos ido a las escuelas normales que no son, ni llevan esos programas de educación indígena para indígenas”, comenta el líder electo por los 21 municipios de la Sierra Tarahumara, para quien los apoyos que necesitan no tienen que ver con foros o discusiones, sino con el fomento de la educación indígena desde la propia visión de los pueblos.

Desde tener esa escuela donde los maestros sean realmente bilingües y apliquen en serio una educación desde la visión del pueblo originario; una escuela monolingüe rarámuri donde la segunda lengua sea el español y más adelante cada quien escoja otros idiomas, una escuela que incluya en sus bases educativas cómo ven ellos la educación, porque para él, ésta es circular, no lineal y menos vertical, De hecho, comenta, escribe un libro que, a partir de la visión del tarahumara, irá directo a los niños.

Makawi ha colaborado con varias traducciones en el Programa Institucional de Atención a las Lenguas y las Literaturas Indígenas del Instituto Chihuahuense de Cultura, ha sido invitado a ofrecer lecturas de poesía propia y presentaciones musicales en Madrid, Nueva York, Viena y la Ciudad de México, cuenta con varios discos grabados y ha sido productor de proyectos en defensa del instrumento tradicional chaparé.