LITORAL

EL ARTE TOMA LAS CALLES CON RAFAEL ALBERTI

EL ARTE TOMA LAS CALLES CON RAFAEL ALBERTI

No toda la poesía está hecha para leer en silencio, en la intimidad. La poesía debe salir a las calles, no exactamente para que sea popular; que sea del pueblo, acercarle la obra de los grandes creadores de la humanidad. Esa era la creencia del poeta, pintor y activista español Rafael Alberti, uno de los miembros más reconocidos de la Generación del 27 y quien durante la Guerra Civil en su país, sucedida de 1936 a 1939, no disparó ninguna bala desde el lado republicano, pero sí se encargó de publicar libros, revistas, poesía, y llevar a ésta a los pueblos, a los barrios, “desde el arcipreste de Hita, pasando por Santillana, Manrique, los clásicos”.

No podía ser de otra forma. El origen de la Generación del 27 fue esa: organizar actividades para la gente por el 300 aniversario luctuoso del gran bardo hispano Luis de Góngora y Argote (1561-1627), que las autoridades españolas no deseaban hacer porque no les interesaba el personaje, y ellos lo llevaron, junto con otros literatos, a las calles, a las revistas. “Creo que de verdad hay una importante labor que hacer: ahí está una Generación del 27, y los poetas de la posguerra, y los novismos. Yo creo que hay un procedimiento para acercar la poesía al pueblo, que es decírsela, hacérsela sentir como un espectáculo, porque leyendo la entiende menos, y oyéndola, leerá más”, declaró el gaditano en una entrevista a Rosa María Pereda, publicada en la Revista de la Universidad en julio de 1979.

El autor del poemario Marinero en tierra (1924) nació el 16 de diciembre de 1902 en el Puerto de Santa María, Cádiz, y falleció hace 20 años, el 28 de octubre de 1999, en el mismo lugar, al que regresó para pasar la última etapa de su vida. Junto con creadores de la talla de Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Damaso Alonso, León Felipe, Max Aub y Miguel Hernández, entre otros, integró a la Generación del 27. En los años siguientes publicó poemarios como La amante (Canciones) (1925), Sobre los ángeles (1929), Cal y canto (1929), Consignas (1933), 13 bandas y 48 estrellas y la antología Poesía (1914-1930). En teatro El hombre deshabitado (1930) y Fermín Galán (1931).

Es decir, al iniciar la tercera década del siglo XX, es decir con menos de 30 años de edad, ya era un autor reconocido, incluso por escándalos desatados por algunas de sus obras teatrales y su activismo político, que siempre combinó. Alberti es conocido también como autor de poesía militante, pues como dijo él mismo, “yo no puedo separar la sangre de las venas. Yo soy el mismo cuando escribo A la pintura o cuando pergeño los poemas de las elecciones… He sentido por mi época la necesidad de expresarme hacia afuera y de ser conciencia. Mi voz ha tenido que ser la voz de otros”.

Y eso es lo que caracteriza a la obra literaria del gaditano, en cuya poesía “hay lírica y hay lo que podríamos llamar poesía civil, y sé que hay mucha gente que cree que la primera se echó a perder. Esa es una idea reaccionaria y una forma de atacarme… Que hay poetas que no sientan eso es muy respetable. Porque ese tema, como todo, para que pueda volverse poesía, hay que sentirlo y hay que saber expresarlo.

Del mismo modo actuó durante la Guerra Civil 81936) en su país, movimiento en el que estuvo del lado republicano, que defendió al gobierno democrático en ese país y que finalmente sucumbió ante las fuerzas armadas del general Francisco Franco, apoyadas por Alemania e Italia. Franco finalmente impondría una dictadura que duraría hasta 1975. Durante el enfrentamiento armado, Alberti no tomo el fusil, pero continuó con la escritura, la publicación de su obra, de libros y revistas. Emblemática fue la revista El mono azul, en la que se publicaron diversos textos, muchos de ellos incluso escritos en las mismas trincheras republicanas.

El bardo, al mismo tiempo, durante esos años llevó a las plazas, a las calles y demás foros abiertos sus espectáculos literarios. Al finalizar la contienda, ganada por la fracción fascista, tuvo que exiliarse y se traslada primero a Francia, donde pudo vivir hasta 1940, porque el gobierno lo considera un comunista peligroso, y luego en Argentina, país que habitó hasta 1963, cuando la familia Alberti, formada por su esposa María Teresa León y su hija Aitana, se fueron a radicar a Italia. Finalmente regresaría a España en 1977, y entonces retomaría su tarea de llevar la palabra a las calles y llenar de calle a las palabras.

En el caso del exilio español ocurrieron dos casos: la de aquellos autores que la distancia de su tierra natal apagó la vena de su creatividad y la de los otros, a los que ocurrió lo contrario. El alejamiento forzoso despertó más su inspiración, y Rafael Alberti fue de éstos. En poesía se publicaron con su obra casi una veintena de libros, algunos de ellos son Entre el clavel y la espada (1939-1941) (1941), A la pintura. Poemas de color y la línea (1945-1948) (1948), Coplas de Juan Panadero (Libro I) (1949) y Baladas y canciones del Paraná (1954). También las antologías Poesías (1924-1938) (1940), Poesía (1924-1944) (1946) y El poeta en la calle (1931-1965) (1966), y en teatro El trébol florido (1940), El adefesio (1944), La gallarda (1944-45) y Noche de guerra en el Museo del Prado (1956).

Justamente en teatro desarrolló una vena más surrealista, con obras como Noche de guerra en el Museo del Prado, en la que a partir de un malentendido, un hombre que cree que afuera de dicho recinto están los soldados de Napoleón, se desarrolla una escena de ese tipo. Pero Alberti abrevó de esas aguas casi accidentalmente, “no he sido deliberadamente surrealista, aunque hay cosas estupendas” en ese movimiento, dijo al especificar que “la atmósfera que me interesa en teatro creo que tiene algo de surrealista”.

Alberti desarrollo también su vena en las artes plásticas, en la pintura, a la que daba una importancia vital en su existencia, porque “aparte de ser una de mis vocaciones, la más temprana, es uno de mis medios de vida”, especificando que vivía “más del grabado y de la pintura” que de cualquiera otra de sus actividades.