La Guarida Nacional: Sinaloa

Las pesadillas de Alfonso Orejel

Las pesadillas de Alfonso Orejel

[El escritor nacido en Los Mochis desde hace 58 años se debate en el dilema sobre quién supera a quién entre la realidad y la ficción. La primera ofrece, en la actualidad, situaciones, gente y circunstancias inimaginadas hasta hace pocos años; la segunda se presenta a veces rosa y risueña, libre de las calamidades que la literatura le ha dado a una de sus distintas caras]

Por Juan Carlos Castellanos C.

Los Mochis, 23 de octubre (Notimex).? Desde su posición de lector-escritor, Alfonso Orejel dice que en esta entidad del norte mexicano la literatura se vive vigorosamente de dos maneras: a través del gusto por la lectura de cuentos, novelas, poesía y otros géneros, y mediante la escritura de esas manifestaciones intelectuales. Entrevistado por Notimex, eleva la voz al respecto:       ?En Sinaloa se registra un desarrollo notable en el consumo de literatura, aunque sigue siendo bajo si lo comparamos con la inmensa población que existe en el país. Como escribió el poeta español Juan Ramón Jiménez [1881-1958], ganador del Premio Nobel de Literatura 1956, los lectores siguen siendo la inmensa minoría, porque aquí, sin embargo, más que literatura se leen historietas, pasquines, revistas digitales y periódicos.       Subraya que sigue siendo dramáticamente bajo el número de lectores aficionados a la literatura… y no se diga a las ciencias. A nivel nacional, Sinaloa está en el índice de dos libros leídos al año por persona, y quienes leen más son las mujeres y, sobre todo, los niños porque existe una oferta para el público infantil muy amplia y diversa.

Primeras influencias

El primer acercamiento a la literatura se dio cuando era apenas un niño, entre 1961 y 1973. En su casa no había una tradición lectora por parte de sus padres, pero dos de sus hermanos sí gustaban de la lectura. El entrevistado envidiaba la facilidad de palabra y el encanto de la conversación de su hermano Martín.       ?En ese entonces yo ignoraba que aquello se debía a que estaba alimentado por las lecturas de Juan Rulfo, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Franz Kafka, Herman Broch y Thomas Mann, entre otros autores. Me deslumbraba la capacidad que él tenía para pensar, verbalizar y dirimir el lenguaje como una herramienta de comunicación?dice Alfonso Orejel.       Su hermana Lucina, mayor que Martín, también figura entre sus primeras influencias en la materia. Ella era lectora de poesía, “una romántica”. Ambos hermanos se fueron a estudiar a Guadalajara y dejaron sus libros en Los Mochis, lo que aprovechó el pequeño Alfonso para asomarse a ellos:       ?Comencé a leer esos libros al mismo tiempo que escuchaba los discos de mi otra hermana, que también se fue a estudiar, y quien era seguidora de Bob Dylan y de Joan Manuel Serrat. Llegaba yo a la sala y ponía los discos. Mi contacto inicial con la narrativa fue a través de Rulfo, Cortázar, Vargas Llosa, Kafka, Broch y Mann, por supuesto. Y con la poesía mediante el disco de Serrat en el que rinde homenaje al español Miguel Hernández, poeta de la Generación del 27. Eso me formó como lector y sembró en mí la idea de ser escritor.       Con el correr de los años, tocó al entrevistado el turno de viajar a Guadalajara para estudiar. Ahí, en sus años de preparatoria, comenzó a apasionarse por las letras, situación que fue impulsada por sus maestros que le hacían ver su facilidad para la escritura.       El tiempo siguió su curso.       Y en 1980 regresó a Guadalajara.       En 1984, a los 23 años de edad, fundó la revista Manchas de tinta.

Escritura y disciplina

En 2008 Alfonso Orejel Soria ganó el Premio Nacional de Poesía Gilberto Owen por su libro Palabras en sepia. Fue cuando se percató de que su trabajo tenía impacto:       ?Más que el premio, lo que me convenció de seguir por la senda de las letras fue la reacción del público, la respuesta emocional y los elogios que recibió esa obra. José Emilio Pacheco, Eduardo Langagne, Efraín Bartolomé, Pedro Serrano y otros poetas de peso ponderaron el libro. Sentí, entonces, que debía tener más disciplina para escribir y a partir de 2010 comencé a hacerlo con mayor frecuencia, y con periodos establecidos de escritura. Desde entonces he publicado alrededor de 15 títulos.       Y el escritor entrega a Notimex, salido de la imprenta apenas hace unos días, su más reciente novela: Consumidores de pesadillas (Penguin Random House), que tiene su génesis en los programas de lectura que el entrevistado ha organizado en esta entidad denominado “Sinaloa lee”, con el que visita espacios sociales como escuelas, mercados, plazas públicas, hospitales, jardines y centros penitenciarios, centros de rehabilitación para adictos y el Consejo Tutelar para menores:       ?He visto a muchos adictos con delirios paranoicos y momentos psicóticos, algunos con la cara como pellizcada. Cierto día me tocó ver a un muchacho con los brazos llenos de erupciones sangrientas. Le pregunté por esas heridas y me respondió que tenía gusanos y se los sacaba con las manos, lesionándose al mismo tiempo. En cierto modo, le creí.       Todo eso generó en el escritor una imagen. Casi podía ver a ese muchacho exhumándose los gusanos y sacándose las venas por las erupciones de los brazos, un horripilante y repugnante amasijo de venas que caía al piso.       ?Esa imagen detonó el libro, porque cuando alguien es adicto a las drogas entra en un delirio en el que todo lo que ve es real y aun cuando abre los ojos sigue padeciendo una pesadilla, la cual no es sólo un viaje a través de la noche, por la oscuridad, o un descenso hacia un infierno momentáneo al que todos podemos acceder cuando dormimos. Para ese muchacho adicto el infierno continuaba aun cuando abría los ojos cada mañana.

Barriga al piso si hay disparos

Consecuentemente, germinó en Alfonso Orejel la idea de escribir una novela sobre cinco jóvenes adictos no a las drogas sino a las pesadillas. Las pesadillas debían estar en correspondencia con las debilidades, los miedos más profundos, el dolor, la tristeza, el malestar, el hastío y el hartazgo de los protagonistas, tres muchachos y dos muchachas:       ?A cada uno de ellos confeccioné su propia pesadilla, con una naturaleza específica de acuerdo con los problemas que cada uno de ellos tenía. Los personajes son ficticios, pero la historia en su conjunto posee elementos de la vida real, arrancados a la experiencia de mis visitas a esos espacios de rehabilitación. La realidad cruda y brutal y la imaginación se conjugan en esta novela ?asevera el entrevistado.       Al respecto, desde su perspectiva, el entrevistado deja ver que la realidad y la ficción a veces toman su posición propia y natural:       ?Cada día es más común que la cruel, sanguinaria y feroz realidad supere a la ficción. Por más que intentemos mantener a nuestros niños, a las mamás y a las abuelas al margen de esa espeluznante realidad, es imposible. Quisiéramos verlas a ellas guisando en la cocina y regando sus plantas, y a ellos comiéndose un tamal de piña. Pero eso es algo del pasado       Tras esa lamentación, recuerda que el mundo de la violencia, de los decapitados, de los colgados y de enfrentamientos armados está a la vista de todos a todas horas y no se puede mantener a la familia en una burbuja.       ?Desearíamos que esas noticias no llegaran a nuestros seres queridos, pero son temas que escuchan en la radio, leen en los periódicos y ven en la televisión. A los niños, en el kínder, les enseñan ahora cómo echarse barriga al piso en caso de escuchar balazos. Es ahí donde la realidad rebasa por mucho a la ficción.       A pesar de todo, la novela no es de terror. Es sobre la desesperanza de la juventud actual, sobre el avistamiento de un futuro sombrío. Porque muchos de los jóvenes entre 15 y 20 años de edad, a quienes está destinada Consumidores de pesadillas, ven frente a ellos un precipicio, o cuando menos un horizonte desastroso, de acuerdo con el autor de la novela.       ?La literatura es una exploración de la condición humana. Trata de afectar al lector en la medida que le siembra dudas, le destapa preguntas y lo hace tener momentos de reflexión que le dejan conocerse mejor y saber quién es, dónde está, qué sentido tiene su existencia y cuál es la circunstancia en que se encuentra viviendo. Mis novelas, como ésta, no pretenden dar mensajes. Me interesa, sí, que los chicos se hagan preguntas sobre su mundo, porque desconfían de todo: de la religión, de la escuela, de la enseñanza de los padres, de los Diez Mandamientos y hasta de las cosas buenas. La literatura humaniza y observa la desgracia, el dolor, la tristeza y el abandono. Por eso la literatura, como el periodismo bien hecho, va tres pasos delante de la educación y de la realidad…