Poesía es sentir racionalmente: Grissel G. Estrada

[Autora de los poemarios Los clavos de fuego de la noche, Poemas de neurosis y antineurosis, Otra vida y La vampira sacude sus alas, la escritora mexicana Grissel G. Estrada afirma que la poesía, com...

[Autora de los poemarios Los clavos de fuego de la noche, Poemas de neurosis y antineurosis, Otra vida y La vampira sacude sus alas, la escritora mexicana Grissel G. Estrada afirma que la poesía, como medio para llegar al conocimiento íntimo de las cosas, crea contubernios, y solo al ser leída en voz alta revela la realidad.]

Por Ninett Torres Villarreal

México, 19 de octubre (Notimex).— Se escribe para desbordar la propia tiniebla, dice el escritor guatemalteco Luis Cardoza y Aragón (1904-1992): “es mi cuarto oscuro donde me revelo. Me rebelo. El agujero por donde me miro, o es modo de naufragar”. A Grissel G. Estrada (Ciudad de México, 1970) el encuentro con la tiniebla propia le abastece de una voz, un osado timbre de voz inquisitivo, bajo el cual desnuda el erotismo y la relación de pareja, columbrando los monstruos y ángeles que median entre ellos.       Especialista en literatura de tradición oral mexicana y Cervantes, la obra de Estrada incluye poesía, ensayo, historia oral y novela. A su vocación literaria suma la pedagógica, siendo actualmente profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. En entrevista con Notimex, refiere su temprana incursión en la escritura, consecuencia de su hábito lector, “durante la adolescencia había un imperativo interior que me exigía escribir. Como escribió Pound: ‘vienen esas palabritas elfos grises exigiendo un canto’”.       —Como a los 16 años empecé a escribir poesía —relata—. Y así seguí, por impulso, por necesidad. Toda la ira y la confusión de la adolescencia, todos los deseos imposibles, todo el amor frustrado empezaron a quedarse ahí, en esas hojas en blanco, con palabras que eran mías y de algo más dentro de mí que yo no conocía, pero que se aferraba a salir, de pronto, de forma incomprensiva. Escribir era un impulso vital que me permitió seguir viva.       Al mediodía de hoy participará en una mesa de diálogo entre escritores de América Latina, en el marco del Festival Internacional de Poesía de la Ciudad de México, en el Museo del Estanquillo; en tanto, el día de mañana en el foro Balún Canán presentará su último libro La vampira sacude sus alas. Erzsébet Báthory, escrito bajo la visión de quien hoy se considera —a pesar de los claroscuros en su biografía teñida de sangre no solo por la crueldad ejercida sobre sus víctimas, sino también por las intrigas geopolíticas en su contra— la mayor asesina en la historia de la humanidad.

Discurrir literario

—¿Cómo ha sido su camino literario transitado hasta el momento?       —A los 12 años escribía cuentos. Era una forma de darle cuerpo a mis deseos, pero también a mis reflexiones infantiles, por ejemplo, ¿qué sería de un ser humano que naciera encerrado sin contacto con nadie? En ese momento pensaba que un ser de ese tipo podía pensar, aunque no hablar; de cualquier forma, mi personaje terminaba suicidándose. Desde los 16 escribo poemas. Era tan mala escritora que seguí y seguí intentándolo. Hubo un momento en el cual me sentía tan mala escritora que rompí todos mis escritos, incluida la historia del hombre que se suicidó. Ya en la universidad, mis profesores hacían comentarios sobre mi obra. Evodio Escalante, Hernán Silva y Ramón Córdoba me leían y me corregían. También me ayudaron a publicar. Gané el Concurso de Poesía UAM 96 y en el 97 obtuve el segundo lugar en el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta (el primer lugar, por supuesto, lo obtuvo una buena amiga de un miembro del jurado). En 1999 me mudé a Oaxaca. Ahí conocí a José Ángel Leyva y comencé a colaborar con la revista Alforja. Fundé el grupo de teatro de la Universidad Tecnológica de la Mixteca y entonces empecé a escribir obras de teatro. De hecho, tomé un diplomado de dramaturgia en Oaxaca, organizado por el INBA y el grupo de teatro Crisol. De regreso al DF comencé a escribir novela corta, después de un extraño viaje a Cuba, de esos viajes que cambian tu vida. En 2010 ocurrió otro acontecimiento que me cimbró: el infame asesinato de mi amiga Alberta Cariño, militante mixteca, lo cual me llevó a escribir su biografía, de manera ficticia, por supuesto, o más o menos, por la dificultad de escribir sobre gente viva. Me costó mucho trabajo escribirla. No podía avanzar 3 líneas sin llorar. Acabo de terminarla.       En cuanto a las personas que han apuntalado su quehacer literario destaca a profesores de la UAM Iztapalapa: "Evodio me recomendó para publicar en el Uno más uno, y Ramón Córdoba en la revista Ostraco, de la cual él era director, me publicó muchos escritos, y no solo eso: difundía nuestro trabajo. El concurso de la UAM, organizado por Marina Martínez me ayudó muchísimo, me abrió puertas. Después, gracias al apoyo de José Ángel Leyva, mi trabajo ha tenido mayor difusión. Respecto a los órganos que dan becas y premios, no sé qué decir. Es cierto que la corrupción en nuestro país se ha infiltrado incluso en instituciones culturales, pero también es cierto que existen jurados honrados. La UACM, institución en la que doy clases, también apoya de continuo proyectos artísticos. Me hace sentir respaldada. También he tenido beca y apoyos Conacyt para la investigación, actividad que me apasiona. En la actualidad soy miembro del Sistema Nacional de Investigadores, y el SNI, me consta, exige mucha calidad y trabajo".

Ira subterránea, tenebrosa

A decir de Grissel G. Estrada su poesía es intimista sobre todo, dado que reflexiona sobre el erotismo y la relación de pareja, “de los monstruos y ángeles” que vinculan ambos mundos, y todo ello desde un tono violento, argumenta, “es decir, hay una ira subterránea que prevalece en los poemas, una ira femenina, contenida, a veces irónica, que se pregunta y se queja por no entender al otro”.       Pero Estrada matiza al respecto, porque en la poesía “sobre todo la femenina, no se exponen los temas —los mismos temas— en este tono. También tengo un tono tenebroso, terrorífico, tratando de comprender las razones del asesino. Todo se resume en entender la maldad”.       En cuanto a sus influencias literarias prefiere referir poetas que han tocado su alma, cambiado su vida: “Ezra Pound, Sor Juana, García Lorca han sido fundamentales. Su poesía —al igual que la obra de Cervantes y Shakespeare— revela verdades universales. Su técnica, que devela una aparente sencillez pero en realidad es altamente compleja y rigurosa, te incita a seguir escribiendo. Dice Pound: "En vano he intentado enseñar a mi alma a doblegarse / en vano le he dicho: Hay muchos cantores más grandes que tú"... Es la neta.

Reflexiones sobre la función de la poesía

“La poesía sirve para ser escuchada —sentencia Grissel—. La poesía pierde al ser leída en silencio. Y al ser leída en voz alta revela la realidad. La poesía es un medio para llegar al conocimiento íntimo de las cosas, esencial, no solo descriptivo. Es sentir racionalmente. Crea contubernios. Lamentablemente, la poesía está en crisis. Las nuevas generaciones no entienden la poesía. Y muchos de nosotros, que no hemos podido superar la Vanguardia, no entendemos la Simplicidad del arte actual, una especie de conceptismo que nos ha secuestrado la emoción de la técnica artística. La Simplicidad es el nuevo movimiento artístico, después del monstruo de la Vanguardia".       En cuanto al papel que juegan las mujeres en este género literario, Estrada considera que a pesar de no haber casi problemas para que las mujeres publiquen, “las antologías, premios y becas siguen siendo mayoritariamente para hombres. En ese sentido, la poesía escrita por mujeres actual es importante porque saca a colación temas atrevidos, rebeldes, como lesbianismo, alcoholismo, experiencia sexual. De esta manera la voz femenina trasciende.”       Aunque habitual e irracionalmente asociado a un interés privativo de minorías educadas, la poesía como género literario para Grissel Estrada no escapa al ineludible paso del tiempo, dado que “hay géneros que desaparecen. Hay épocas en las cuales algún género literario es más recurrido que otro —como el teatro en el siglo XVI y la novela en la actualidad. Aunque me atrevo a decir que, como mucha gente escribe o quiere escribir poesía, habrá poesía para rato. Recuerdo las palabras de Raúl Zurita durante un recital en Buenos Aires: "Mientras haya dolor en el mundo habrá poesía". O diría Bécquer: "Mientras la ciencia a descubrir no alcance/las fuentes de la vida/y en el mar o en el cielo haya un abismo que al cálculo resista/mientras la humanidad siempre avanzado no sepa a dó camina/mientras haya un misterio para el hombre/habrá poesía".      No obstante, considera que el verdadero problema que amenaza la pervivencia de este género es la falta de lectores: “aquí hay un grave problema: en lugar de generar buenos lectores, se dan becas y premios a escritores. Mientras haya más poetas que lectores, la poesía está condenada al fracaso. La lectura no se promueve regalando libros, se promueve generando lectores. Los escritores están más preocupados en vivir de becas que en generar una gran obra. El Gobierno "cumple " otorgando dichas becas y premios, pero no le importa la educación ni la lectura ni el arte en general. El reto sigue siendo el de los lectores”.

Cuatro Carrizo

A mi hija, Valeria

Ay, ese silencio que sacude cuando estás dormida ese mar en calma que cifra sus deseos en tu imparable domeñar descalza a los ríos diferentes a sí mismos cada instante, idénticos a ti, a tu palabra aromada que ronda y construye gigantes hasta en sueños                     —sobre todo en sueños niña hierba, Cuatro Carrizo nacida, ombligo de este mundo creado para ti y tus pergaminos. ¿Recuerdas cuando éramos uno, y yo era tu casa, tu morada,           pecera solar que abandonaste para ser aire y elevar tu vuelo,           para ser otros al levantarse el telón, incluso aquellos por quienes temo                                                     pronunciar su nombre? Ah, Cuatro Carrizo, tan bondadosa que nunca hubo fiebre ni fracturas cuando aprendías a ser algo distinto de lo que mis ruinas eran en el campo abonado                                                               por la soledad,            mar profundo que no sabe cómo develar tu misterio, hija, indómita heredera, Valerosa y Sana, una y muchas, por quien regresé otra vez,                                de mi última muerte.

El odio

¿Desde qué clavos, que rajaron tus manos de niño, te atreves a juzgarme? ¿Desde una golpiza de tu madre? ¿Desde las ranas mudas de tu progenitor? ¿Desde la soledad, malinterpretada protectora? Porque mi boca asesina aún no prueba ni un solo trozo de tu carne. No me vengas con cuentos            y desnúdate.

O el que entre fieras anda…

Dejando apenas ver tus colmillos entintados con sangre, soplas a mi rostro y floto: soy diente de león esparcida entre el viento. Mis fragmentos levitan, cada uno consciente de las yemas de tus dedos, hasta que me reconstruyen como homicida,                                                    incendiaria,             para volver a montarte                       al vuelo.