LITORAL

POESÍA DE BORIS PARTERNAK

POESÍA DE BORIS PARTERNAK

Distracciones con la amada

Por cimbreante ramita aromada,

absorbiendo en tinieblas su néctar,

de un cáliz a otro corría

la humedad de alocada tormenta.

Deslizándose de uno a otro cáliz,

dejó en ellos, muy nítida,

una gota, enorme, cual ágata,

reluciente, colgante y tímida.

Nada importa que el viento,

que azota el arbusto,

esa gota torture y aplaste.

Queda entera, no rompe,

y quedan dos más

que se besan y beben.

Y se ríen, e intentan soltarse,

más se yerguen, y quedan como antes.

No caerán esas gotas del cáliz,

no podrán separarse por nada.

A un amigo

¿Acaso yo no sé que hundida en las tinieblas,

jamás a la luz llegaría, la ignorancia,

y que soy un monstruo, y que la dicha de cien mil

no me toca más que la falsa felicidad de cien?

¿Y acaso yo no me ligo al quinquenio,

no me caigo y levanto con él?

Pero, ¿qué voy a hacer con mi caja torácica,

y con lo que es más rutinario que toda rutina?

No está bien que en los días del gran consejo,

en el que las plazas se han dado a la pasión suprema,

se deje la vacante del poeta:

ésta es peligrosa, si no está vacía.

Fin

¿Fue todo realidad? ¿Es hora de paseos?

Es mejor dormir eternamente, dormir, dormir,

y no ver sueño alguno.

Otra vez la calle. Otra vez la cortina de tul.

Otra vez, cada noche, la estepa, el almiar, los lamentos,

ahora, y en adelante.

Las hojas en septiembre, con asma en cada átomo,

ven en sueños silencios y sombras. De pronto despierta el verbel

la carrera de un perro.

Espera que se tiendan. De pronto aparece un gigante,

y otro. Unos pasos. «Aquí hay un tornillo».

Un silbido y una voz: «¡Espera!»

¡Si él, literalmente, hundía, desmoronaba el camino

con nuestro paso! El hasta el suelo

torturaba contigo.

Otoño. Baja un abalorio de amarillo azulado.

¡Ay, como tú, podredumbre, he de morir!

¡Qué cansado de vivir estoy!

¡Oh! A destiempo la noche nos inciensa con las maniobras

de las locomotoras; cuando llueve cada hoja se quiere

marchar a la estepa, como aquéllas.

!Las ventanas me hacen escenas. ¡Pero es en vano!

La puerta salta de los goznes cuando el hielo

le besa los codos.

Preséntame a alguno de los ahítos,

como ellos, por la cosecha de los campos del sur,

solares y herrumbre.

¡Pero con la dentera, el pasmo, los terrones

en la garganta, con la tristeza de tantas palabras

te cansas de tener amistad!

(*) Traducidos por César Astor para Zendalibros.