LITORAL

BORIS PASTERNAK, ENTRE LA GLORIA Y EL INFIERNO

BORIS PASTERNAK, ENTRE LA GLORIA Y EL INFIERNO

En octubre de 1983, el diario colombiano El espectador publicó una crónica del Nobel colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014) sobre un reciente paseo por la tumba del escritor ruso Boris Pasternak (1890-1960), en ella se refería a situaciones importantes a considerar al hablar de este autor que fue denostado por unos y glorificado por otros, a raíz de su única novela: Doctor Zhivago (1957) la cual, sin embargo, se popularizó más bien gracias a su versión cinematográfica estrenada en 1965.

En el texto, García Márquez considera la novela como nada particularmente impresionante, lamenta la fama que ganó el escritor por las peores razones y que muriera “sin que el mundo entero conociera nunca las verdaderas razones de su grandeza ni de su infortunio”; de paso, critica el abandono en el que halló la última morada de Pasternak, a quien de la misma forma que se le condenó al escarnio, se le acabó indultando.

Pero Gabo no ha sido el único que ha puesto el dedo en la llaga, no para cuestionar el Nobel, que en su momento Pasternak rechazó, se dice, por presiones políticas, y el cual coinciden que sí merece, sino acaso para alentar a una lectura más cuidadosa del autor y su obra, especialmente poética, a la que considera de mejor factura.

Pasternak había nacido el 10 de febrero de 1890 en el seno de una familia judeo-ucraniana. Hijo de un pintor y una famosa concertista de piano, no es de extrañar la formación del escritor, su vida cosmopolita y su cercanía con la crema y nata de la cultura rusa, entre quienes se encontraban el compositor Sergei Rachmaninov, o los escritores León Trotski y Rainer María Rilke.

Aunque estudió filosofía y música, pronto escuchó el llamado de las letras y en 1914 publicó su primera colección de poemas, ámbito en el que destacaría por títulos como El gemelo en las nubes (1914), Mi hermana la vida (1917), El año 1905 (1927) y Segundo nacimiento (1934), por citar algunos textos que le valieron el respeto literario, junto con el volumen autobiográfico Salvoconducto, de 1931, aunque en Occidente siempre ha sido más conocido por su Doctor Zhivago, que culminó en 1955, pero que fue prohibida por el régimen, publicándose por primera vez en 1957, en Italia, de donde se trasladó finalmente al inglés y al ruso, valiéndole el Nobel, la crítica feroz y, hay quien dice, que incluso la vida.

Uno de sus hijos califica de inenarrable la reacción de Pasternak al renunciar al Nobel, habían pasado cuatro días de que había mandado un telegrama de agradecimiento a Estocolmo, cuando tuvo que enviar un segundo que rezaba que “debido a la significación que se ha atribuido a ese premio en la sociedad a la que pertenezco”, no le era posible aceptar el galardón, al que renunciaba voluntariamente.

Al volver, parecía que había renunciado también a la vida y sólo repetía que ya nada tenía sentido, comentaba su hijo en alguna entrevista; un año después el propio Pasternak escribió “¿Qué clase de sucio crimen he cometido, ¿soy un asesino, un villano? Yo, que hice que todo el mundo llorase ante la belleza de mi patria”, en un poema que tituló El Premio Nobel.

A la luz de la historia y tras el episodio de censura y el Nobel rechazado, Pasternak sigue siendo comparado con autores de la talla de León Tolstoi, cuando se dice que su novela alcanzó las proporciones épicas de Guerra y Paz, e incluso hay quien lo emparenta con Anton Chéjov; lo cierto es que, en todo caso, Doctor Zhivago, que este año cumple 30 de haber sido publicado en su país de origen, ha resultado mejor libro que novela, cuya trascendencia acabó debiéndose más al mito, a la mercadotecnia y hasta a la mala fama que la siguió cuando se involucró a la CIA en la impresión de ejemplares.

En 2011, el crítico literario mexicano Christopher Domínguez Michael escribió un extenso ensayo con las posturas críticas y complacientes hacia la obra, destacando, desde luego, la denostación hecha por el también escritor ruso nacionalizado estadunidense Vladimir Nabokov, quien había considerado el libro: “una triste cosa, desmañanado, trivial y melodramático, con situaciones estereotipadas, abogados voluptuosos, muchachas inverosímiles y coincidencias trilladas”, quien aplaudía el Nobel por su poesía pero opinaba que “la prosa (de Pasternak) no alcanza el nivel” para un Nobel.

A su favor, cita a Nicola Chiaromonte, quien desarrolló los elogios wilsonianos y los estampó en La paradoja de la historia (1970). El atribuía los defectos del libro, sus excesos o simplificaciones más que a la impericia de Pasternak, “al predominio de una razón poética que domina a la prosa y la pone a su servicio”, interpretación lírico-época que, según Domínguez, puede explicar el éxito de la novela rusa, pues de melodramatismo y afán profético también se criticó en su momento a Dostoievski y a Tolstoi.

Tras leer la novela, Domínguez Michael reconoce que no puede más que estar cautivado tanto por el melodrama como por la poesía, así que confiesa: “agregué a Pasternak a mi santoral porque todo lo que tiene que ver con la Revolución rusa me horroriza y me fascina”, aunque considera que ambas opiniones tienen razón.

Y debe ser ese el efecto que ha hecho perdurar en la memoria al mítico Doctor Zhivago como un clásico de la literatura rusa pero también mundial, alentada por el sesgo autobiográfico de la historia, pues se supo está inspirada en el amor de Pasternak por su amiga Olga Ivinskaia, a quien convierte en Lara, personaje con el que, cuentan, el autor rinde homenaje y trata de compensar a su amante, ante su imposibilidad para separarse de su esposa.

Impulsada también por la versión cinematográfica de David Lean, protagonizada por Omar Sharif, Julie Christie y Geraldine Chaplin; con música de Maurice Jarre, ganadora de cinco premios Oscar y cinco Globos de Oro, éxito del que no gozó Pasternak, pues murió el 30 de mayo de 1960, dos años después de rechazar el Nobel y cinco años antes de que se estrenara la cinta.

El 27 de mayo de 1987, la agencia oficial rusa Tass da a conocer que Pasternak, Premio Nobel 1958, “ha sido completamente rehabilitado” y el libro prohibido acaba siendo publicado en la URSS en 1988, con la llegada de la Perestroika de Mihail Gorvachev, dos años después, a petición del estado, la Unesco declara 1990 como del “gran escritor y uno de los grandes poetas del mundo”.

Más allá de la absolución oficial, hay que decir que Pasternak es una pluma clásica, si no por su prosa, sí por su poesía; y Doctor Zhivago una de las grandes creaciones literarias de todos los tiempos; un realista testimonio de su época, un retrato de la sociedad soviética de los años 20, y un gran monumento al afán humano de mantener la dignidad cuando ya parece no quedar nada más.