LITORAL

EN RIESGO, LENGUA, TRADICIONES E IDENTIDAD

EN RIESGO, LENGUA, TRADICIONES E IDENTIDAD

Licenciada en Historia, maestra en un colegio de Bachilleres y escritora en lengua purépecha, Elizabeth Pérez Tzintzún comenzó a escribir en lenguas indígenas teniendo en mente dos cosas: mantener viva su lengua, de la que cada vez hay menos hablantes, y rescatar las historias y leyendas que la acompañaron durante su infancia y le dieron identidad. La tarea no ha sido fácil y aunque declaraciones como la del Año Internacional de las Lenguas Originarias, este 2019, les beneficia, lo importante, sostiene, es no desistir en la lucha.

Este año han tenido más reflectores que de costumbre, pero ella y cada uno de sus colegas tienen muchos años de trabajo tras de sí, así que lo imperativo, asevera, es seguir trabajando, “quizá esta circunstancia sea un buen pretexto para alzar la voz y demandar que no se les olviden a las autoridades las lenguas indígenas, que no sólo porque éste es su año, después se detengan los esfuerzos; sabemos que ahorita hay muchos cambios, pero esperamos a partir de aquí no decaer, sino seguir adelante”, expresa durante una charla con Litoral.

Entrevistada en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, en la colonia Condesa de esta ciudad, previo a su participación en el Diplomado de Literaturas Mexicanas en Lenguas Indígenas, que está por concluir, recuerda que estudiaba en la Universidad Michoacana y le pedían cursar una segunda lengua, en cuya oferta se encontraba el inglés, francés e italiano, pero también el purépecha, y fue ahí cuando opta por sumergirse en su propia lengua materna, porque si bien ya la hablaba, no la sabía leer ni escribir.

De inmediato se maravilla con el mundo que se abre ante sus ojos, porque descubre que hay muchas más comunidades de purépecha-hablantes y muy poco material para los ejercicios, y es cuando empieza a tomar talleres de literatura en español, conocimientos que luego traslada a su lengua, y poco a poco se inicia en la literatura, primero con narrativa y luego poesía.

Le llamaba la atención recoger esas tradiciones y costumbres de su pueblo que se hallan sólo en la tradición oral y la gente le dice que lo hace bien, así que se decide a recrear ciertas leyendas, las historias que le contaban sus bisabuelos, primero, sus abuelos después; “me llamaba mucho la atención, disfrutaba mucho visitarlos y escuchar sus historias; quería que se conociera esa tradición oral en otros lugares, así que empezó a ser la temática de mis textos narrativos”, comenta la autora, quien tiene tres poemarios en su haber, uno de ellos aún inédito.

En el caso de su poesía, añade, habla mucho del contexto en el que creció, del campo y el fuego, que sigue siendo un elemento importante para su cultura, pues es alrededor de él que se cuentan las historias, que se preserva la tradición oral, y por eso muchos de sus textos remiten a eso que mantiene o fortalece la comunidad: la siembra del maíz, las costumbres, etcétera, todo ello teniendo a la lengua como vínculo de una tradición que se mantiene.

Lamentablemente, como muchos de sus colegas, considera que siguen perdiendo su lengua a pasos agigantados, debido a diversos factores, como el hecho de que cada vez haya mayor necesidad de la gente de salir de sus comunidades en busca de mejores condiciones de vida; y no sólo la migración de un país a otro, sino aquellas en donde la gente tiene que desplazarse por temporadas para atender ofertas de empleos estacionales, lo que propicia que la gente pierda su lengua, porque aunque regresan y la retoman, siempre privilegian la que les da de comer.

EDUCAR A LAS NUEVAS GENERACIONES

Para Pérez Tzintzún, la prioridad de hoy es educar a las nuevas generaciones, a mamás jóvenes, para que enseñen la lengua materna a sus hijos y con ello preservar las tradiciones, particularmente las orales, porque si las lenguas desaparecen, la oralidad, las tradiciones, la cultura y la identidad se van difuminando. Por ejemplo, recuerda, un cuento que escribió hace 20 años, hoy puede no tener el significado que tuvo en aquel entonces, porque si le preguntas a un niño por determinados referentes hoy ya no los encuentra.

Es triste, por una parte, que esté desapareciendo lo que retrataron hace unos 20 años que empezaron a escribir en lenguas indígenas, pero, por otra parte, está orgullosa de ser parte de un grupo de escritores que han plasmado ese momento para la posteridad.

Sobre qué tan difícil fue para ella ese aprendizaje, recuerda que al ser purépecha-hablante y estar alfabetizada en español, su mayor dificultad estuvo en la traducción. “Primero escribo en mi lengua, luego hago la traducción, y eso pasa en casi todas las lenguas, los mismos escritores somos los traductores, por lo tanto, hay que hacer una doble creación”, refiere Pérez, quien sabe que lo más difícil de ello es acercarse lo más posible y de la manera más genuina a la creación original.

No es fácil porque hay términos que, aún traducidos libremente, no reflejan la potencia de la lengua original, por ejemplo, la palabra uenecua, que es poesía, pero que en purépecha es algo más profundo, es decir, algo que nace o surge del alma, que tiene una connotación más espiritual, reconoce la escritora, quien se siente orgullosa de haber tenido el privilegio de caminar al lado de quienes empezaron a ver la literatura como una forma de resistencia ante la extinción de su identidad y su cultura.

Pérez tiene sólo dos libros publicados: La creación de poesía purépecha: soporte literario para fortalecer la lengua y cultura indígena (2016) y La casa de las luciérnagas (2002), pero múltiples poemas suyos han aparecido en revistas como Originaria, Blanco Móvil, Acento y algunos suplementos literarios. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de la Juventud Indígena, y fue becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) así como del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (Feca), en 2002 y 2003.

Ha participado en diversidad de foros y encuentros de poetas y su trabajo ha traspasado fronteras en Meridiano 105º, un espacio virtual para la poesía de mujeres en lenguas indígenas de México y Canadá, organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.