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ATRAPASUEÑOS

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Tikuxi Kaa: contar la migración a niños en tu’un savi

“Es muy importante que mi comunidad lea este libro y ellos mismos den su voto. Es fundamental para los que escribimos en lenguas originarias, porque al final no es un texto propio, es un texto comunal que sale de muchas voces, de muchos pensamientos, en este caso el pensamiento de mis padres, el de los niños del taller de escritura que di en Oaxaca, mis propios referentes y también mi comunidad, que es una comunidad migrante”. Es la voz de la escritora mixe Nadia López, ganadora en 2017 del Premio a la Creación Literaria en Lenguas Originarias Cenzontle, para quien no hay obstáculo que le impida llevar a su pueblo, San Juan Cahuayaxy, su más reciente libro Tikuxi Kaa. El tren.

Nadia presenta el volumen publicado este año por la editorial Almadía en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), que se realiza del sábado 19 al domingo 27 de octubre en la capital de ese estado, pero lo que más le entusiasma es llevarlo al lugar de sus orígenes, su comunidad, donde dará lectura a los poemas escritos en tu’un savi.

Para ella, el título del libro significa un retorno al lugar de la primera tierra de cada uno, “que puede ser una gran ciudad, una comunidad o simplemente una persona”. El texto es una serie de poemas dedicados a niños, pero no descarta que los adultos se acerquen y conozcan el fenómeno de la migración a través de los versos de su autoría. “Cuando pensaba en el libro y en esta idea central del poemario que es la migración y la memoria, imaginaba el regreso, a donde tu ombligo fue sembrado. Creo que todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido migrantes y cuando somos niños nadie nos pregunta qué estás sintiendo al dejar un lugar, a tus amigos, la escuela”.

Desde muy pequeña Nadia López migró con su familia. Sus papás son recolectores de fresa, frambuesa, chile, mora, alimentos que los llevaron hasta San Quintín, Baja California. “Cada seis meses mis padres y yo cambiábamos de lugar para vivir, si se acababa el pepino o la fresa, se iban a pizcar a otra zona. Entonces, prácticamente yo rotaba todo el tiempo”, cuenta al acotar que esta movilidad le provocó una desestabilidad que no entendió por completo cuando era niña, pero ahora le sirvió para escribir los versos de Tikuxi Kaa.

“Pensé en los demás niños que quizás eran yo, que vivían exactamente lo mismo; estas tristezas y nostalgias, las cuales cuando eres niño los adultos muchas veces piensan que se nos va a pasar o nos readaptáramos a un nuevo lugar. Ya como adultos seguimos quizás en esas rutas migratorias. Entonces, a pesar de que es un libro para niños que están en procesos de migración, que migraron o van a migrar, también puede ser para adultos, que buscan de alguna forma regresar en la memoria a ese territorio, en donde fuiste niño”.

RECONOCERSE EN LAS LETRAS

La comunidad de Nadia López es como muchas del país, la situación que se vive ahí orilla a los habitantes a buscar nuevas oportunidades en otros lugares. Para unos cuantos la opción es la Ciudad de México, pero para otros el camino final es el sueño americano. “En México tenemos muchos estudios sobre remesas, sobre distribución geográfica de los migrantes y de actividades económicas, pero no tenemos algo que nos diga qué sienten los niños cuando migran. Pienso que este poemario puede ser eso, una gotita que abone a que empecemos a escuchar la voz de ellos cuando están en entornos migratorios”.

Este panorama ahora dibuja en la mente de Nadia el terreno que se encuentra cada vez que va a su tierra, sobre lo que comenta que “tú llegas y ves muchas casas de material, sin pintar, pero están vacías, porque la gente se fue, sólo manda su dinero para que construyan el espacio y ya no regresan”. Por ello es que también escribe, para aquellos que quieren recordar a través de la lectura, que desean volver a vivir o recordar los olores de la comunidad.

Nadia aprendió a hablar su lengua materna cuando ya era consciente de sus decisiones. Ahora ella quiere revivir la cosmogonía que cargan estas palabras a través de la poesía, y “sobre todo que los niños, que es el público con el que trabajo conozca y se sienta orgulloso, porque muchos de ellos en la actualidad ya no hablan sus lenguas, aunque viven en comunidades originarias y es eso: el buscar replantearnos por qué estamos dejando de hablar nuestras lenguas, eso también es migración y tiene que ver con la pérdida de lengua que estamos teniendo”.

El tren es un libro es bilingüe, tu´un savi y español, pues “quien se acerca al texto en mixteco tiene una sonoridad distinta y cuando lo pasamos al español cambia esa sonoridad, pero yo creo que mucho es ese juego entre ambas lenguas. Es un desafío escribir así, sobre todo en un México en el que justamente pensamos que ser bilingüe es hablar español e inglés o español y francés, pero muy pocas veces pensamos el bilingüismo como náhuatl-español o tu’un savi-español”.

Aunque el libro no sólo es poner la discusión de la lengua originaria sobre la mesa, sino es para que todos puedan escuchar y acercarse a ella. Además, “fue un regreso a la memoria de mis padres, que me contaron sus viajes en tren, también para mí, sobre mis fenómenos migratorios y sobre todo para la memoria de las niñas y los niños con los que trabajé”.

SEMBRAR SEMILLAS EN LOS MÁS PEQUEÑOS

El pueblo mixe nació de la lluvia. Su historia cuenta que en un río creció un árbol, “se dice que también esto es parte de poner mi mundo al alcance de los demás, al conocimiento de los otros”, expresa Nadia y es que en los poemas toda la historia de esta cultura está implícita, ella asegura que lo hizo para generar preguntas sobre el origen y esencia de los hijos de la lluvia. Y quizás fuera un pretexto para conocer a su pueblo, los ñuu savi.

“Para mí fue también un regreso a conocer cómo se cuenta a los niños que nació nuestro mundo y también cómo podemos compartirlo con ellos. Sobre todo, que en su imaginario se van construyendo una idea de que somos un México que es crisol, de muchos pensamientos, mundos y formas en cómo nacimos los pueblos originarios”.

En 2018 Nadia López recibió el Premio Nacional de la Juventud por la labor que ha hecho para la preservación de las lenguas originarias. Sin embargo, su trabajo está enfocado a los niños, “ellos son el principal motor, porque desde mi formación como pedagoga y durante mi trayecto universitario me di cuenta que muchas veces damos por sentado lo que una niña o un niño quiere, piensa y desea”.

La poeta ha recorrido algunas comunidades del país, siempre trabaja con los más pequeños, y al respecto narra que “muchos de los poemas aquí fueron tallereados, por así decirlo, por niñas y niños que son los mejores críticos de literatura infantil que pueden existir. Muchos me decían: ´es que ahí suena feo. Si le pones así mejor´, y yo les contestaba: ´Claro, suena muchísimo mejor´. Entonces, creo que también en México tenemos muy buenos escritores, poetas, narradores para niños y niñas, sin embargo, no toman en cuenta la voz del niño. Se escribe con los niños, no para el niño”.

Señala que se debe explicar a los niños las cosas como son en la realidad. “Creo que hay temas como el abuso, la desaparición forzada, la migración que a veces no se tocan para ellos y que es necesario, porque no son ajenos al mundo en el que vivimos, son interlocutores. Entonces, es necesario llevar esos temas a la mesa y dialogarlos. La literatura infantil debería estar en el mismo plano del diálogo, porque estamos escribiendo para infancias que están construyendo sus referentes simbólicos, que están construyendo sus imaginarios colectivos e individuales. Creo que mucho de lo que escribamos con ellos en esta etapa de su vida es fundamental para que también puedan reconstruir sus referentes simbólicos más próximos”.

Pronto Nadia subirá a una camioneta de redilas y parada todo el trayecto llegará hasta su comunidad, a donde nació, aquel lugar que en las fotos se ve montañoso y recuerda algún paisaje de José María Velasco: casas con un hilo de humo, el cual se funde con las nubes que acarician los árboles. Irá hasta allá, para tocar casa por casa y avisarles que leerá poesía en la cancha deportiva de la comunidad, ahí donde los niños y niñas se juntan para botar la pelota y simplemente ser ellos.

“Quiero que este libro sea un paso para que les hablemos de migración. En mi comunidad ves poca gente y casas de cemento vacías. Quiero hablarles porque muchas niñas y niños piensan su futuro así: irse a Estados Unidos o venirse a la capital, pero creo que Tikuxi Kaa será un buen espacio para empezar a hablar de la migración y de todo lo que perdemos al dejar nuestro espacio inicial, en donde se sembró nuestro ombligo”, finaliza.