Argentina negra en México

*Jóvenes plumas argentinas, dedicadas al cultivo de literatura negra, llegan al Zócalo capitalino

*Jóvenes plumas argentinas, dedicadas al cultivo de literatura negra, llegan al Zócalo capitalino

Por Juan Carlos Castellanos C.

México, 18 de octubre (Notimex).— Una mesa de reflexión e intercambio de experiencias titulada "La literatura negra argentina en México", realizada en el marco de la XIX Feria Internacional del Libro en el Zócalo, dejó anoche en el público presente la sensación de cercanía, más precisa que nunca, entre los autores de Argentina y los lectores de México.      ¿Quién mató a la cantante de jazz?, de Tatiana Goransky (1977), es uno de los libros que se dieron a conocer en los comentarios de los escritores y especialistas Imanol Caneyada (1968) y Atzin Nieto (1991). En sus glosas y reflexiones dejaron ver que se trata de una novela negra de 96 páginas. Esa muerte se da en un entorno de odios, excesos, pasiones, culpas y más.     Otra obra que ya está en las librerías de México es Nadie es inocente, de Kike Ferrari (1972), joven autor ganador de los premios del Fondo Nacional de las Artes (Argentina), la Semana Negra de Gijón (España) y Casa de las Américas (Cuba), por algunos de los cuentos incluidos en este volumen de apenas 44 páginas.       Tanto Caneyada como Nieto apuntaron que la autora bonaerense Gabriela Cabezón Cámara (1968) es una de las nuevas plumas argentinas que ha impactado positivamente a la región. Sus libros La Virgen Cabeza, que a la fecha tiene ediciones al italiano e inglés, así como Romance de la Negra Rubia y Las aventuras de la China Iron, han sido celebrados.      Por otro lado, en el acto realizado en el café literario Balún Canán de la feria, se comentó Cruz, de Nicolás Ferraro (1986), una novela donde su protagonista Tomás cae en un infierno al que lo orilla su hermano, inmiscuido en negocios turbios en la Triple Frontera.       La sombra del agua, de Fernando López, completó la lista de novedades que se aponderaron del acto. Albert Einstein estuvo en el Edén Hotel de Córdoba en 1925, ahí trabó amistad con Jesús, un ilusionista, quien aún vive en un geriátrico. En esta obra, su autor amplía los límites de la literatura criminal, de suspenso y de investigación.