Migrantes angoleños mantienen la tenacidad latente pese a larga espera

Por Ashlei Espinoza Rodríguez. Enviada.

Por Ashlei Espinoza Rodríguez. Enviada.

Tapachula, Chis., 15 Oct (Notimex). Centenares de migrantes africanos, en su mayoría angoleños, desde hace poco más de cinco meses, mantienen latente la esperanza de continuar su trayecto, pese a la desesperación que los abraza en ocasiones.

Ni la lluvia que cae sobre Tapachula los últimos días, ni el abrazador calor que prevalece la mayor parte del año en este municipio, han podido quebrantar la voluntad ni la perseverancia de decenas de familias que siguen y seguirán postradas en las inmediaciones del recinto migratorio hasta que no se les conceda el permiso para transitar libremente por el país.

La tenacidad de los africanos no es nueva, en algunos casos lleva intacta casi un año. La historia de la migración para ellos comenzó el día que decidieron abandonar lo conocido. Cinco meses de su vida los invirtieron en llegar a Mexico y otros cinco los han destinado a esperar soluciones.

Matías, un migrante angoleño afirma que la espera es “horrible” pues el dinero escasea y la desesperación aumenta día tras día. Su rostro serio y sonrisas forzadas, lo dicen todo.

“Nosotros no salimos con la caravana el sábado, nos quedamos aquí, esperando”, relata con su castellano a veces incomprensible.

El hombre de 40 años de edad, habita una de las más de 100 casas de campaña que se aprecian en la explanada de la estación migratoria. El plástico que lo cubre día y noche es su “hogar”.

De pie a un lado de la carpa de una cervecera famosa que es utilizada para resguardar a las mujeres y niños del campamento, Matías relata que para llegar a México tuvo que atravesar Latinoamérica de punta a punta. “No fue fácil”, comenta.

En su travesía se encontró con “muchos bandidos”, pero también descubrió la solidaridad en países como Panamá. De Mexico, solo puede decir “el Estado mexicano no ayuda en nada”.

El campamento de migrantes es un hervidero de emociones encontradas. Aquí los gestos, las palabras, la música, los llantos, hablan siempre por sí solos.

Los niños, aparentemente indiferentes a la realidad, siempre mantendrán el aire de esperanza en donde se encuentren y las sonrisas de los infantes africanos son imposibles de ignorar.

No obstante, los adultos, aquellos que saben a lo que se enfrentan y enfrentarán, a estas alturas del camino, lo único que dan en su mayoría, son miradas desconfiadas y los ojos grandes y expresivos de los africanos son imposibles de silenciar.

“Aquí nos quedaremos hasta que nos den soluciones”, afirma Matías mientras cruza los brazos sobre su pecho.