LITORAL

Lo insólito toma carta de naturalidad en Bernardo Esquinca

Lo insólito toma carta de naturalidad en Bernardo Esquinca

Publicado originalmente en 2008, Bernardo Esquinca acaba de ver reeditado su libro Los niños de paja, breve publicación (131 páginas) en la que el escritor tapatío reúne un grupo de ocho cuentos más la novela corta que da título al volumen, y en el cual da muestra de sus preferencias como escritor: lo detectivesco, lo terrorífico, lo insólito y hasta lo que pareciera inverosímil. Todo por amor a la ficción.

El propio autor explica en la contraportada que de ciudad natal cambio su residencia a la capital del país en 2003 con motivo de alejarse de una reciente separación matrimonial difícil, a la vez de buscar nuevos aires para su escritura, y en efecto encontró campo fértil. Fruto de esos momentos escribió varios cuentos que le solicitaron en revistas y amistades, que después habría de completar para publicar este título.

Bernardo Esquinca mantiene en alto su fértil imaginación en las narraciones que integran esta publicación, reeditada en 2018 por Almadía. Al final de la misma incluyó un Epílogo en el que, muy al estilo de los nuevos tiempos en cine y televisión, explica un detrás de cámaras de cada uno de los textos, pero fuera de ese espacio, en el primero (La vida secreta de los insectos) narra la historia de un entomólogo forense, el cual ante la no solución del asesinato de su esposa, quien gustaba mucho del mar, consulta a una médium para saber lo ocurrido. Ella le dice que su mujer le hablará por teléfono cierto día a las nueve de la noche. Al llegar el momento, suena el aparato en punto, levanta el auricular para escuchar detrás del hilo no una voz femenina sino al mar.

Lo fantásticamente extraordinario también se hace presente en el siguiente relato, La señora Ballard es la señora Ballard, en el que un detective privado es contratado por un hombre para seguir a una esposa, mujer que se encuentra hospedada en un hotel, sin más explicación ni un por qué. Sin embargo, en este proceso se da cuenta que ella lleva una vida común y corriente y entonces desvía su atención hacia un asunto que le parece interesante en las instalaciones. Por ello pierde a su objetivo y en cambio se dirige hacia lo que distrajo su atención, donde es víctima de su oficio.

Lo inexplicable que hace posible la literatura de Esquinca hace su aparición en el resto de los cuentos que integran el volumen (Mientras sigan volando los aviones, El corazón marino, Pabellón 27, Espantapájaros, El dios de la piscina y El amor no tiene cura), pero tiene mayor desarrollo en Los niños de paja, que ya se puede clasificar como una novela corta. En ella una desviación no premeditada de cuatro amigos que viajan por carretera en un auto los llevará a un mundo paralelo, al infierno sobre la tierra. Esquinca mezcla aquí elementos como el terror, la ciencia ficción y tradiciones prehispánicas, haciendo un guiño a las series y películas de zombis, aunque estos no aparezcan como tales.

Los cuatro amigos, el matrimonio formado por Claudio y Fernanda, así como Salvador y Julián, llegan de noche en época de Halloween a un pueblo que parece fantasma al estilo de las películas estadounidenses y deben quedarse en él debido a que no tienen gasolina. Sin embargo, en el único hotel que encuentran un reportero, Dávila, que llegó desde hace días al lugar para realizar un trabajo periodístico, les advierte que no deberían estar ahí y les recomienda salir como puedan. No hacen caso, pero con el paso de las horas se darán cuenta de su grave error.

Se trata de una población en México habitada por estadounidenses. Las calles están vacías, la luz escasa y algo en el ambiente se prepara, lo pueden sentir los cuatro amigos, quienes también distinguen que no hay niños, y cuando preguntan por ellos les dicen que viven en el pueblo de al lado, solos. En medio de la noche se desata el aquelarre en el que los adultos deberán recibir a sus hijos que viven en la otra población con los brazos abiertos, pero armas debajo de sus ropas. Los pequeños organizados y ordenados por “el que no nos desampara ni de noche ni de día” también atacan con armas hechas por ellos a sus progenitores. Se trata de una noche de sangre y terror que alcanza a los cuatro amigos, pone a prueba su amistad y al final sufren la baja de uno de ellos.

Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972) mantiene el interés del lector en cada uno de los textos que conforman el volumen, no deja de sorprenderlo y mantiene la expectativa de que un dato, una frase o un hecho fuera de lo normal aparecerá en cualquier renglón.