LITORAL

MARIA BARANDA, UNA ENAMORADA DE LA LITERATURA INFANTIL

MARIA BARANDA, UNA ENAMORADA DE LA LITERATURA INFANTIL

Es un año fantástico, así se lo dice a María Baranda (México, 1962) el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y juvenil que se le acaba de conceder, los libros que están a punto de ver la luz y la edición de su poesía reunida en inglés, que prepara la Universidad de Yale, en Estados Unidos, pero detrás de todo eso hay algo más grande, una trayectoria consolidada de tres décadas y mucho camino aún por recorrer.

Y es que no hay punto de reposo para la autora de libros como Arrullo o Un abrazo, porque con cada distinción el compromiso crece proporcional al gozo de escribir para el público infantil y juvenil al que ha dedicado la mayor parte de sus letras, a esos lectores en formación que inspira con su poesía, con sus letras amorosas que cuentan historias y alientan sueños.

La sonrisa en los labios acompaña a sus palabras, está contenta con el veredicto de éste, que considera el premio más importante para literatura infantil y juvenil en lengua española y portuguesa, el cual se le concede por “retratar la complejidad humana con sus claroscuros, por acompañar a sus lectores y reivindicar el lugar de los niños y las niñas en la sociedad”.

La primera vez que ganó un premio de SM fue el Barco de Vapor, en 2003, y había sido por un título en particular, hoy, el reconocimiento es por toda su trayectoria, y eso la sorprende y la complace, porque se da cuenta que ya son muchos años de trabajo, no sólo como escritora de poesía y narrativa, también como activa promotora y tallerista, siempre a favor de la lectura.

María pertenece a ese grupo de escritores mexicanos formados y dedicados específicamente en la literatura infantil y juvenil, que vienen trabajando desde hace unas tres décadas y empujando para que hoy se viva un gran momento en este segmento, pues es una literatura que gusta, vende, y ha consolidado un buen mercado, afirma en charla con Litoral.

Aunque no se considera entre los pioneros, donde ubica nombres como el de Francisco Hinojosa, Juan Villoro o Alicia Molina, Baranda es del siguiente grupo, en el que hay muchas plumas consolidadas, tal es el caso de Javier Malpica, Jaime Alfonso Sandoval, Mónica Brozon, o María García Esperón, que llegaron para quedarse en el gusto de sus públicos.

Baranda, en particular, es una autora muy prolífica y versátil, que gusta sobre todo de la poesía, un género que considera especialmente valioso para acercar a los chicos a la lectura, sin embargo, reconoce, ésta no es para todos, sino para quien la necesita.

También ha incursionado en el ensayo, en ese sentido, refiere, escribió un texto sobre cómo acercar a los niños a la poesía y acabó siendo material de referencia para los mediadores de lectura, a quienes enseña cómo ir encontrando las claves necesarias para contagiar a chicos y no tanto, de que pueden leer y entender la vida desde otros ángulos.

LITERATURA EN DEFENSA PROPIA

El gusto de María Baranda por la literatura es añejo, tendría unos nueve años cuando comenzó a escribir, aunque no se planteaba ser escritora, inició en ello más bien buscando un pasatiempo que le permitiera una convivencia diferente con sus hermanos, y acabar con los balonazos que invariablemente recibía cuando la ponían a resguardar una portería.

Un día, relata, comenzó a escribir historias y a hacer con ellas obras de teatro, en las que lograba hacerlos participar y eso era divertido, pero para entonces aún no pensaba en hacer carrera en las letras; luego, de adolescente se enamoró y conoció la poesía, pero aún tardaría mucho más tiempo en descubrir que la literatura podía ser algo más en su vida que sólo un pasatiempo.

Estudió psicología hasta que un día, reconoce, por fin acabó “saliendo del clóset” y comenzó a escribir, ganó un premio y entonces sí se planteó si éste podía ser un camino. Se dio cuenta que había una puerta abierta y una vez que decidió cruzarla no ha parado de descubrir mundos que comparte con sus lectores.

El balance, dice, es positivo, sin lugar a dudas, no sólo por haberse convertido en una escritora prolífica, que puede cerrar un año hasta con cinco publicaciones, sino porque todo el tiempo hace cosas que le gustan, porque si no está escribiendo, imparte talleres, trabaja para la Fundación para las Letras Mexicanas, con maestros de educación inicial, o viajando para promover sus libros y la lectura. Actualmente está a punto de irse de viaje y de cerrar tratos de traducción por ejemplo con China, que publicará Arrullo en ese idioma.

EL SECRETO DE SU ÉXITO…

Si alguna fórmula aplica para el éxito de María Baranda ésta empieza y termina con la palabra trabajo, que combina con pasión por lo que hace, disciplina, creatividad y su particular gozo de comunicarse con sus lectores; lo cual implica una ardua labor de organización, ya que tiene un enorme respeto por lo que hace y por eso se cuida y le da el tiempo y seriedad necesaria a su labor creativa. Por ejemplo, dice, casi siempre comienza el día leyendo, aunque en el inter puede escribir. Trabaja generalmente por proyectos a los que dedica espacios particulares, en los cuales no acepta conferencias o talleres adicionales, para dedicarle tiempo a sus letras.

Desde luego, explica, no todo sale a la primera, hay libros que la han exprimido bastante, y hay otros que fluyen de manera natural, lo importante es conectar con el tema, el lenguaje, el ritmo y el tono en el que quieres hacer llegar tus palabras a los lectores, porque lejos de lo que se piensa, la literatura infantil puede hablar de cualquier tema, si encuentra el tono adecuado.

Y es que, para Baranda, autora de otros títulos como Digo de noche un gato o Temible monstruo, los niños tienen derecho a recibir todos los temas, como siempre ha pasado, porque, de qué habla La Cerillera, de Hans Christian Andersen, si no de la miseria y la orfandad; o El gato con botas, de la avaricia, y La Caperucita roja, del acoso, se pregunta la autora.

Una vez escogido el tema, expone, hay mucho trabajo, porque con el tiempo aprendes que no todo sale a la primera, y que tú no eres tan genial como todos dicen, en eso tiene mucho que ver el editor que tengas, porque uno bueno tiene que ser capaz de atreverse a decir esto no me sirve, y si eso pasa, a ti como escritor te debe salir el oficio para reescribir tu trabajo y acaba quedando un gran libro. En ese sentido, considera que ha tenido suerte porque en todas las editoriales en las que publica han hecho un buen trabajo.

“Me doy cuenta que ha sido un año fantástico y que tengo un mes muy pesado, pero adoro este trabajo”, confiesa Baranda, para quien su labor no estaría completa si en este esfuerzo de promoción de la lectura no participan también los padres de familia, porque la lectura, apunta, es algo que se contagia desde casa. Si en este empeño de fomentar el hábito de la lectura no participan papás y maestros, si no hay un adulto detrás de los niños que entienda y les transmita la importancia de la lectura, ésta no va a llegar a ellos, “porque la lectura es una actividad para compartir, un acto tan elemental como entusiasta, y si a ti te gusta lo vas a poder compartir y quien esté junto a ti se convertirá en lector”.

Lo importante es preguntarse qué estamos haciendo y qué queremos formar, porque la lectura sí ayuda a que seamos un poquito mejores, a que vivamos en un mundo un poco más feliz y más contentos. La vida es bella, pero hay que echarle ganas, sobre todo en la etapa inicial, concluye la autora de otros libros como Silena y la caja de secretos, Sor Juana Inés de la Cruz: la peor magnífica, y La casa del dragón y otros poemas de horror, publicados en SM.