La Guarida Nacional: Yucatán

Víctor Argáez, impulsor del Salón de la Plástica Peninsular

Víctor Argáez, impulsor del Salón de la Plástica Peninsular

Por Martha Salinas

[“Pintar nunca es un pasatiempo, es treparse cuantas veces caigas del cielo”, dice el artista Víctor Argáez, quien no se deslinda, nunca, del sureste mexicano, que no desea salir de su país a pesar de las oportunidades que le brinda su carrera artística (si bien pronto tendrá una exposición en Cuba, donde estará presente), que busca concretar en la región el primer Salón de la Plástica Peninsular…]

Yucatán, 18 de septiembre (Notimex).? Incansable promotor de la cultura maya, aferrado a la tierra que lo vio nacer: Buctzotz, Yucatán, el pintor Víctor Argáez (1962) impulsa el primer Salón de la Plástica Peninsular como un espacio para difundir el trabajo artístico del sureste mexicano.      Es promotor de un movimiento independiente de pintores del sur del país: Herederos Ancestrales, creador de la Casa del Artista, donde cada sábado, sin falta, forma a nuevos artistas, además de que se le puede ver en el parque Cepeda Peraza (conocido como Parque Hidalgo) todos los jueves para establecer charlas sobre diversos pintores y técnicas.

Sus viajes a la Ciudad de México son contados (no pasan de cinco y fueron para comprar libros que antes no se localizaban en su estado) y, después de tres décadas de trayectoria, nunca ha viajado al extranjero para promover su trabajo, aunque ello no ha sido obstáculo para que se le conozca en naciones europeas cuyos residentes han comprado sus obras.

El oxígeno maya

Los verdes campos de Buctzotz, zona ganadera de Yucatán, han sido su espacio de inspiración artística: trabajadores del campo, comunidades mestizas, sus usos y costumbres. Ahora explora retratos, pero en ellos fortalece la identidad de sus pueblos y construye su estilo propio mostrando la riqueza de lo mexicano y, en específico, de la cultura maya:      —La Península de Yucatán es una maravilla, el oxígeno, la gente. Una persona se nutre de lo que vive, de lo que anda, de hecho es lo que es por el lugar en donde está. Y en el arte uno no puede equivocarse. Somos la respuesta de lo que somos, de lo que vivimos, de lo que sentimos y de lo que pensamos —destaca en entrevista con Notimex.      La tecnología ha sido aliada de Argáez y le ha permitido trascender las fronteras mayas. Por ejemplo, su mural Nuestra historia, que realizó en 2003 para la Universidad Tecnológica Metropolitana, en Mérida, lo plasmaron en tercera dimensión y con difusión en el ciberespacio logró que se conociera en otras naciones.      Su batalla es, dice el artista, impulsar a los “muchachos talentos” de la península: promueve sus obras, organiza exposiciones, realiza catálogos y ahora impulsa el Salón de la Plástica Peninsular, que se ubica en Buctzotz. Él es heredero de la dinámica que estableció el pintor Medalla Bellas Artes 2018: Manuel Lizama (1931), que es la de integrar grupos y buscar apoyo para su desarrollo.      —Como todos los sueños, para el Salón de la Plástica Peninsular, ya tenemos los primeros cimientos, las primeras columnas. Tenemos un espacio de 20 por 30 metros donde se están haciendo las adecuaciones, los drenajes, las columnas, muy pronto el techo, ya contamos con dos salones y ya empecé a solicitar o a comprar obras. Estamos haciendo la selección de los pintores. Tenemos más de diez movimientos de pintura en el sureste, y hay más de 150 pintores interesados en formar parte de ese Salón —explica.      Aunque tendrán que pasar al menos tres años para ver concluido el proyecto, Víctor Argáez menciona que el plan incluye la organización de conciertos de trova, piano, encuentros de poesía y gastronomía. Es, dice, “un proyecto que estamos construyendo todos”.

Las batallas interminables

Como pintor señala que empezó “ya maduro” su trayectoria artística, pero su trabajo en los últimos años le ha valido ser reconocido en el sur del país:      —No me interesan los reflectores fuera de México, mi fuente de inspiración es mi tierra maya. Mi carrera en la pintura empieza desde muy pequeño, en la primaria y secundaria. No se me dio oportunidad de tener preparatoria y Universidad, pero después de ser novio, casarme y ver por mis hijos, tuve la suerte de estudiar en el Centro Estatal de Bellas Artes en Mérida y ahí inició mi carrera. Creo que, profesionalmente, en 1983 aparece mi primer registro de maestro y a partir de ese año mi vida se finca en actividades culturales: libros, talleres con otros pintores —relata.      Víctor Argáez enfatiza en que los temas que plasma en sus pinturas se fincan en el trabajo, en el agradecimiento de los seres humanos, en la preocupación de que haya vientos malos cerca:      —Mis murales, por ejemplo, hablan de un hombre que lucha, de personajes que se han destrozado la camisa por los demás, batallas que se han enfrentado y eso se da en todos los tiempos.      Sin embargo, su pintura se centra en “el maravilloso color de la península, su luz, agua, viento, muchas áreas verdes, son colores muy limpios: amarillos que te hablan de iluminación, belleza, inteligencia, conocimientos, esperanza… Entonces se basa en el tiempo, en el espacio”.      El artista yucateco ha complementado su formación creativa con los viajes que ha realizado en al menos 12 estados del territorio nacional, porque para él es importante estar en el país que “es un misterio de las maravillas, y a cualquier lugar que vayas te sientes bien”.      De ahí que su carrera se defina por su presencia en Yucatán y principalmente en todo el sureste de México: en Campeche, Yucatán y Quintana Roo, aunque también por sus visitas a la Ciudad de México, Querétaro, Guanajuato, Tamaulipas y Puebla.

Los secretos de la pintura

Por su trayectoria y pasión por ser formador de generaciones, es promotor de la corriente plástica Herederos Ancestrales, que agrupa a pintores que saben proyectar en los lienzos la belleza de sus comunidades, crear conciencia y fortalecer el sentido de lo que son.      —Ha sido resultado de mucho tiempo de investigación, de experimentar con formatos grandes y plasmar el quehacer cotidiano al hombre, al niño, a la familia trabajando: los seres humanos trabajan por amor, por compromiso… cuando andamos en el campo vemos los frutos o sembramos los árboles, cosechamos, la colección de ancestros habla del trabajo y el honor de ser un trabajador…      Víctor Argaéz recuerda que tuvo que separarse de su familia para viajar a Mérida y prepararse con maestros como Ermilo Torre Gamboa, estar junto a Manuel Lizama, Juan Ramón Chan y Emilio Vera, cada uno una autoridad en su quehacer en el arte.      Ahora, con una solvencia y con tres hijos a los que ya les posibilitó su desarrollo profesional, el artista plástico dice tener la posibilidad para viajar, en breve, a Cuba, donde lo invitaron a una exposición. Y, para él, es el momento, ya que —argumenta— tiene la madurez artística suficiente para viajar.      Cualquiera que se dedique a la pintura debe saber que es una pasión y un trabajo que no es para dejar una fortuna, “pero serás una persona sumamente feliz. La pintura tiene secretos, laberintos y si se espera un buen comienzo, hay que lanzarse con todo”.      Víctor Argáez concluye la entrevista reiterando:      —Mi obra es exactamente mi forma de pensar, es mi vida, es color, es luz, compromiso, amor y, sobre todo, es sueño, pero agregado a eso es trabajo, mucho trabajo. Si la obra es buena, el pintor lo sabrá y se abrirán puertas. Somos exactamente lo que está pintado en la obra.