VIOLENCIA, HUMOR E INGENIO SELLAN LA SUERTE DE LOS CONSPIRADORES

¿Puede la violencia despertar ternura? Para el escritor coreano Un-Su Kim, sí, pues en el mudo de hoy todo es posible, porque ahí donde se anida lo más brutal de la humanidad también coexiste lo ...

¿Puede la violencia despertar ternura? Para el escritor coreano Un-Su Kim, sí, pues en el mudo de hoy todo es posible, porque ahí donde se anida lo más brutal de la humanidad también coexiste lo más rescatable de ella; porque nada es sólo blanco o sólo negro, violento o pacífico; las personas nunca son lo que parecen porque son parte de un sistema que se mueve a base de conspiraciones sin fin, donde unos acaban con otros que después también tienen que morir.

Así de absurdo e irónico es el entramado que desarrolla la novela Los conspiradores, un thriller lleno de acción que, al más puro estilo gore, va salpicando de sangre a cada uno de sus protagonistas, cuya vida está perdida de antemano, destinada a convertirse en cenizas que se esparcen con el viento sin que nadie parezca reparar en ello o pretenda poner un alto a ese desenfreno.

Como en todos los mundos posibles hay reglas, por muy bizarras que éstas parezcan, y en éste, el protagonizado por Reseng, las cosas se tornan riesgosas cuando se cometen errores que hacen fracasar las conspiraciones, es el momento en que los asesinos deben morir, para salvaguardar la identidad de quienes siempre están detrás de todo, las mentes maestras que operan en las sombras, las manos que mueven los hilos de esa violencia.

¿Pero en esa espiral cabe algún resquicio para arrepentirse, para cambiar las cosas, para darle un sentido a la vida que se tiene, o que se quiere? Quizá es la pregunta que se hace el protagonista cuando contra toda lógica operacional empieza a actuar fuera del libreto conspirador y a tomar decisiones propias, impulsadas por algo más fuerte que sus hábitos, que la forma cómo ha crecido en La perrera, la biblioteca donde Viejo Mapache lo ha enseñado a ser el mejor.

No se trata de rebeldía ni siquiera de supervivencia, parece más bien, la agonía de alguien próximo a exhalar su último aliento, aferrándose a la vida, a la que no tuvo y hoy tiene la capacidad de decidir por sí mismo.

Vibrante de principio a fin, el texto de 318 páginas, editado por Océano, destaca por la vertiginosidad con la que se desplaza recorriendo múltiples escenarios, desde La biblioteca de Viejo Mapache, con su vieja estantería de libros que nadie lee; el crematorio de Oso, donde descansan los más diversos blancos, y el mercado de carnes (donde se puede encontrar cualquier inmundicia), hasta un lujoso centro comercial con elevadores de cristal, donde se ha de sellar la suerte del protagonista.

Editada ya en 20 idiomas, Los conspiradores llega a México, gracias a la traducción de Fernanda Melchor, para contarnos una historia que se mueve entre la novela estadounidense de detectives y la tradición de los honorables samuráis orientales, y que acaba por convertir a su protagonista en un héroe contemporáneo que se alza con furia contra el monstruo capitalista develado desde un principio por la decadente figura de Viejo Mapache, quien desde siempre tuvo claro que “Los logros de la humanidad (la civilización, el arte, la religión e incluso la paz) fueron sólo posibles gracias a la guerra, lo que significa que desde un principio, los seres humanos han conspirado para matarse unos a otros”.

No es de sorprender, pues, el éxito que ha tenido la novela, editada por primera vez en 2010, que fluye ligera para deleite, o quizá para morbo del lector, al que mantiene siempre en el filo con sus detalladas descripciones no sólo de los lúgubres ambientes en que se mueven los personajes, sino también de las sensaciones, emociones y pensamientos que se desprenden de ellos, volviendo a su público un compañero más de aventuras.

Sobresale además la amplia gama de personajes (buenos, malos, desalmados, prepotentes, cínicos y grotescos, en el caso de ellos, y snobs, cursis, obsesivas, delicadas, ingenuas y arrojadas, en el caso de ellas) que van perfilando ese mundo tan violento y caótico, como irrisorio, en el que se ha de desarrollar esta trama hilvanada con humor, ironía y mucho ingenio.

Un-Su Kim nació en 1972, en Busan, una ciudad portuaria a cinco horas de Seúl, su carrera ha sido igual de vertiginosa que su escritura, desde 2006 que ganó por unanimidad el Premio de Novela Munhakdongne, el galardón más prestigiado en Corea, tras lo cual fue nominado al Gran Premio de Literatura Policiaca en Francia, en el 2016.

Su novela Los conspiradores ha gozado de buenas críticas y ha acaparado la lista de recomendaciones literarias de prestigiados medios estadounidenses y europeos, donde incluso se le ha considerado como el Henning Mankell coreano; o se le ha comparado con narrativas exitosas como la del japonés Haruki Murakami o la violencia visual del cineasta David Lynch.